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Spinetta es Gardel


Por A. Calamaro

Mi generación eligió a Luis Spinetta como su Gardel personal hace ya mucho tiempo. Sus versos, su canto, su carisma, su estampa, su guitarra, sus canciones, sus obras, están grabadas en nuestras almas, que él ayudó a abrir (si es que el alma existe).

A su original manera, nos abrió el coco y llenó nuestros días de placer lírico, de profundidad; acompañó nuestro tiempo como el más cercano de los hermanos mayores; su legado es inabarcable, es el soul porteño, es nuestro Stevie Wonder, y ocupó el lugar que tiene el tango entre los tangueros (esas generaciones que crecieron entre el tango y su época).

Pero por encima de todo es Spinetta, el Flaco, nuestro artista dorado por excelencia y por importancia; su guión armónico, melódico y poético, es personalísimo y lo adoptamos como una piedra preciosa que nos dio la auténtica dimensión de la poesía musical.

El tiempo es tramposo, sólo por eso Luis no tiene su estudio forrado de gardeles de oro y diamantes –como los de antes–, pero para mi generación y media siempre fue Gardel y siempre brilló su alma de diamante.

¡Gracias, Flaco!

  • Periodista de Critica de la Argentina

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