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Un regalo de lujo de 30 años

Con un programa de una grandísima dificultad sonora y expresiva en tres obras complejas y atractivas la orquesta de Stuttgart nos ofreció un concierto de lujo con la aprobación del público que ovacionó de pie.


Deslumbrante violinista

y la perfección orquestal

  • Concierto del Mozarteum Argentino filial Salta, temporada 2011. Orquesta Sinfónica Christophorus de Stuttgart. Dirección: Patrick Strub. Martes 23 de agosto. Teatro Provincial de Salta. El programa: Obertura de la ópera “Oberon” de Carl Maria Von Webber; Concierto para violín y orquesta en Re mayor, Op. 77 de Johannes Brahms; y Sinfonía nº 5 en Do menor, Op 67 de Ludwig Van Beethoven.

Estoy con los ojos cerrados y evoco la sonoridad que logró la orquesta, que nos sorprendió desde el comienzo en la obertura de la opera Oberón. El clima que lograron las trompas, las oleadas sonoras que logra el director Patrick Strub nos anticipaban que estábamos asistiendo a un concierto memorable. Para destacar de tantos momentos sobresalientes, las marcaciones del director que prácticamente moldea el sonido en el espacio con sus manos, mientras la orquesta traduce de manera impecable sus más mínimas exigencias desde los pianísimos imperceptibles hasta fortes plenos y contundentes.

El derroche de carga gestual acompañó a la música a la perfección y logró un clima mágico de un romanticismo al borde de lo sublime con una batuta que sobrevoló una afinadísima interpretación.

Luego continuó la noche con el plato fuerte: el concierto para violín y orquesta de Brahms. Primero la exposición orquestal y a renglón seguido la aparición triunfal de la violinista con una cuasi cadenza en re menor. Allí el violín introduce un tema profundamente lírico traducido de manera amplia y fraseada. En el Adagio, el tema es pastoral, con maderas y oboes, mientras la violinista realizó una ornamentación del tema principal, que después dio paso a una tormentosa sección central que retorna a la calma.

En el final, a toda orquesta, las complejidades que resolvió la solista fueron inimaginables en particular las dobles cuerdas en un aire de estilo gitano. Sobresalieron los ritmos marcados que fueron transmitidos con una trascendencia sentimental en música pura para el deleite de los oyentes.

Unas palabras para la técnica interpretativa de Hagen que es simplemente perfecta, no hay que añadirle ningún otro calificativo, aunque en algunas secciones le pediríamos un fraseo más cálido. Pero lo notable fue que la violinista no fue en absoluto la única protagonista del concierto, y acompañándola tuvimos a un director absolutamente comprometido con la obra y en perfecta sintonía con la solista.

Que podemos agregar sobre el gigante de Bonn que no se haya dicho aún, una sinfonía revolucionaria que aún hoy después de tantas escuchas nos sigue emocionando por su mensaje universal. La batuta de Strub fue clara, vigorosa y musical, la Orquesta brilló especialmente por su gran volumen sonoro, su pulcra afinación, su igualdad en arcos y ataques y su sonido empastado y bello, de entradas perfectas.

La versión que realizaron de la Sinfonía Nº 5 tuvo toda la tensión que requiere Beethoven, algo rápida en el primer movimiento pero con una contundencia expresiva que generó una imagen unitaria de la obra. La versión no solo fue efectista sino refinada.

Para un largo final la primera de las danzas eslavas de Dvorack y una versión del preludio de Tristán e Isolda en una traducción brillante, con una sección de metales en absoluto estado de gracia. Dos bises más como regalo de su gloriosa despedida.

La orquesta alemana dio toda una lección de sonoridad compacta al mismo tiempo que un destacado sentido del color individual y vitalidad arrebatadora. Un regalo de lujo que puede permitirse el Mozarteum en 30 años de vida. ¡Bravo!

  • Magister Pablor Alejandro Sulic

    Especial para Calchaquimix

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