spot_img

Duelos y nostalgias salteñas

Este año se cumplirán doscientos cincuenta del nacimiento y doscientos de la muerte de Manuel Belgrano.


Con ese motivo, el diario La Prensa de Buenos Aires decidió iniciar los homenajes en el recientemente dejado atrás 2019 con una serie de artículos conmemorativos a cargo del profesor Roberto Elissalde, serie que comenzó el último 29 de noviembre con la publicación de la nota “Manuel Belgrano: por sí mismo y por los demás”, adelantándose así el diario a ambos aniversarios a llevarse a cabo, uno el 3 de junio y el otro el 20 del mismo mes.

Como el creador de la bandera ocupó en su corta existencia y en forma predominante todo un ciclo de la historia patria, y así lo entendió Bartolomé Mitre al titular en 1857 su monumental “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina”, obra cuyo trabajo investigativo había iniciado en Montevideo en 1843, cabe celebrarlo también en las figuras de otros patriotas que lo secundaron en sus campañas, tuvieron principal desempeño en los combates que libró contra el poder español y fueron partícipes de sus ideales de independencia y organización nacional, bajo la forma de gobierno democrático.

Uno de ellos fue el porteño general Eustoquio Antonio Díaz Vélez (1782-1856) quien según Mitre, resultó ser junto con Juan Ramón Balcarce, una de las “primeras cabezas militares del Ejército del Norte”. Díaz Vélez tuvo heroico desempeño en las batallas de Tucumán y en la de Salta donde dirigiendo parte de la caballería patriota fue herido en el muslo izquierdo, aquel 20 de febrero de 1813 jornada en la que “todo fue grande y sublime” como la calificó el referido autor de la “Historia de Belgrano”.

Luego de este triunfo, el Jefe del Ejército del Norte lo nombró Gobernador Militar de la Intendencia de Salta del Tucumán, cargo que desempeñó por breve tiempo ya que Belgrano dispuso, después del desastre de Ayohuma, que bajase a la capital para informar al gobierno del Director Posadas sobre la situación del ejército y la necesidad de proseguir en el Alto Perú la lucha contra el poder realista, que militarmente lideraba el después trigésimo noveno Virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela, en sustitución del brigadier José Manuel de Goyeneche, del que dependía su pariente directo, el arequipeño general Pío Tristán vencido primero en Tucumán y después en el llamado Campo de Salta, “donde mismo un día el General Belgrano consagró con una gran victoria el uso de la bandera celeste y blanca por insignia principal de la Nación y sus ejércitos”, según escribió Bernardo Frías en sus “Tradiciones Históricas”.

El jujeño general y doctor José Ignacio de Gorriti (1770-1835), signatario en 1816 del Acta de la Independencia y más tarde por tres veces gobernador de Salta, fue otro héroe muy próximo a Manuel Belgrano en la Segunda Expedición Auxiliadora al Alto Perú. De notable actuación en la batalla de Tucumán librada el 24 y 25 de septiembre de 1812, Gorriti facilitó también el triunfo en la de Salta en juicio del historiador Vicente Osvaldo Cutolo vertido en su biografía obrante en el tomo III de su “Nuevo Diccionario Biográfico Argentino”.

Ahora bien, además del vínculo directo tanto de Díaz Vélez como de Gorriti con el Epaminondas Americano, vínculo que en mucho coadyuvó a que se escribieran páginas de gloria en la historia patria; hoy una pieza de género alba en su momento y amarillosa luego de más de dos siglos, conservada por mi padre en el “Sancta Sanctorum” de las reliquias que reunió con su devoción por el pasado, obsequio en 1935 de las damas salteñas Lucila Auxterlitz y Julia Herrera a sugerencia del canónigo doctor Josué Gorriti, un bisnieto del coronel José Francisco Gorriti, más conocido como “Pachi” Gorriti y sobrino bisnieto del general José Ignacio Gorriti –y ello al tener conocimiento de las inminentes publicaciones historiográficas de Carlos Gregorio Romero Sosa: “El general doctor José Ignacio de Gorriti, ensayo biográfico y apéndices documentales” (1936).

Poco después: “El Gral. Dr. Don José Ignacio de Gorriti. Conceptos sobre su liberalismo” (1937)-, da cuenta, asimismo, de la amistosa relación entablada en la ciudad del cerro San Bernardo entre ambos héroes. Se trata de un pañuelo finamente bordado que perteneció a doña Carmen Guerrero y Obarrio, esposa del general Díaz Vélez, y que éste obsequió a manera de recuerdo a doña Feliciana de Zuviría y Escobar Castellanos, a su vez esposa del general Gorriti con el que contrajo nupcias en 1802 y en cuyo hogar y posiblemente también en la finca Los Horcones, a unos diez kilómetros de Rosario de la Frontera, recibió Díaz Vélez generosa acogida.

Sobre la destinataria de aquel presente cabe anotar que fue hermana del doctor Facundo de Zuviría, presidente del Congreso General Constituyente que sancionó la Constitución Nacional en 1853, además de ministro de Justicia, Culto e Instrucción pública del gobierno de Urquiza y presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y madre entre otros hijos, de la primera novelista argentina, Juana Manuela Gorriti. Una noticia biográfica de Feliciana de Zuviría y Escobar Castellanos puede leerse en el libro de Roberto G. Vitry: “Mujeres Salteñas” (Salta, 2000).

No obstante tantos laureles familiares que adornaron su existencia, Feliciana sufrió sinsabores y desarraigos; como que al ser vencidos en La Ciudadela de Tucumán por las huestes de Facundo Quiroga los unitarios, partido del que era dirigente principal Gorriti, debió partir con los suyos al exilio en Bolivia donde finalmente murió el prócer y donde la viuda y sus hijos sufrieron estrechez económica.

Miro entonces ahora ese trozo de género y pienso que los hilos de su tramado, enjugaron lágrimas suscitadas por duelos y nostalgias salteñas en los dolorosos albores de la Patria.

Carlos María Romero Sosa

camaroso2002@yahoo.com.ar

Artículos de la misma sección

últimos articulos

Los más populares

Publicidad

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img