Podemos pensarlo juntos y desmenuzar el trasfondo con sensibilidad artística. «Art Masters» llega por primera vez a los argentinos para invitarlos a tener un viaje interior por obras clásicas europeas del Museo del Prado. La experiencia se podrá vivir desde el 4 de septiembre en el Pabellón Frers de La Rural de Buenos Aires.
Se trata de una exposición itinerante con 5 de las obras más importantes del Museo del Prado, que podrán ser visitadas a través de la realidad virtual multiusuario (RVM) – también llamada metaverso- la propuesta busca establecer una nueva conexión entre el público y la obra, exaltando la experiencia entre real y poética.
Es un atajo para quienes no hayan podido ver nunca en vivo en el majestuoso Museo del Prado de Madrid obras que cobrarán vida como: “Las Meninas”, de Diego Velázquez; “El Jardín de Las Delicias” de El Bosco; “El Aquelarre”, de Francisco de Goya; “Venus y Adonis”, de Paolo Veronese y “El Sentido de La Vista”, de Jan Rubens y Brueghel.
En este recorrido sensorial se combina historia, arte y tecnología de vanguardia. A través de entornos tridimensionales y storytelling interactivo, los visitantes podrán explorar desde adentro estas cinco obras maestras.
La experiencia se divide en tres momentos clave: Galería introductoria física, que contextualiza la historia del Museo del Prado y las obras seleccionadas. Experiencia de Realidad Virtual Inmersiva Multiusuario (RVM), donde los visitantes se sumergen en las pinturas desde una perspectiva única y la galería de cierre interactiva.
¿Evolución o ruptura?
La muestra Art Masters propone una experiencia multisensorial y transforma al espectador en protagonista de una narrativa visual y emocional. Es decir que, en lugar de observar pasivamente un lienzo, el visitante se sumerge en él, guiado por un personaje ficticio que lo lleva por pasadizos ocultos del museo, como el taller de restauración o la sala de guardias.
Lo que gana el arte con esta experiencia es una inmersión emocional. Al entrar en las obras, el espectador no solo contempla, sino que vive el arte. Esto puede generar una conexión más profunda con el mensaje simbólico de cada pieza.
Por otro lado, se produce una accesibilidad poética a personas que nunca pisaron el Museo del Prado, pero pueden experimentar sus tesoros desde Buenos Aires o cualquier parte del mundo. Puede decirse que la itinerancia democratiza el acceso al patrimonio cultural.
En este viaje hay una narrativa expandida o el storytelling interactivo, que permite reinterpretaciones que enriquecen la lectura tradicional de las obras, sin alterar su rigor histórico (la curaduría fue supervisada por el propio equipo del Prado).
Lo que pone en juego esta experiencia es la desmaterialización del aura. Walter Benjamin hablaba del “aura” de la obra original. Al virtualizarla, se corre también el riesgo de que el espectador pierda la reverencia por el objeto físico, por su historia y su contexto museístico.
Otro punto a considerar es la espectacularización. El arte puede volverse espectáculo, más cercano al entretenimiento que a la contemplación y en este punto habría que preguntarse sobre el arte: ¿Se convierte el museo en parque temático?
Hay que pensar también lo que sucede con el desplazamiento del silencio. El museo tradicional invita al recogimiento. La experiencia inmersiva, con sus estímulos múltiples, puede diluir este espacio de introspección que nos genera contemplar una obra maestra.
Está claro que esta experiencia virtual transforma la percepción del museo, pero no necesariamente para mal. Podría decirse que «Art Masters» no reemplaza al museo, sino lo complementa. Podría decirse que funciona como un umbral o puerta y también por que no, puede despertar el deseo de ver la obra original, de entender su contexto de su creación recorriendo el Prado con otros ojos. En este sentido, no sería una amenaza, sino una invitación.
La clave está en cómo se articula esta experiencia con la educación estética. Si se presenta como una puerta de entrada, puede renovar el vínculo del público con el arte clásico. Si se convierte en el único acceso, también corre el riesgo de empobrecerlo.
Sería interesante pensar cómo esta tendencia se relaciona con el acceso cultural en contextos de desigualdad. Puede que ahí haya una veta muy rica para seguir pensando.







