Martel vuelve a irrumpir en la escena cultural con dos obras que dialogan entre sí respecto a su documental «Nuestra Tierra» y el libro «Un destino común». En la entrevista realizada por el sitio www.otroscines.com, revela las tensiones de un proceso creativo que la llevó a convivir con el dolor de comunidades quebradas y con la dificultad de acceder a archivos que contienen la historia completa del país y del continente.
“Lo primero fue qué, es distinto cuando te enfrentas con algo que te interesa, pero además ese algo está relacionado con el dolor de una familia que conoces y con la que hablas, que la ves hecha pedazos”, confiesa sobre su realización.
La pelicula tiene su mirada audaz, profunda y exhaustiva sobre el crimen del referente indígena, Javier Chocobar y el consecuente y arduo proceso de Justicia que emprendió la comunidad Chuschagasta.️ La historia policial dice que en octubre de 2009, Chocobar fue asesinado por el funcionario público y emprendedor minero Darío Amín, acompañado por los ex policías Luis Humberto “El Niño” Gómez y José Valdivieso, durante un intento de desalojo en el Norte de Tucumán.

El crimen fue registrado en video y filtrado en internet y en el 2018, casi una década después se realizó el juicio. Martel tras 14 años de trabajo el estreno mundial tuvo lugar en el 82° Festival Internacional de Cine de Venecia (2025) y ya fue premiado en los festivales de Locarno y Londres. La película tiene como protagonista a María Alché («La niña santa»), que viene de trabajar en «Puán».
El desafío de narrar lo innombrable
En una entrevista la cineasta salteña desplegó su habitual lucidez para hablar de cine, política y memoria. Con tono pausado pero firme, Martel cuestionó las formas tradicionales de narrar y defendió la potencia de lo invisible: “Lo que no se muestra también habla”, afirmó, subrayando la importancia del silencio y la sugerencia en su obra.
Martel reconoce que el documental no buscó ser exhaustivo ni didáctico, sino desbloquear emocionalmente un conflicto que los argentinos aún no saben cómo abordar. La decisión fue clara: que la película se entienda primero en Salta, Jujuy y Tucumán, y que luego viaje al resto del mundo. “No quería que la película se alargara, porque si quieres que la vean en una escuela, no les puedes meter una película de tres horas”, explica.
Una apuesta contracultural
El racismo y la memora en la historia son constantes. Aunque se trate de un documental, Martel insiste en que los temas que atraviesan su obra —racismo, desigualdad, desprecio hacia los pueblos originarios— siempre estuvieron presentes en su cine. “Si vives en el Norte, no comprendes lo que ves en la calle con lo que te enseñan en la escuela. Desde chica no entiendes, no te cuadra lo que te enseñan con lo que ves”, recuerda.
En tiempos que recrudecen los discursos negacionistas, «Nuestra Tierra» se erige como una película incómoda, que pone en escena lo que la política oficial suele ocultar: la situación de los pueblos originarios, el maltrato sobre la tierra y las diferencias de clase.
Martel lo asume como un gesto contracultural. “Todo lo que hacemos debería ser para que sea una herramienta de pensar cómo hemos construido la realidad, cuáles son las verdades que pensamos que son inamovibles y que son una construcción bastante de mala calidad”.
Entre el cine y la palabra escrita

El libro «Un destino común» reúne veinte años de charlas y reflexiones. Para Martel, fue un fenómeno inesperado: “Es otra gente que ni siquiera ha visto mis películas… nunca me ha pasado de encontrarme con tanta gente que no ha visto mis películas, pero quiere escucharte. Y de golpe compró el libro”. Allí, la directora se descubre como una pastora de ideas, más allá de la vanidad, con la intención de conversar y compartir la autoría de la época con sus lectores.
Martel sueña con que sus películas se proyecten en clubes, más que en museos, porque allí se generan las conversaciones importantes con los vecinos. Su apuesta es clara: volver a ser humanidad, recuperar la solidaridad y el destino común. “Hay un deseo de todos de volver a ser una humanidad, una especie, algo con un destino un poco mejor que lo que ahora se sugiere”, afirma.
La conversación derivó hacia la relación entre arte y sociedad. Martel sostuvo que el cine no debe ser complaciente, sino un espacio de fricción: “Si una película no incomoda, no está viva”, dice siempre. Sus palabras resonaron como un manifiesto contra la banalización cultural y la industria del entretenimiento.
A su vez la directora reflexiona sobre la memoria histórica y el rol del cine argentino en la construcción de identidad. Recordó que las imágenes pueden ser tanto un refugio como un arma: “El cine es un archivo sensible, y por eso hay que cuidarlo”, concluye.







