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Un mensaje para los salteños…

El jueves 7 de agosto de 2008, tuvo lugar en Salta el estreno nacional del nuevo filme de Lucrecia Martel, el número tres: La mujer sin cabeza, con María Onetto (como «Vero»), Claudia Cantero, Inés Efron, Daniel Genoud, Guillermo Arengo, César Bordón y María Vaner.


En esta realización, presentada con algunos altibajos de la crítica en el Festival de Cannes, donde nuestra comprovinciana ya es figura conocida, cuenta una historia muy simple, que se desarrolla, como todos los filmes anteriores de Lucrecia, en la ciudad de Salta (La ciénaga y La niña santa).

Cuenta de una mujer, una odontóloga que trabaja en un hospital salteño, que transitando por un camino cerca de la ciudad, se distrae un segundo ante un llamado de su celular y atropella algo en el camino. Como no desciende a ver de qué se trata, decubre un perro muerto en el camino y deduce que éso fue el impacto… Y nada más.

Pero después empieza a meditar que a lo mejor «Maté a alguien en el camino…» El resto del filme, la protagonista se la pasa pensando si realmente fue así, o no. Pero la historia no aparece del todo clara. Ella simula que está sana, pero sus dudas sobre el hecho tiene y deambula a diestra y siniestro pensando qué fue… Para ello aparecerán en el relato los clásicos personajes de la Salta de ahora, de siempre. Muchas mucamas morochas, una apuntando al lesbianismo.
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Algunos artesanos desordenados y quejosos que los ayudantes no le aparecen a trabajar (Ese «Changuila» falluto); la clásica abuela (la Lala) identificando gente de un video de un casamiento y descubriendo que hasta que alguien que ya murió, todavía vive en el filme. Las típicas frases de salteños: «Vas a comer acá» o «esta empacada» que dicen mujeres policías. La relación de Vero, la protagonista con un primo y amante circunstancial. La fría relación de ella y su marido médico con el que comparte su casa y que quiere tenerla calmada pues sus amigos médicos del hospital le señalan que «no apareció ningún cadáver en el camino».

Pero resulta que después sí aparece una persona muerta, que «quizás se ahogó en un canal vecino» ,lo que no se aclara porque ya pasó una semana. Y ella que vuelve a la normalidad, a su cabello negro azabache (todo el filme fue rubia), a su vida social intrascendente y a toda la opería de esta Salta nuestra de cada día, que se muestra tan auténtica como siempre, como nunca, pues la señorita Martel la lleva en su corazón.

Las imágenes magníficas, una fotografía soberbia, digna de todo elogio. Un filme bien hecho profesionalmente, casi perfecto, con todo el oficio de todas las veces.

Comentarios de tres amigos cineastas o aficionados o profesionales. Languasco; «Silencio al respecto, puede ser un comentario no?». Patricia Pattocco: que salió llorando. Siempre me emocionan los filmes de Martel. Un bancario: «Este cine tan salteño a mi me llega profundo… No sé si eso se entiende en el mundo…».

Para mí, buena, por reconocimiento a la directora Lucrecia Martel, aunque se trata de una realización algo densa, morosa por ratos e inconclusa o no perfilada del todo. Queda un final abierto. Nada más que decir…

Guillermo Wilde (Columnista de Calchaquimix)

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