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Tributo a lo inasible, clones del arte

El principio fundamental del arte es la creatividad. Entonces: ¿La imitación es un arte?. ¿Los imitadores son artistas? Hoy abundan los grupos que practican la mimesis, el mimetismo, el plagio, «el cover». Existen dos posiciones bien diferentes cuanto alguien interpreta un tema “ajeno”. Una es la de tratar de imitar a la perfección el original.
La otra otorgarle un valor agregado o un toque distinto. Imitar al grupo original en todos los detalles es simplemente demostrar una habilidad personal para copiar y no más que eso. El éxito de los clones de Queen en Salta.


Queen1.jpgEl disco de Rita Lee con versiones de los Beatles es un buen ejemplo de los covers con valor agregado, con un toque distinto, aunque se interprete temas del cuatro fenómenos de Liverpool. Porque meter mano en la música de otros con el solo hecho de imitar o tributar hoy es cosa de todos los días. Pero dudo mucho que sea un arte. Lo que si estoy seguro que es un excelente negocio.

Pasen y vean. El «Tributo Bar» se abrió en Salta. Es el negocio del momento abierto las 24 Hs. Apelar a la memoria a los recuerdos del ayer, imitando a los dioses de la música de todos los tiempos es una tarea que algunos abrazan con entusiasmo y que, últimamente, está dando mejores resultados comerciales que artísticos.

Sus cultores se defienden diciendo: «Lo nuestro es un homenaje, no una imitación…». El gran negocio del «Tributo Bar» llegó a Salta con el arribo del grupo «One» que rindió tributo al histórico Queen, mostrando toda su calidad imitadora a un público que colmó la sala con ansia de meterse en un túnel del tiempo.Queen2.jpg

Con solo con la compra de un ticket todos accedieron a una reminiscencia manifiesta del inconsciente activado por un recuerdo que quedará separado para siempre de su fuente de orígen. Un camino que apela rápidamente al incentivo de la memoria y actúa como un callejón sin salida. Simple holografía que trae al presente imágen, escenas o sonido tridimencional para ser revividas actuando como un engaño a nuestro inconciente.

De un pub a un gran estadio

Los tributos vienen ocurriendo desde hace tiempo en locales de la Balcarce. Solo que se hacían en pequeña escala y a manera de entretenimiento y fogueo instrumental. En esas prácticas, los jóvenes ensayan tocar temas de sus artistas favoritos para crecer artisticamente. Por lo menos ese era el fin original. Todo bien, hasta que el fenómeno fue creciendo y conviertiendose en un medio de vida por la voracidad del mercado que los impulsó a ingresar al negocio de la memoria. Así, las pretenciones artisticas fueron diluyéndose hacia la nada.

El tributo que antes se realizaba como un juego para pocos, pasó de repente a ser una profesión de éxito en público. Así de un pub pasó a un gran estadio o teatro convirtiendose en un mega-recital. De alguna forma el artista elegido fue calcado a imagen con cierta calidad en su semejanza interpretativa, para terminar en un engañoso juego vacío de toda creatividad.

Este es el juego de la banda «One» imitadora del grupo Queen (1973 -1991) que actuó en Salta. Los nostálgicos colmaron la sala, y tanto el grupo que realizó una excelente copia del original, como el productor que los trajo, facturaron sus jugosas ganancias. ¿Y el hecho artistico donde quedó?

Homenajes por aquí, imitadores por allá. Los grupos «Tributo» ocupan cada vez más lugar en las carteleras del país. Todos los fines de semana se suma un nuevo conjunto. En vista a los buenos resultados logrados con Queen, la puerta quedó abierta de par en par, para la visita otras bandas cuya única cualidad artística es imitar a la perfección a una leyenda musical.

Pasen y vean…

Un productor ya local se frota las manos para traer a Salta a los clones de Los Beatles (The Beats), Pink Floyd, Bee Gees, etc. La lista es mucho más larga. En Buenos Aires causan sensación los «Ajiputaparió», grupo que rinde tributo a Red Hot Chili Peppers. O los que «homenajean» a los Gun’s N Roses, a Bob Marley, a Joaquin Sabina, a Metallica, a Joey Ramone, a Ricardo Arjona, a Depeche Mode, The Cure, Kiss, etc, etc, etc. Cualquier semejanza con la realidad es purísima coincidencia.

Claro que las causas del boom de las bandas tributo a esta altura son bastante obvias: la crisis económica, el empobrecimiento musical y creativo de las últimas generaciones y otros trágicos y, a veces, sospechosos etcéteras.

Queen.jpgLa música popular parece haber descubierto una veta de un gran negocio: el tributo eterno, el homenaje o el clon, todo es imitación, holografía de una realidad extinguida. A todo esto. Imagino que por lo menos debe pagarse algún derecho a los autores para replicar su obra. Se supone que sí, ya que muchos grupos desde hace años se nutren de esta variante. No hay que olvidar a los Danger Four, pioneros en estas lides momoriosas.

La propagación de este fenómeno explotó en Buenos Aires, tanto que ahora sale de gira por el interior. Prácticamente no hay fin de semana que no toque una banda tributo en Capital Federal. Muchos hoy ya lo hacen en grande estadios. ¿Qué dirá Grimbank, que siempre trajo a los originales al país?. Quizás ya entró también en la variante como tantos otros productores del país.

Está claro que ya no se trata de una parcela residual de la música. Muchos nos quieren hacer pensar que es un género con sus representantes, códigos y público. Otro repaso: The Police tiene a Synchronicity, Bee Gees a Eternity, U2 a Mestizo y Electric Co, Los Beatles a The Beats y a Las Bestias, Queen a Dios Salve a la Reina y The Cure a Curseosa. Y la lista continúa.

¿Todo vale?.

El límite de este recurso es impreciso. Están los que le dicen homenaje, Tributo, influencia. Lo cierto es que todo concluye en la imitación lisa y llana. Un engaño a la inconciencia de la memoria, al que tanto recurrió a Sigmund Freud para curar a sus pacientes.

En esa frontera borrosa, la pregunta es si realmente le da medallas a un grupo vivir recordando a otro, como principio y fin de su actividad. Y pensar que por mucho menos a Los Ratones Paranoicos los denostaban por sus toques Rolling Stones. Así comenzaron, pero hoy tienen nombre propio y canciones propias.

Sin embargo, La embestida imitadora está respaldada en un fenómeno internacional. Todos los años se hacen concursos en Gran Bretaña con bandas que imitan a Los Beatles o Pink Floyd, por citar sólo dos ejemplos. Todo creo que comenzó hace un par de años cuando se presentó en el Luna Robin Gibb, uno de los Bee Gees, recordando al conjunto. Precio de las entradas: $50 a $300. Gran begocio Gran. También fue Queen quine tuvo que sumar nuevo cantante para reemplazar a Mercury. The Doors no se quedó atrás. Salió de gira con Ian Astbury, INXS eligió un casting televisado y Creedence Revisited vino varias veces al país. ¿Y todos contentos?.

Actualmente el fenómeno Joaquín Sabina lleva un extenso y cargado prontuario de imitadores en Buenos Aires a partir de que miles de personas se quedaron fuera de sus recitales. Dicen que está por volver para una gira por todo el país. ¿Vendrá él o su imitador? Confusión. Terrible duda.

Gracias a la cantidad de bandas tributo a héroes norteamericanos, ahora los ojos se posaron en la vieja Europa para homenajear al más poeta de los putañeros y viceversa. Negocio y engaño a la realidad con clones jugando con la memoria de la gente. No es otra cosa. El hecho artistico puede esperar.

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