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Poemario sobre una «zona roja» salteña

«Publicar un libro sobre prostitución, me lo planteo como agitar el recuerdo de un barrio que existió en el siglo pasado, pero aun teñido de romanticismo» dijo a Calchaquimix y Salta Libre el escritor Hugo Sajama sobre su nuevo libro. Aunque los tiempos cambian agregó que «existe otro color en las mismas cosas, otros jueces, otros actores. Pero la misma sed, la misma necesidad». El jueves 28 de diciembre de 2006, Sajama presentó en sociedad su nuevo libro «Prostibulario El Bajo» donde relata diversas historias convertidas en poemas, referidas a un barrio característico de la ciudad de Salta o lo que en la actualidad sería la «zona roja» de la capital, tan necesaria en aquellos tiempos como en la actualidad, pero aún inexistente.


El primer trabajo de José Sajama con cierta repercusión en esta región se tituló «Eunucos de terracota», poemas, del año 1996. Diez años después sorprende y provoca con esta nueva obra, que vuelve a poner en el tapete el recuerdo de una Salta con menos prejuicio que la actual.

Llamada por algunos la «ciudad feliz» por su relación con el placer furtivo, pero más conocida como «el bajo chico», estaba ubicada en un sector en la famosa Villa San Antonio. Fue la «zona roja» de la capital en el siglo pasado.

Hoy sus conocidas meretrices pintan canas o pasaron a mejor vida. Como zona de prostíbulos El Bajo está casi extinto o transformado en un lugar quizás mucho más peligroso que la lujuria del «amor pagado» porque ahora se ha transformado en un centro de venta de drogas.

«Será importante el tomo de una historia entre las piernas para no olvidar el brutal juego del sexo, ¿o del amor? (no alarmarse porque sienta que un cañón suene cerca nuestro y se nuble de polvo el horizonte.)» expresó Sajama sobre su libro.

jpg_Sajama_Jose.jpgCon cierto toque de romanticismo los poemas de Sajama evocan la nostalgia de otra época «Es que el testigo penoso que trasunta conciencias no objeta escalones de calvario, sí la hipocresía obtusa, perfumada, incoherente, derrotista, de siempre, la conveniencia, digo».

«Como encaramarse en cualquier sitio que vaya a soportar los tientos de esta vana historia, y desde allí ventilar nauseabundos rincones que se alteran cuando la luz les llega, tapándose los ojos, encandilados, embrutecidos, y pretender mirar al que los molesta», comenta Sajama sobre su obra.

Agrega que sus poemas «si no tienen una respuesta sana, concreta, o sensata, siquiera, sería mejor callarse, ¿no? Colaborar en algo; ayudar a unos y a otras porque les hace falta algo; si bien no calmarán un hambre, al menos se tratará el tema…»

«Además con esto no se pretende dar ninguna lección de moralina, aunque sea inútil no rozarla, pero ayudará a desnudarnos como comunidad».

Pequeña selecciòn:

Oh moneda buscada

detrás del hombro

cualquiera

sin la frente vista

o la masculina piel

Prevengo a mi corso

(que mañana no vendrá)

que mi sueño se convierte

y que a mi falda se arrodillan

muchos que en casa están

como jefes de una zona

minada por ellos

no más

Homo

Quien acostarse con cualquiera puede

No hace caso al deseo fresco

De una ventana que pasa su viento

Sino de la pared que no se mueve

Quien acostarse con cualquiera quiere

Acepta la vida y un cachetazo

De la misma mano e intención

Que un cigarrillo prendido

Por un fósforo obscuro

Al ser fuego azaroso que se apaga

Sin vigilia ni provecho

Extrema precaución que se arrepiente

Cuando se pierde en las utilidades

De una selva enmarañada sin sentido

Orificio que se calla

Mantel vejado y puesto

Lamentable oficio

B rasero

A carbón prendido

Negocio andando,

Decía un viejo cliente

Cuando invierno era

En el infierno de

Los fuegos portales

El se calentaba

Ella lo calentaba.

Como adorno de la noche

Ambos aguardaban

El calor los calentara.

El brasero era un juego

Con jugadores

Ocasionales siempre,

Chisporrotea artificialmente

Aunque venga de la negra

Cara de la noche

Su juego de chispas,

De fugaces luces

No quema el corazón

Sino lo seka

Pequeñas palabra sucias

«Hacer esto ahora, publicar un libelo sobre prostitución, me lo planteo como agitar el recuerdo de un barrio, que existió en el siglo pasado por lo menos, teñido de romanticismo aún».

«Pequeño oso chillón de peluche, los juegos de manteca te van a ensuciar aunque los ataques de sodomía y misterio, de crueldad o soberbia, te van a ensuciar; por eso gritaremos en las esquinas, para eso».

«Sin embargo, en el envión de cualquier vez que tengas miedo no te puedo aguantar, no puedo conjugar un cadáver sumiso, que tenga flores en invierno, y reviente al tiempo de morder la primavera».

«Tú te vienes en cámara lenta por el borde de los tensauros, por la escalinata de fiebre y soledad; con jirones y remolques, obstaculizando la intuición, alterando la posición.

«Si nos vamos a quedar a esperar el temblor del fin del mundo, que sea en una cama», dice el escritor José Sajama en su relato sobre su nuevo libro.

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