spot_img

Su violín ahora es del viento…

El músico y compositor santiagueño Sixto Palavecino, un ferviente difusor del quechua en la Argentina, falleció el viernes. Tenía 94 años. Estaba internado por problemas cardíacos. En los últimos años empezaron a tenerme en cuenta por la musiquita sachera. Pero vivir de la música, no he vivido…», había dicho.


Adiós al musico

quechuista

Sixto Valavecino

Murió a raíz de una fuerte neumonía complicó su cuadro cardiológico. El artista padeció también el mal de Chagas desde hace años. No obstante nada le impedía proseguir con sus objetivos artísticos. Ejecutante del violín sachero (quiere decir del monte, montaraz) surgido de las entrañas del monte santiagueño. Nacido en la localidad de Barrancas, departamento Salavina, en 1915, se crió a orillas del río Dulce. A los 13 años tuvo su primer violín.

Enterado de su muerte León Gieco dijo “La mente de Don Sixto iba más allá de cualquier ritmo o estilo, porque él es planetario. Una persona parecida al Cuchi Leguizamón, era del mismo tamaño. Hicimos dos conciertos y volvimos en el ’85 a grabar De Ushuaia a La Quiaca. Ahí él me presentó a Elpidio Herrera, otro grande”.

Realizó composiciones bilingües y se encargó de traducir canciones, poemas, libros y hasta las estrofas del Himno Nacional Argentino del español al quechua. Algunos de los lauros cosechados en su trayectoria fue un homenaje, en 1997, de la Presidencia de la Nación por su aporte cultural y también la distinción con el título «Doctor honoris causa» por la Universidad de Rosario.

Tocó y se relacionó con León Gieco, Mercedes Sosa, toda la familia Carabajal, Chico Buarque, Pablo Milanés, Milton Nascimento y Pete Seeger. En una entrevista en La Nación aseguró que «nunca he vivido de la música. Yo he hecho más cultura que contrato. En los últimos años empezaron a tenerme en cuenta por la musiquita sachera. Pero vivir de la música, no he vivido…».

Su vida inspiró a un importante escritor santiagueño, el profesor Lisandro Amarilla, quien en 1993 hizo su biografía novelada a la que llamó «El violín de Dios» y al cineasta Daniel Rojas para el documental «La savia del algarrobo» (2000).

Artículos de la misma sección

últimos articulos

Los más populares

Publicidad

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img