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Un adiós al tanguero Víctor Acho

Especial (Diario Clarín de Buenos Aires) En la tierra de la zamba, el tango está de duelo: en Córdoba falleció Víctor Orlando Acho, un salteño de 41 años que al salir de la secundaria aprendió por gusto a bailar el tango, sin imaginar que con los años se iba a convertir en un respetado profesor de este baile ciudadano, que desde Salta lo llevaría a recorrer Sudamérica y dar clases en Italia y España.


Ángel, uno de sus hermanos, recuerda que no bien terminó la secundaria, Víctor se puso a buscar trabajo y no conseguía. Pero le llamó la atención cómo se bailaba el tango y se inscribió para tomar clases en el Club Amigos del Tango, que funcionaba en los salones de la Sociedad Italiana, en Salta.

De a poco, empujado por el interés por el baile, se transformó en un estudioso autodidacta. Llegó a tener una biblioteca con las historias, músicos, cantantes y orquestas famosas, siendo un apasionado de D’Arienzo. Además coleccionó discos de pasta, LP, casettes y CD sin que se le escape ni un solo tango o milonga.

En Salta creó el grupo «Mala Junta» y daba clases en la tanguería Salón Manolo. También desarrolló su tarea en el Centro Argentino de Socorros Mutuos y en clases particulares. Era de tener muchos alumnos dado que su gusto por el tango lo hacía un profesor muy apasionado.

Así fue que un día partió de Salta a Perú, y terminó recorriendo Sudamérica, creando grupos de tango a los que solía visitar cada tanto para dar clases de apoyo.

Vivió casi en silencio, yendo de un lado a otro, hasta que llegó el primer viaje a Italia para dar clases, y se instaló en la ciudad de Messina. Desde allí viajaba a Madrid para orientar a los estudiantes españoles.

Renovaba su visa cada tres meses y a mitad de año había vuelto a la Argentina, mientras gestionaba la ciudadanía italiana.

En julio pasado, decidió quedarse en Buenos Aires dando clases particulares. Ya le dolía la vesícula (decía él a sus hermanos) y un estudio determinó que un cáncer de páncreas estaba avanzado.

Lo llevaron a Córdoba, donde finalmente murió, dejando un hondo dolor en alumnos y discípulos que se enteraron de la noticia en distintos lugares del país y el mundo.

Sus restos fueron cremados en Salta y sus cenizas serán llevadas a Italia, para que su hermano Gustavo Acho, sacerdote de la Orden Franciscana, lo tenga a su lado.

No bien el sacerdote (que está en Israel, en la Casa del Natalicio), regrese a Italia, la urna cineraria le será enviada. Mientras tanto, los tangueros que conocieron a Víctor Orlando Acho siguen llorando su muerte.

Jesús Rodríguez

Corresponsal de Diario Clarín

Publicado en Clarín el 29 de octubre de 2012

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