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Un Cerati moderno y para pocos

¡No puedo creer que volví a Salta tras 17 años…! recalcó Gustavo Cerati varias veces en el paréntesis de un par de sus canciones. Lo decía con cara de asombro mientras miraba con dudas a la platea del Micro Delmi compuesto por unas 800 personas. Pocos fans en la capital de Salta el jueves, para un gran artista argentino. Para el guitarrista que se animó a dejar un Soda Stereo en la cima de su popularidad latinoamericana, es un músico notable, creativo, pero también abandónico de su publico del interior, sobre todo del Norte.


La última vez que vimos a Gustavo Cerati por estas tierras vino con Soda Stereo hasta que se separó y no volvió nunca más. Sabemos que quiso despojarse de todo, bajar los decibeles y creo que se le fue la mano y este es el resultado. Al arribar a su etapa solista, tras cuatro discos experimentales, no sumó ni consolidó su publico en forma homogénea.

Facilmente se podría suponer que los resultados de la gira que abarcó hasta este extremo del país, le habría deparado alguna sorpresa parecida en la escasa convocatoria y dejado alguna reflexión sobre cómo estuvo orientando su carrera.

Desde su etapa solista sacó cuatro discos experimentales y solo con «Ahí vamos» y yo le agregaría, por fin… tuvo la magnánima gentileza de venir a Salta. Aunque varias amagó, pero no se conretó por los números que no ceraban y que finalmente, no debe haber cerrado nomás.

jpg_Cerati.jpgSu actitud, muy porteña, muy Cerati (leáse muy fashion, muy moderno, muy nasal, muy volado) le juegó en contra. Por suerte, a último momento para no hacer caer de nuevo la fecha. la producción tuvo la buena idea de cambiar el gran Delmi para diez mil personas por otro cuya capacidad está por la mil quinientas personas, es decir que tuvo cubierto hasta la mitad.

Con un electro-rock, fino, prolijo y una puesta de sonido e iluminación contundente conformó a los más jóvenes y sorprendió técnicamente a los más escépticos (entre los cuales me incluyo).

Basta con saber que tanto el Delmi como el micro Delmi son dos galpones de una pésima acustica, no apta para cualquier sonido y todo un desafío para grandes equipos y sonidistas. En este punto creo que Cerati salió airoso por el nivel de la puesta escénica.

La música de Cerati se debate entre la experimentación electrónica y el rock, pero aun su apellido es cuestionado en las discusiones sobre rock nacional, sobre todo cuando escuchamos sus cortes de su último CD: “Al fin sucede”, “La excepción”, “Uno entre mil», “Adiós”, “Médium”, “Bomba de tiempo”, “Crimen”, (dedicado a la modelo Deborah del Corral, su ex novia) “Jugo de luna” y “Dios nos libre”.

Vestido casi íntegramente de negro, con corbata roja, cantó sus propios temas y algunos de la época de Soda Stereo, y también transpiró la gota gorta como pocos, delante de un grupo de columnas de luces amarillas dispuestas como fondo de escenario y que cada vez que se prendían, tuvo a los músicos y a él como carne en un parrilla, por la luz y el calor que irradiaba.

Cerati pasó finalmente por Salta y puedo decir que estuvo a pleno musicalmente, con sus rulos casi afro, pero sin sus anteojos para el sol, tocando y cantándose todo en un show de poco más de dos horas con grandes como Richard Coleman (guitarra), ( juntos escribieron “Ecos”, “Azulado”, “Doble Vida”) Fernando Samalea (batería), Fernando Nalé (bajo) y Leandro Fresco, (teclados y coros). En este grupo está a las tres cuartas partes de la formación original de su ex banda «Fricción», (Cerati, Coleman, Samalea).

Aunque todos estos años estuvo muy lejos del público del interior. el ex Soda, a los 46 años, conserva la pasión de un adolescente cuando se dirigió al público y en las letras de su música. En escena se mostró extrovertido y enérgico, y algo superficial, pero abandonar tanto tiempo, fue un «crímen» artistico, del cual estuvo prófugo 17 años. Hasta que finalmente dijo «Ahí vamos…» y vino dispuesto a empezar a pagar su pena.

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