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Solistas con ajustada afinación

Antes que reseñar el concierto unas palabras para el ámbito elegido; la iglesia de la Viña, que puede ser un lugar idóneo para escuchar música barroca o renacentista pero jugó en contra en esta ocasión. El espacio se tradujo en un concierto con algunas incomodidades evidentes para los asistentes, poca visibilidad en algunos lugares o directamente nula, ruidos molestos, una acústica deficiente por las columnas y cúpula, sonido superpuesto por el eco entre otras cosas.

  • Orquesta Sinfónica de Salta. Director Enrique Roel. Programa: Suite Orquestal Nº 3 de Johann Sebastian Bach, Concierto para dos violines en la menor de Antonio Vivaldi con Inga Irodanishvilli y Viktor Muradov como solistas, Sinfonía Nº 42 “Júpiter” de Wolfgang Amadeus Mozart. Lugar: Iglesia La Viña. Jueves 8 de setiembre de 2011.

El concierto se inició con la Suite orquestal de Bach, el sonido de la orquesta lamentablemente no pudo ser escuchado con la pureza requerida, hubo algunos acordes poco claros con inarmónicos y batidos entre metales y cuerdas que produjeron serios desbalances sonoros, mas otros desajustes de carácter rítmico en el inicio todos bastante importantes. Siempre bella el Aria para la cuerda en Sol.

Oulibicheff dijo sobre la Sinfonía Jupiter en alguna ocasión y coincidimos: “Dudo de que la música contenga algo más profundamente incisivo, más cruelmente doliente, más violentamente abandonado o más completamente apasionado“. Hubo tiempo para el brío del primer movimiento, también energía concentrada en el Minueto, más la inefable tristeza y fatalidad que emana desde las brumas de la alegría en el tercero y cuarto.

También se logró en algunos momentos el encanto y la gracia de la melodía mozartiana aunque podría resolverse en una mejor versión dado el capital musical de la orquesta.
Dejamos para el final la versión que ofrecieron Inga y Víctor del concierto de Vivaldi, para nosotros sin duda lo más destacado de la noche. Vivaldi siempre precisa madurez interpretativa. Lo escuchado demostró que tanto Inga como Víctor realizan un trabajo serio y esto no se improvisa. O se estudia o poco se puede hacer. Ambos demostraron sus cualidades técnicas y musicales haciendo una versión vibrante, ajustada en afinación, con buen criterio rítmico, expresivo e incisivo fraseo aún cuando en algunos momentos las entradas de la orquesta no colaboraron. Hubo tiempo para la frase dicha con temple, con sentido de la elegancia y un potencial técnico siempre al servicio de una obra que no por trillada siempre exige de los solistas una carga emocional de nostalgia.

Aplaudidísimos se retiraron y luego ofrecieron dos hermosos bises. En todo caso la orquesta de Roel trató de arropar la melodía vivaldiana con la excelente colaboración de los músicos obedientes a su batuta. Unas pequeñas palabras de reconocimiento para estos dos excelentes músicos originarios de Georgia, que no vinieron de paso a Salta, más bien a dejar parte de su vida en la orquesta sinfónica aportando sus conocimientos, su trabajo paralelo en la docencia con una entrega absoluta y en la formación de toda una generación de jóvenes violinistas que buscan seguir los pasos de sus sufridos maestros, porque no solo enseñan posiciones de manos, sonoridades o partituras, sino una actitud ante la música, ante el arte, ante la vida.

Se trata de convertir la música en algo vivo, que cada alumno perciba en su cuerpo y en su espíritu lo vibrante del arte musical. Cada clase es un “concierto”, porque se destaca la expresividad y la comunicación como medio vivencial de aprender.

De tal modo que el concierto de alguna manera se convirtió en una forma de sentido homenaje por el trabajo que durante más de una década realizan de manera desinteresada y placentera. Es un placer escucharlos en cada concierto y percibir su devoción. Solo nos resta decirles gracias.

  • Magister Pablo Alejandro Sulic

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