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Una obra lejos del espectador

Este comentario se detiene en la puesta en escena de Acero y cristal, coproducción de los grupos jujeños Senda y Nueva Escena. La noche del jueves 25 de marzo se presentaron nuevamente en Salta y lo hicieron para aportar lo suyo en el marco de festejos de los siete años del Salón Auditórium.


La función dio comienzo con varios minutos de atraso; previamente se desarrollaron unas escenas de “Un mosquito muy maldito” de la Brigada Antidengue del Grupo Teatral de la Salud ante el escaso público de jueves.

La producción dirigida por el conocido director jujeño Rubén Iriarte es un unipersonal de temática femenina con protagonista femenina; incluye el relato de una historia absurda, onírica, en el medio de la obra, la cual invierte los roles con la idea de hacerle sentir al género masculino las urgencias, temores y desvelos por los que las mujeres circulan cotidianamente (como el hecho de tener sexo urgente, sin protección, quedarse embarazada, parir, transitar la maternidad) Acero y cristal también plantea el descubrimiento de la naturaleza frágil de las mujeres.

Nos invita a ver los instantes en que una mujer se vuelve vulnerable y se quiebra, como cuando se piensa a sí misma de niña o atraviesa un aborto.

El texto es una creación colectiva y como tal aborda muchas situaciones sin profundizar en ninguna, en el tránsito narrativo va perdiendo la escasa tensión lograda y por la que respira todo monólogo. Por ello el clima actoral monótono, que inverosimiliza la actuación con pretensiones de comicidad. A pesar de los desplazamientos y de las marcaciones corporales que funcionan como recursos, éstos se agotan por la artificialidad del registro actoral.

La ilustración y la enfatización- sobre todo del único recurso humorístico que funcionó (las palabrotas) y que funciona siempre digamoslo- en el desempeño actoral alejan al espectador más que acercarlo a esta propuesta de ánimo intimista.

Las mesetas narrativas van agotando el trabajo, la precariedad de las imágenes que se construyen impiden hallarse en esos textos, que apelan a buenos recursos como el teatro dentro del teatro pero que aquí no funcionan. Mientras tanto la música y el planteo lumínico avisan falsamente los remates.

El grupo Nueva Escena ya ha presentado varios trabajos en nuestra ciudad, el último de ellos “Conejo” de Juan Carlos Carta en Sala Mecano. Un buen trabajo sobre un buen texto que apelaba al descubrimiento de los bajos instintos y perversiones que atraviesan a un pedófilo.

También de buena factura de Nueva Escena era “Cuatro caballetes” con dirección del tucumano Oli Alonso, visto en la Fundación Salta. Este último trabajo continúa la estética y la coherencia en la selección de textos de su actual director, Chuña Iriarte, quien plantea la búsqueda de comprensión de los fenómenos postmodernos que nos acosan.

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