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Se conmueven del inca las tumbas

“Se conmueven del Inca las tumbas-y en sus huesos revive el ardor,-lo que ve renovando a sus hijos-de la Patria el antiguo esplendor.” Versos de la segunda estrofa del Himno Nacional Argentino, y que forma parte de las muchas estrofas que no se cantan oficialmente.


Sin duda, el espíritu épico de aquella “Marcha Patriótica”, compuesta sobre el molde clásico del himno, de brillantes decasílabos, escrita por Vicente López y Planes, en los albores de una historia que comenzaba a tener a las Provincias Unidas del Río de la Plata como protagonistas, no vacilaba en calificar al Reino de España con el más duro sistema de adjetivación y figuras: “fieros tiranos”,”cual fieras”,”Ibérico altivo León”,”vil invasor”,”fiero opresor”,”el tirano”,”tigres sedientos de sangre”, con el propósito explícito de provocar un inclaudicable y encendido patriotismo.

Finalizada la guerra de la emancipación y asegurada la independencia de las naciones del Sur, en esta parte de América, el Reino de España se convirtió en amigo y se empezó a hablar con agradecimiento de la Madre Patria.

Las estrofas del Himno imprecatorias y desafiantes, resultaban hirientes en los nuevos tiempos. De este modo, para cantar el Himno Nacional, se seleccionaron solamente unos pocos fragmentos del extenso poema. Sin embargo, junto a esta decisión loable y prudente, también se silenció el otro aspecto de la canción patria: aquel que reivindica el pasado indígena de América, reivindicación presente en el ideario de patriotas como Belgrano y Moreno y el mismo Vicente López y Planes.

Himno_Argentino.jpgLa revalorización del pasado Inca, su grandeza y su resarcimiento se declama en esa segunda y bellísima estrofa que asegura el renacimiento del país inca sacrificado, asesinado, saqueado y que, en los albores de la revolución, abre de nuevo sus ojos y, en sus tumbas, revive al contemplar la patria recuperada, la gran patria sudamericana, que soñarán San Martín y Bolívar.

Esa segunda estrofa también señala la filiación occidental a través de la alusión a la mitología grecolatina, rasgo distintivo por supuesto del neoclasicismo: “De los nuevos campeones los rostros-Marte mismo parece animar:-la grandeza se anida en sus pechos-a su marcha todo hacen temblar.

”Y luego de la hipérbole, en paralelismo, en una sucesión inmediata, la visión del Inca renacido y esplendente ante el avance revolucionario que lo resucita a la historia y lo reconoce como padre ya que “ve renovando a sus hijos-de la Patria el antiguo esplendor”, alusión a la Patria perdida de los pueblos precolombinos que los artífices de la emancipación deseaban y planeaban reconstruir.

Sin duda, devolver al Himno, su vertiente americanista, es una deuda que los argentinos debemos a la Patria Grande y por lo tanto, volver a cantar esos versos, nos sitúa al lado de todos los hermanos latinoamericano, hijos de España y de Manco Capac y Atahulpa, la “América mestiza”de la cual habla Rubén Darío.

En nombre de ese americanismo, las nuevas generaciones deberían entonar esos versos plenos de la identidad que tanto hemos buscado. Por lo tanto, una propuesta para este Bicentenario en que miramos a América Latina desde la conciencia de una integración cierta, podría ser, sin duda, la inclusión de este hondo y potente fragmento de auténtica política revolucionaria.

  • Liliana Bellone

    Escritora

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