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Qué sería del jazz sin Chucho Valdes

Córdoba (Especial para Calchaquimix) Por consejo del colega del programa de jazz de LRA 4 Radio Nacional Salta, Hugo Ramos, me vine a ver eset fin de semana al cubano «Chucho» Valdés a Córdoba. A este lo descubrí hace dos años y hoy a los 65 años (nació en 1941), estoy plenamente convencido de que sigue siendo uno de los tres o cuatro grandes pianistas de jazz del mundo. Es una figura casi mítica de esta música. Otros de parecido nivel y diferente estilo son el impagable floridano Brad Mehldau; el fenomenal canadiense Oscar Peterson, algo viejito ya. También quedan Ahmad Jammal o Ellis Marsalis, todos norteamericanos. Este no, este es de la isla Mayor del Caribe.


Un pianista cubano de kilates

Ante un lleno completo se presentó Valdes en el Teatro General San Martín de La Docta, este jueves 14, para deslumbrar con su impecable técnica, una digitación fastuosa y en improvisaciones sin relación de continuidad. Aunque claro está, era de esperar pues no tenía acompañamiento de ritmo, ni poano ni contranbajo, ni nada, sólo él, que basta y sobra…
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Arrancó con «Calle 54», siguió con el conocido tema de Cosma: «Las hojas muertas», después continuó con un popurrí ellingtoniano que giró en torno a varios temas, esencialmente «Caravana» y «Fantasía en negro y canela».

Después hizo algo de sus creaciones, siguió con temas latinos diversos como «El manisero», a ritmo de jazz y volvió a otras versiones, evocando temas de Bill Evans y hasta mezcló parte de temas de boleros como «Bésame mucho» y similares.

Contar lo que hace Chucho Valdés a sus 65 años, es casi como decir que es una mezcla de los añejos Art Tatum, a un «Fats» Waller (se ríe de vez en cuando, juega y disfruta la música y obliga a seguir el ritmo con las palmas). Evoca mejor a Scott Joplin, salta a Teddy Wilson y le da duro al teclado, al que no deja respirar con sus «acordes en bloque», como hacía Dave Brubeck, aunque no tenga nada que ver con éste. Parece inspirado por Bud Powell y vuelve a ser él, enseguida.

En cuanto a fanáticos escuchas del jazz, en conciertos en vivo, se me ocurre que soy un salteño afortunado. La primera vez que presencié el recital de un gigante fue en Nueva York, en 1968, cuando ví en el barrio Grenwich Village, el concierto del organista Jimmy Smith en homenaje a su compañero fallecido esos días, el guitarrista Wes Montgomery. Fue una experiencia única.

Me dí el gusto de ver en San Francisco en 1993, al veterano baterista de los inicios del estilo bebop Max Roach, con una orquesta de jazz clásico, donde las figuras eran una hija violinista y su yerno, ídem. La verdad no me impresionó tanto. Hacía una parodia imitando a los mejores bateristas de la historia. Pero los temas eran densos y algo lentos.

No quiero ser tan extenso en este comentario, pero necesitaba compartir con Uds. una de las mejores experiencias musicales de mi vida. Y fue esta que disfruté en esta cálida noche en el corazón del país, donde ahora llegan figuras de renombre, como el supercreador Lalo Schifrin, que se presentó ante 6.500 personas en el Orfeo, en las afueras de la ciudad, el miércoles 13.

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