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Una obra teatral, un manifiesto

“Limpieza” o el recambio de directores en la cultura teatral de la ciudad.
Hace unos días asistí al salón Auditórium a una de las últimas funciones de la primera producción teatral del grupo NN. Ponían en escena la obra del dramaturgo tucumano Carlos Alsina ”Limpieza” con la dirección de la actriz “Nena” Córdoba.


Mientras veía el trabajo de los artistas reflexionaba sobre el perezoso cambio de directores que se viene observando en Salta y en la persistencia con que varios de los directores abordaron el tema de la memoria de los años negros del país.

Mientras que en otras provincias del NOA, sin ir más lejos en Jujuy y Tucumán- provincias cuyo crecimiento y producción las ha distanciado notablemente de la actividad teatral de Salta-, hace rato que el vergel de nuevos directores ha generado una nueva dialéctica entre generaciones.

Nena Córdoba se ha formado como actriz en Tucumán, ha sido parte del Elenco Estable de esa provincia para muchas de sus presentaciones teatrales, de retorno a Salta se la ha reconocido como actriz del grupo de Jorge Renoldi. Ha actuado con el GIT en varias obras recordables, como Pueblo negro, El cepillo de dientes, Pájaros de papel, El líquido táctil, Medea, Una tragedia argentina y otras muy olvidables, como su última aparición en Cita a ciegas.

Patricia Monserrat Rodríguez
Patricia Monserrat Rodríguez
La tarea de la dirección genera muchos desafíos, compromisos y tensiones que el grupo NN ha podido enfrentar de manera correcta. Gran parte se debe al oficio construído por esta actriz a lo largo de los años, al compromiso profesional de dos actores destacables de su elenco como lo fueron Carlos Armatta y Enrique Marini y al entusiasmo del resto del equipo.

“Limpieza” plantea en escena un hecho historiografiado en repetidas ocasiones, de las cuales la más visible es la película de Rolando Pardo “La redada” que recrea hechos históricos de la dictadura bussiana en la provincia de Tucumán-en ocasión de una visita presidencial al jardín de la república, Bussi ordenó “la limpieza de la ciudad”, orden que se interpretó como el levante y traslado de todos los marginales del microcentro y periferia urbana tucumana a un recóndito lugar en Catamarca, donde varios de ellos hallaron un mortal destino.

Para los tucumanos que reconocen esta historia como parte de su pasado reciente este hecho constituye una problemática sensible aún en algunos sectores sociales reinvindicatorios. Para otros es más una anécdota instalada por la memoria de unos cuantos y circulante en la película de Pardo.

Este texto de Carlos Alsina forma parte de “Hacia un teatro esencial” publicado por Inteatro Editorial en 2006 y al respecto de esta preocupación social dice Rosa Ávila en el prólogo que respecto a la dramaturgia de Alsina es posible trazar dos líneas de interés, la primera vinculada con la sátira política, de tono farsesco y elementos del grotesco con referencias transparentes a personajes de la vida pública política y otra línea más preocupada en la denuncia de las situaciones repetidas o de las recurrencias de la historia nacional, obras testimoniales del dolor y de los quiebres de la identidad nacional y cuya preocupación insiste en reconstruirnos como nación y superar algunas historias.

De esta vertiente de obras se destacan además de “Limpieza”, “Esperando el lunes”, “El pañuelo”, “Ladran, che” y “El sueño inmóvil”, todas obras estrenadas y reconocidas por la crítica con dignos premios a la dramaturgia.

La puesta de NN respeta íntegramente la propuesta de Carlos Alsina, tanto en la acción dramática, textos y personajes.A nivel producción, la directora ha contado con actores de reemplazo para algunos personajes – en la puesta que ví María Pía Carballo (Un día en la vida de los únicos habitantes del universo) hacía el personaje de La muda, rol que comparte con Romina Romero y para el personaje de Manix sucede lo mismo entre Carlos Armatta y Raúl Senderowicz.

El abordaje escénico tiene la identidad que define Alsina, algunos momentos se destacan del resto por la actuación sincera de Carlos Armatta a quien se lo ve muy cómodo y comprometido en el papel y como líder de los lumpenes tucumanos. La tensión evidente de los cuerpos y los rasgos expresionistas de la actuación en general constituyen la particularidad de esta obra. La marginalidad y la exclusión emergen del escenario y se plantan en un estilo de actuación monótono y coralmente ejercitado.

La obra pierde la oportunidad de generar nuevos efectos de sentido con este texto tan anclado en lo histórico y en la situación de aislamiento en que devienen los personajes. La puesta por su parte se halla limitada técnicamente para generar otros climas o situaciones más allá de las ideas de la dramaturgia, actoralmente el grupo es una masa donde las voces inteligentes de Pacheco y Manix manifiestan fuertes connotaciones ideológicas y dan cuenta de cómo los liderazgos naturales son masacrados por las miserias y traiciones de “tu mismo palo” en virtud del sálvese quien pueda y a cualquier costo.

El programa de mano deja muchas pistas, demasiadas palabras para anclar la lectura de la obra en un solo sentido- el de la denuncia testimonial, que es muy válido y da cuenta del discurso ideologizante que identificará al grupo en sus obras. El espectador puede construir solo un marco más enriquecedor para ver la obra, sin tanto manifiesto. La obra es un manifiesto.

Entre las escenas potentes de este trabajo hay que señalar la sinceridad y organicidad de Carlos Armatta en el rol de Manix y la buena comunicación que establece con Marini-Pacheco en la obra, estos dos veteranos conocedores del escenario le aportan al trabajo el gancho necesario para continuar mirándolos.

Además sus cuerpos son una declaración en sí mismos, revelan que han pasado esos años, esa historia nacional y que esta obra les permite testimoniarla y a la vez liberarse. No sucede lo mismo con el resto del grupo que se maneja con imágenes y representaciones de aquella historia y genera estereotipos del marginal perseguido, abandonado o dominado, por ello se justifica el uso excesivo de gritos, cierta carga melodramática que excede lo dramatúrgico acercándose peligrosamente a lo grotesco como el único registro posible y sobre todo de una tensión inverosímil en la construcción de los alienados.

Bienvenida a la nueva directora y sobre todo a un nuevo grupo con intereses sociales. El recambio y el aporte de nuevos discursos, de otras poéticas son señales de crecimiento y de frescas necesidades que siempre generan otra palabra que irrumpe en el horizonte cultural local.

Nena Córdoba se ha formado con continuidad arriba del escenario y ahora busca lo suyo en la dirección, enriqueciendo así el campo teatral y engrosando un poco el campo de mujeres directoras-bastante exiguo en Salta. [[No sucede lo mismo en Jujuy o Tucumán donde la galería de mujeres directoras se ha profesionalizado y aportan no s´lo desde lo que se llama obras de género sino a todo el panorama dramatúrgico teatral. Betriz Fernández Salinas, Silvina Montecinos, Flavia Molina, Marcela Cura, María del Carmen Echenique en Jujuy y Patricia García, Verónica Pérez Luna,Soledad González, Verónica …. en Tucumán son ya nombres de reconocida trayectoria en el NOA]].

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