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Dino Saluzzi, un doctorado y un libro sobre su pensamiento

Honoris Causa de la UNSa.

Este es un mes especial para el músico y bandoneonista salteño Dino Saluzzi. Lo podremos ver en nuestra provincia natal recibir el reconocimiento de «Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Salta y días después participará en Buenos Aires de la presentación del libro «Una vida en diez jornadas», del poeta y docente Javier Magistris, quien charló largo sobre el pensamiento filosófico y vivencial del gran músico.

La primera actividad en Salta se concretará en un acto de acceso libre y gratuito con la comunidad universitaria de Salta, en el que recibirá la honorable distinción, el viernes 20 de septiembre a las 11, en el Anfiteatro «L» de la UNSa.

Saluzzi de 89 años, músico nacido en Campo Santo, Departamento de Gral. Güemes, provincia de Salta, es un creador musical que hoy ya pertenece al mundo. Pero para nosotros su valía se basa en el fuerte arraigo con lugar de nacimiento. Su trayectoria, que partió de la esencia de sus orígenes tradicionales se expandió de forma natural hacia la experimentación.

Tocó y grabó folclor desde los patios de tierra durante el carnaval salteños hasta tocar con Los Chalchaleros. Salió de gira y llegó hasta Japón con la orquesta de Enrique Mario Francini. Experimentó y recorrió escenario con su quinteto familiar; concretó más de una docena de grabaciones para el sello alemán ECM Records, se metió en los festivales de jazz y de música de cámara europeos, vivió en Alemania y en Suiza.

Por todo este merito proceso de llevar su esencia artística salteña en su estilo hasta crear una música propia y universal, la UNSa, le otorgará su doctorado como compositor y bandoneonista, que se inició en la música por su padre, el folclorista Cayetano Saluzzi, desde la edad de 7 años.

Hoy Saluzzi se encuentra totalmente integrado a los circuitos de festivales internacionales y es ovacionado en las salas más prestigiosas del mundo. Su música fue incorporada en filmes de Jean-Luc Godard, Pedro Almodóvar y otros. Realizaron documentales sobre él en Norteamérica y Europa. Su trabajo más reciente es Imágenes (2015) para piano solo.

Como muestra del compromiso social que siempre acompañó su trayectoria artística, en el mismo estudio donde actualmente pasa gran parte del día, recibe periódicamente a niños y jóvenes sin recursos económicos para darles talleres o enseñarles música en forma gratuita.

La segunda actividad cultural prevista para este septiembre, el músico salteño participará en Buenos Aires de la presentación del libro «Dino Saluzzi, Una vida en diez jornadas», un libro que resume diez conversaciones de este gran artista salteño con el escritor Javier Magistris.

Se trata de un libro publicado por Mil Campanas que será presentado el 30 de este mes, a las 19, en la Biblioteca Nacional, también con entrada libre y gratuita.

Su contenido no se restringe solo a ese mundo estético que el salteño nacido en Campo Santo en 1935 supo forjar fundiendo las músicas carperas de su tierra de origen con las tradiciones antedichas, sino también a su profuso trasfondo filosófico y vivencial.

Los prólogos del libro están a cargo del especialista Sergio Pujol, quien mete la cuña en el estilo compositivo de Dino, para concluir que, por inasible, resulta un género en sí mismo. Y el de la historiadora del arte Luján Baudino, que le ahorra al músico eso de andar perdiendo tiempo en contar su historia empírica, porque la aborda ella.

En el recorrido de su extensa charla el músico se explaya sobre un universo de referentes. Cristian Vitali describe bien su impronta artística: «Entre “Cuchi” Leguizamón y Bach. Entre De Caro y José Hernández. Entre Dvorak y Tchaikovski. Entre Perdiguero y Gershwin. Y que descarta de ese otro universo que el bandoneonista no contempla como propio. Entre la música atonal, la complaciente, y la electricidad del rock».

En uno de los pasajes de la charla para el libro surge: “¿Cuánto hay en usted ahora del paisaje y los personajes de su infancia?”, indaga Magistris. Saluzzi responde: “Los sueños siempre como una recurrencia. Sueño y escucho. En Europa me aferraba a eso. Una de las cosas más terribles que puede sucederle a una persona es tener que irse de su lugar. Nadie se va porque quiere. En mi desesperación por ver perderse todo en la nada, en el olvido, llegué a pensar que el que no ha experimentado ni sentido todas esas cosas que son la base del sentimiento, y la razón, no es ni será feliz sin eso que somos verdaderamente. Todo está dicho por la gente simple. Sin embargo, nosotros asistimos a la muerte de ese mundo sin que se nos mueva un pelo ¿Qué extraño, no?”.

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