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Todo menos una historia de amor

Critica: “La Madonnita”, de Mauricio Kartun, protagonizada por Luis Caram (Hertz) , Noelia Gana / Valentina Lecuona (Filomena) y Juan Cruz Carrega (Basilio). La obra se repondrá en el Centro Cultura América de Mitre 23, el viernes 20, el sábado 21, el viernes 27 y sábado 28, en Sala Wayar Tedin a horas 22. Solo apta para mayores.


Pre-estreno en la Sala «Wayar Tedín» del Centro Cultural América en una coproducción de La Sardinera del Norte y El Retiro– Compañía Tirifilos “La Madonnita” texto emblemático del porteño Mauricio Kartún con la dirección de la actriz Cecilia Sutti.

Afortunadamente en la red circulan innumerables sitios con data abundante sobre Mauricio Kartún. Basta con decir que gran parte de los dramaturgos actuales han pasado por sus manos y abrevaron de su oficio de escritor, que es uno de los hacedores indiscutidos del nuevo teatro, que es reconocido tanto por el teatro oficial- sus obras “La madonnita”, “El niño argentino”, “Ala de criados” han sido éxitos impresionantes en el Teatro San Martín; el teatro independiente lo reclama para sus arcas e internacionalmente es una figura de peso genuino.

Sutti escribe en el programa de mano “enmarcado en la Argentina de las primeras décadas del siglo XX, época de repulsas políticas y cambios sociales urgentes surge el tema: el amor…”

Uno de los temas es el amor pero ni de casualidad es lo relevante, es una línea de búsqueda que usa Kartún para entrar a una problemática más densa que el amor. Los temas son, en todo caso, la mujer como objeto y sentido del “amor” sexual, la violencia simbólica e incluso física que en nombre del amor se ejerce sobre el cuerpo femenino y su palabra. Hay un flash de historia de amor pero esa es sólo la luz que esconde otra fotografía, la del desamor y la de lo imposible.

Lo más rico de la obra “La madonnita” remarca el anhelo común de dos manifestaciones del arte- la fotografía y el teatro-: la necesidad de atrapar el tiempo y con él, la belleza de los instantes en los que el hombre se siente amo de si mismo aunque no lo sea
Dice Kartún a La Nación en ocasión del estreno de “La madonnita” en Bs. As. en octubre de 2003: «El enamoramiento es una idealización que dura muy poco, después quedan los residuos que a veces son muy positivos, pero siempre son los residuos de ese momento en el que lo que uno ve es perfecto. Luego lo que queda es un ser imperfecto en condiciones de ser amado, pero esa percepción de la perfección inicial desaparece».

«El hombre en relación con la mujer ha intentado de una manera utópica y perversa fijarla en un soporte fuera de su propio cuerpo, un soporte que es su idealización. Idealizar a la mujer es matarla, matar su cuerpo, su carne, para quedarse con su imagen. La obra habla de esa muerte, de esa tragedia.»

La intriga de la obra es una excusa, pero es esta: a Hertz, un miserable fotógrafo polaco de los años 30, se le ocurrió la genial idea de que para sacar de la prostitución a Filomena, una renguita cuya imagen lo encandiló en un tugurio porteño, podía prostituir sólo su imagen convirtiéndola en la madonnita.

En una especie de delirio místico le toma fotos eróticas provocando con ellas infinidad de efectos en los hombres solos que poblaron los calles en los tiempos de la inmigración pre guerra. Otro fracasado marginal, Basilio, se ocupa de vender a dos manos las santísimas fotos de la madonnita corrompida en vaya a saber que cuchitriles de la época.

En el medio se alude al problema del enamoramiento; el partener fotográfico, un poeta uruguayo habilísimo con el verso, de tanto posar con la madonnita busca escapar con ella. Ella- la mercancía- se ha enamorado. Todo el negocio empieza a sucumbir hasta la tragedia y sublimación de su imagen.

A Hertz- unidad de medida para las frecuencias del tiempo ¡qué casualidad!- no le importa que su mujer se enamore del uruguayo, le molesta que con eso se cae su negocio y se le imposibilita capturar el instante en que se produce la belleza en “su madonnita”, el arte, el momento precioso en que el tiempo se detiene, en el que la luz parece ser el instrumento para hallar la verdad en la otra cara de su esposa cotidiana, la renga, la muda y la fea.

Más allá del escenario está la luz, que como un dios esconde las sombras. Se alude a su cercanía, a su fugacidad, a su fuerza develadora, desde ese ámbito corrompido como a la presencia de la salvación. La luz es el único instante en el que la belleza es asible y conservable, pero después del asunto entre el uruguayo y la madonnita las fotos ya no capturan belleza.

Durante los 90 minutos que dura “La Madonnita”, obra en cuatro escenas que desde su título propone una vinculación con la tradición cristiana (Comunión, Carne vale, Sábado de Ceniza y Pascua de Resurrección), se deshumaniza, se objetua (se la hace objeto) y se santifica a la renguita. Primero se monta verbalmente su santidad en los parlamentos de Basilio, al toque se la degrada mostrándola en su imperfección, se carnaliza, se la corrompe, se la carnavaliza, se la agobia para finalmente sacralizarla, se la glorifica para poder evocarla impecable. La glorifican los hombres, claro en un rito de leche y rosca seguido de una transfiguración.

En ese contexto dramático planteado en el texto la actuación se ubica en un registro grotesco, más cerca de la comicidad que de la densidad. Los actores se ubican en diferentes veredas: mientras Luis Caram, con su oficio actoral indiscutible, recarga de energía a Hertz para marcar su frialdad mercantilista, se olvida de la sutileza de los matices que invoca la obra en las escenas más intimistas. Por su lado Juan Cruz Cárrega asume un desafío importante- el grotesco- pero se queda casi toda la obra en la mueca que artificializa su desempeño. El compromiso y el riesgo actoral que propone este texto hacen que la puesta resulte en muchos momentos desaforada, fuera de registro, a veces tímida a veces sobreactuada. La verborragia del texto reclama matices, equilibrios y silencios.

La sala del Centro Cultural América ayuda a que el signo- la vetustez- que se propone desde lo escenográfico tenga mayor efecto. La vejez del ambiente, la cargazón de las paredes, el espacio constreñido, ayudan a la idea con que Sutti aborda la obra de Kartún. Desde el escenario se genera además la idea de la incomodidad, de limitación y de la corrupción del espacio sagrado. Toda la acción se desarrolla en un estudio de fotos, que a la vez es recibidor, comedor y altar. Las sillas conviven como si nada con el reclinatorio; las máquinas fotográficas, los adornos de pésimo gusto, el tocadiscos y los utensilios de cocina coexisten con los del artista. Da todo igual diría Discépolo.

La sala estuvo llena anoche, el aplauso coronó este estreno que tuvo la impecable actuación de Noelia Gana como la madonnita, que supera incluso el remate desacertado del final.

  • Patricia Monserrat Rodríguez

    Crítica teatral.

Producción salteña

Con la dirección de Cecilia Sutti, actores de los elencos locales El Retiro Producciones y La Sardinera del Norte ponen en escena una pieza teatral que aborda temas tan diversos, como el misterio del tiempo atrapado en una foto, la posibilidad del amor cuando se consuma el deseo, la cosificación de la mujer, la condición humana frente al amor y el sexo, el miedo que genera en los hombres una “mujer de verdad”.

El argumento

Buenos Aires, en los años 20 o 30 del siglo pasado. Hertz, parece un arquetípico fotógrafo de aquellos tiempos, especialista en retratos, comuniones, bautismos y casamientos. Sin embargo, esta inocente actividad, era la fachada tras la cual se ocultaba su verdadero negocio: la pornografía.

Y aunque este negocio nunca saldría de una dimensión artesanal, estaba provisto de todos los componentes de una empresa: un canal de distribución y venta, así como la parte artística y de modelaje fotográfico.

El canal de distribución está encarnado por Basilio, un hombrón tosco, inmaduro, violento y balbuceante. Su clientela: oscuros trabajadores, inmigrantes, hombres solos y sin familia, que elevan la foto de una mujer desnuda al rango de compañía, de ilusión, de deseo. Basilio llega al estudio, reclamando material nuevo, para enterarse de que la producción se encuentra interrumpida. El conflicto se desencadena cuando el mulato uruguayo seduce y enamora a la mujer del fotógrafo.

Kartun se propuso contar una historia de amor, una historia que hablara de lo inasible del objeto del deseo, de detener el tiempo para poder conseguir un amor eterno.

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