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Trabajar para aprender teatro

Sobre «Sueño de una noche de verano». A comienzos de la actividad teatral salteña 2008, se anunció la realización de un Taller de Teatro que venía a agregarse a la variada oferta de cursos de teatro que tiene la ciudad. Éste se desarrollaría en el espacio de la Fundación Salta. En el abanico de talleres para jóvenes y adultos se dictan en Salta los de la Secretaría de Cultura a cargo de Lucrecia Ramos y Jorge Renoldi, los de Claudia Mendía en su espacio de calle Alvear, los de Carlos Delgado en la Fundación Romero, el del grupo de jubilados Plenitud, en el legado Güemes el de José Antonio Lázzari para adultos, y el de Sabrina Sansone en el privilegiado espacio cultural – Teatrino- inaugurado este año.


La docente a cargo sería la narradora y actriz Georgina Parpagnoli, que desde 2005 se incorporó poco a poco a la actividad teatral y cultural de Salta proveniente de diferentes experiencias escénicas en Buenos Aires y Tucumán. Esta última ciudad guarda aún agradables recuerdos de su padre, teatrista fundacional de actores, elencos y obras del jardín de la república y de gran y reconocida trayectoria.

Sobre la hija podemos decir que recientemente ha resultado ganadora de una beca de investigación del Fondo Nacional de las Artes, que ha liderado junto al actor Rodolfo Cejas y a la actriz Paula Ferrer el ciclo de recuperación del radioteatro denominado Teatro al oído, que ha llevado a escena al menos tres espectáculos de narración oral- un género que actualmente se ha hibridado de teatralidad para la recuperación del valor de la palabra contada-, ha incursionado en la docencia con varios cursos de formación de narradores y ha colaborado con otras actividades culturales de la provincia amén de sus actividades fuera de la tierra gaucha. Para quienes tengan este interés pueden entrar al blog del grupo en el que además de fotos y gacetillas se hallan más datos del grupo y de Parpagnoli.
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Siguiendo con el devenir del taller he asistido la noche del 30 de julio a una de las funciones anunciadas como una primera parte de las puestas en escena previstas por el grupo que ha adoptado el localista nombre de Huacalera Teatro. Huacalera está compuesto por jóvenes y adultos y se ha incorporado para esta ópera prima el reconocido tucumano afincado en la localidad salteña de El Galpón, Luis Caram.

Caram viene realizando y encabezando desde hace varios años una puesta en escena del espectáculo tradicional- religioso La Pasión. Este trabajo de disfrute familiar y popular que se monta en escenarios naturales en la localidad galponense incorpora numeroso elenco reclutado del mismo pueblo, el que durante varias jornadas lleva a cabo la celebración y recordación pascual, remedando a otras manifestaciones populares que se llevan a cabo en el norte argentino, entre ellas recuerdo claramente la de Tucumán de la que Caram fue uno de sus iniciadores y que todavía se lleva a cabo anualmente en el Parque 9 de Julio con dirección de Graciela Weiss y gran participación del Ente Cultural Tucumán.

Incluso se ha multiplicado la propuesta con espectáculos como La pasión en Tafí o el de San Pedro de Colalao. Esta clase de espectáculos populares que circulan por la historia de los pueblos, sus héroes o por sus creencias no han tenido en Salta como sí en otros lugares terreno fértil para las producciones teatrales, ni para los teatristas que desechan esas propuestas por su supuesto “bajo calibre artístico” ni para los organismos de cultura que casi no los auspician ni organizan y se pierde una gran oportunidad de formar público en espectáculos populares y para atraer turistas a esta tierra tan creativa de mitos y creencias. El folclore no ha perdido tanto tiempo como el teatro en este tema y ha recuperado el tema a través de breves y sencillos cuadros alegóricos.

Es así como dos viejos lobos del teatro se ponen a la cabeza de este grupo de talleristas que se inician en el código teatral y deciden poner en escena como su bautismo de fuego una obra de Shakespeare: “Sueño de una noche de verano”, una de sus escasas comedias, escrita en los primeros años de vida del dramaturgo y que constituye un verdadero desafío de aprendizaje del teatro clásico isabelino. La pieza ha sido remozada, adaptada y versionada en un sinnúmero de experiencias y por renombrados directores, con singularidad de situaciones, estéticas y éxitos.

El caso de esta elección tiene valor indicial de este grupo: eligen iniciarse con humildad, con un buen texto de autor, sin ampulosas ideas ni rebuscadas estéticas. Un trabajo sin mayores pretensiones pero dignamente llevado. Desde lo vocacional pero con aspiraciones.

El elenco se compuso pertinentemente, Caram sostiene el plantel con su oficio y gracia y se incorpora un narrador que inicia el relato y lo cierra. La puesta es muy sencilla en cuanto diseño de luces y música. Se ha puesto el acento en la ambientación plástica- escenográfica, diseñada de manera austera pero efectiva con elementos que inmediatamente trasladan al espectador al mundo onírico que recrea el mundo inventado por Shakespeare.
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Apoyados en la grandiosidad del texto y en una dinámica a veces un poco ralentada, el grupo de actores equilibra sus esfuerzos para desarrollar dos historias: la de las dos parejas de enamorados creados por el bardo inglés, y la de Oberón y Titania, dioses del bosque, quienes junto a sus duendecillos y hadas se ocupan de alterar a su gusto la vida y el amor de los terrenales para divertirse a su costa, hasta hacerles recuperar el equilibrio trastocado. En el desarrollo de la fábula se incorpora también el episodio del asno y Titania, cuyo origen se remonta a la literatura latina de Apuleyo.

El elenco se anima a hacer a Shakespeare y circula cómodo por registros de actuación sencillamente naturalistas, a veces declamados casi escolarmente, pero en busca de verdad. Reconocen el desafío y abordan con humildad y avidez de aprender la tarea actoral. Y eso se disfruta ya que se apoyan, se ayudan en la sincronía de apariciones y acciones, sostienen una dinámica sin pausas. Se nota una cierta inhibición y temor en varios momentos pero ello da cuenta del respeto y de ciertas pautas de trabajo que se han aprendido. No hay interés por cerrar el código al espectador y esto se destaca.

Los pequeños momentos de humor y poesía quedan sutilmente aprovechados y hasta el más novato espectador puede reconocerlos y disfrutarlos sin desbordes histriónicos.

El vestuario es un acierto más de este trabajo, da cuenta de lo que necesita y no se esfuerza en marcaciones retóricas, generando una buena sintonía con el diseño escenográfico. La banda sonora tiene quizás algún fallo caprichoso en la melodía final que interpretan Oberón y su enamorada pues no condice con el resto de las decisiones de dirección tan sencillas y adecuadas a la propuesta artística.

El grupo contó con gran cantidad de público en la sala y esto habla también de un grupo productivo que genera su propio público. Ha elegido para sus primeras presentaciones el espacio tan adecuado y cálido de la Fundación Salta, testigo de tantos momentos del teatro independiente.

En definitiva, un trabajo sincero, iniciático e identitario, simple pero no improvisado ni superficial. Huacalera Teatro se encamina tranquilo por el rumbo del teatro clásico y desde allí aporta al quehacer teatral de la ciudad.

Patricia Monserrat Rodríguez, critica de Teatro.

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