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¿Operacion triunfo en la vida o en la industria?

JoseyFede.jpgPrimera actuación multitudinaria en Salta con más de 10 mil personas ovacionando a José y Federico: ¿Los ganamos o los perdimos? El triunfo visto desde valores de vida, no pude asimilarse con la idea de triunfo propuesta desde la industria capitalista, que arrolla en su vertiginoso ritmo por hacer dinero, a personas que, como José y Federico, desde su euforia, su emoción, su inocencia, se entregan a ella con placer. ¿En su ingenuidad no advierten que manejan conceptos diferentes de triunfo?. El futuro asegurado y la utopía.


El escenario salteño no podía perderse la presentación de sus primeros discos: «Se vendieron más de mil discos originales de José y Fede. La venta cumplió con todas las expectativas. Los productores de Telefé, Universal y Musimundo estaban seguros de este éxito. Los primeros discos de Fede y José son un gran anticipo de su prominente carrera artística», comentaba al periódico digital Salta Libre la gerenta de Musimundo Mariana González.

Y esta vez como en los cuentos, para Fede y José, Triunfar no fue ya una utopía. Y no hubo para ellos un hada madrina. Pero hubo azar y magia, cuando un día cualquiera, descubrieron en sus voces el talento que habría de hacerlos trascender los umbrales de sus pueblos, y catapultarlos al «gran mundo de la fama». Así, en su primera visita a Salta después del programa de Telefé, José comentó a los medios: «Ahora estoy espectacularmente bien, súper feliz. Primero, porque volví a Salta y, segundo, porque Operación Triunfo hizo realidad mi sueño: lo que más anhelaba era poder triunfar y volver a mi pueblo. Siento que a mi y a mis compañeros nos tocaron con una varita y nos dijeron «les voy a dar esta oportunidad, aprovéchenla y trabajen».

Así, escenarios de todas dimensiones empiezan a aplaudir de pie y a emocionarse ante su increíble destreza. Y ya nunca más, los anónimos chicos de un lugar cualquiera; nunca más para ellos un horizonte signado por la desesperanza; nunca más un panorama amarrete en alternativas y oportunidades que permita crecer, y sin bastiones claros a los cuales agarrarse para no quedar marginados del «progreso».

Las caras del triunfo

Ahora, José García y Federico Maldonado, los Ganadores de OT Segunda Generación. Nosotros los elegimos y no sólo por sus maravillosas voces. Elegimos sus voces encarnadas en esos cuerpos que hablaron de valores enraízados en la vida, en la solidaridad en el amor, la fe, la lucha, la honestidad, el respeto. Valores con los que una mayoría del pueblo se vio identificada, aún sin saberlo. _ Elegimos a personas así. Simples. Sencillas. Pero también los eligieron con la humildad suficiente y necesaria para plegarse con placer, con alegría, con entusiasmo, a las decisiones de otro, sin pensar, sin cuestionar.

Deslumbrados, incrédulos, agradecidos por aquellos que hicieron posible su triunfo anhelado. Así, entregados, confiados, con la inocencia de un niño.
Los elegimos a ellos. Ahora José y Fede triunfaron. Más su triunfo en este sistema pude significar ingresar sin darse cuenta en un lento proceso de despersonalización que ha de posicionarlos en los valores, que en sociedades como las nuestras, son requisito para triunfar.

El Otro mundo

En efecto, ese encuentro con un mundo OTRO, sin duda ha de plantear a estos muchachos códigos extraños, difíciles de entender. Las palabras valiosas de hoy, podrían ser sacrílegas en los tiempos de los grandes sueños: macro- proyectos, grandes públicos, altas regalías, nuevos espacios, alto perfil, intensa vida social, exposición mediática constante… Mundo soñado. Fascinante, anhelado, de acción liberadora. Mundo de luces centelleantes en enormes marquesinas, en grandes decorados, en inmensos escenarios, en videos, revistas, internet, publicidades, televisión, música… ruidos. Múltiples ofertas embotando los sentidos y las mentes con su brillosidad… Y al alcance de sus manos, invirtiendo todo lo habitual.

Ahora, un «Chanchu» y un «Feche» seducidos, atrapados por la risa, los rostros, el goce, la vanidad, el poder, el lujo… Aparecer, cuya visión enceguece, entorpece, e impide advertir que las luces de ese mundo son otorgadas por aquellos poderosos que desde su lugar, se asumen dueños de la verdad y de los hombres. «El llegar a Salta después de estos siete meses y encontrarme con las fans fue raro. Me fui de aquí a probar suerte en el programa siendo un desconocido y volver y encontrarme con tanta gente que me demuestra su cariño me emocionó muchísimo. Aunque no los conocés ellos te abrazan, te saludan. Algunas te dicen que «sos lo más y que te aman», y hay que acostumbrarse a saludarlos como si los conocieras a todos», decía Fede con los ojos llenos de lágrimas mientras firmaba autógrafos en la puerta del shopping, durante su primera visita oficial a Salta como el tercer finalista de O.T.

La música contingente

La reducción de una vida personal a su veta artística y contingencial, puede leerse como otro rostro de la gran industria del dinero. Provee al sujeto de cierta autonomía para desarrollar esa habilidad musical, pero le sustrae toda continuidad. La fama les dura mientras ellos «den todo»en el escenario o frente a sus fans; mientras finjan en un escenario ajeno, que les da algunas posibilidades de elección a la par que los obliga a aceptar rígidas formas de ambición o exclusión. La fama los libera de las cadenas de un destino sin grandes aspiraciones; multiplica los escenarios de oportunidades; redobla los códigos con que los discursos se hacen más valiosos, donde los contenidos no cuentan, ya que se definen por la inventiva de los sujetos para idear nuevas posturas, nuevos gestos, nuevos tonos de voces, no por la cantidad de saber que se haya incorporado. A dos semanas del final del programa, el salteño hablaba del futuro, según consta en el sitio oficial de internet, y afirmaba «quiero ser un instrumento para que la gente, a través mío, se divierta, se emocione».

Códigos a los que hay que someterse, adaptarse, mimetizarse, para seguir siendo «vendible», elegido, ser miembro, ser un triunfador.

La historia sin fin

Sin final de una historia en la que confluyan sus acciones, ni un sentido universal para inscribir sus vidas personales, los artistas indefensos caen en las redes, se abandonan a una guerra suave de códigos extraños y batallas efímeras. Así, ante la mencionada ganancia del sueño utópico y de ese gran horizonte de falsas valoraciones positivas, acuden cambios sustanciales en sus vidas que transforman poco a poco sus propios valores, por otros cuyos precios pueden atentar contra la propia vida.

Según se lee en el sitio oficial de OT, «¿Qué tuvo que pasar en Federico, qué sentís que cambió en vos? -Yo creo que cambié todo. Yo entré jugando, entré a divertirme, a pasarla bien. Y está bueno eso, es parte del juego. Pero a las cosas las agarraba con menos responsabilidad. Y cuando empecé a darme cuenta de lo importante que es ponerle fuerza a cada tema, dije: ponéte las pilas. Y ahí empecé a cambiar un poquito, meterme más en los temas, tratar de analizarlos más… Eso me hizo cambiar también como persona».

Y ser triunfador en un ámbito tan competitivo como el artístico, obliga – por su misma seducción- a olvidar lo que es bueno y saludable para el cuerpo. A no poder importar si la garganta duele o los músculos están agotados, si se firmaron autógrafos durante una o diez horas; si la ropa que se lleva puesta es o no del agrado, si se deseaba algún que otro alimento… Olvidarse de sentir enormes deseos de abrazar a una niña que llora de emoción, porque no está permitido desviar atenciones. Se olvida todo y se canta igual.

El recuerdo de lo que fuimos

Y un evento traerá a otro… Y lejos los recuerdos salteños, y el lento movimiento para lograr el pan de cada día. Y más lejos aún, cuando alrededor de las figuras de los ganadores arden grandes intereses que lucran con sus triunfos. Triunfo que ellos también disfrutan por estar ligados a parámetros que los ayudan a autodefinirse en sus personas. En un nosotros que le exige más de lo que ellos pueden dar. Triunfo que los envuelve a la par que sigue dejándolos excluidos en lo que atañe a sus características particulares, sus modos de percibir, sus prácticas, sus marcas, sus ventas humiteras, paseos a caballos, escapadas a la Balcarce, guitarreadas entre amigos… mateadas en familia, en esa gran familia pueblerina y solidaria. Triunfo. Triunfo que libera pero distancia. Un vuelo alto y lejos de las raíces, de la propia verdad.

«Antes de esta experiencia era un chico muy inquieto, pero puedo decir también que era normal, pues hacía lo que todos: las compras para mi mamá, cocinar si ella estaba enferma, ayudarlo a mi papá a podar las plantas, limpiar la zanja, etc. Lo bueno es que podía ir al gimnasio, andar en bicicleta con mi hermano. En fin, compartir con mi familia y mis amigos muchos momentos lindos» comentaba José a una periodista del medio salteño. No por nada vamos y volvemos de lo que un día fuimos a lo que ahora somos, para tratar de preservar lo mejor de la autonomía de una vida sin complicaciones y conjugar lo peor de la discontinuidad, la grandiosidad, la seducción del escenario de la fama, la vacuidad.

Utopía o servilismo

¿En qué medida estos inocentes utópicos lograrán alcanzar aquellos horizontes soñados y en qué medida sirvirán de móviles al poder de turno? ¿Cuánto trabajarán estos artistas por su propio bienestar y cuánto para la maquinaria de producción? ¿En qué medida estas nuevas «revelaciones» interpretan mitos utopizantes y no un eslabón más de la planificación económica de sus productores? Si todo esto tuviera que responderse positivamente, deberíamos mirar hacia nuestro propio interior y pensar: cuánto de aquellos sueños que motivaron nuestro propio hacer aún perduran, cuántos fueron arrastrados por la corriente del desencanto para servir a los intereses de un sistema capitalista desalmado, cuánto de lo que hago hoy puede transformarse en nuevas utopías y nuevos modelos de triunfo entre los valores de Vida y los de la máquina capitalista.

Darse cuenta. Que su verdad está en lo que hoy son. Que la espiritualidad con que llegaron a este punto no puede perderse. Que son mucho más que bellas voces que venden y enriquecen. Que el verdadero triunfo está en echar a volar…anudando alas a sus raíces.


Reparto de la ganancias de un CD

De acuerdo a una publicación de Internet, del Lic. Ignacio Escolar, hasta diciembre del 2004, , la torta de un CD de 18 euros, según AFYVE (la Asociación de discográficas españolas)se repartía de la siguiente manera:.

* IVA: 16%: 2’49 euros.
* Tienda: 40’2 %: 7’25 euros.
* Discográfica un 24’4% 4’41 euros.
* El distribuidor un 4% 0’73 euros.
* La fabricación un 4% 0’73 euros.
* Derechos de autor un 4% 0’73 euros.
* Royalty para el artista 9’4% 1’69 euros


En síntesis, los músicos -si son a la vez autores e intérpretes- reciben aproximadamente el 15% del precio de portada de cada CD, aunque pocos son los que pueden aspirar a estos porcentajes, ya que la mayoría de las discográficas multinacionales suelen firmar a sus nuevos artistas por un período de cinco discos. El royalty de estos primeros contratos suele ser de sólo el 8% -no del 9,4%- y muchos sellos incluyen cláusulas que rebajan esta cifra hasta el 3% en caso de que los discos se vendan durante una campaña de promoción televisiva o a precio de oferta. Sólo los artistas que negocian contrato desde una posición de fuerza -después de entregar sus primeros cinco LPs- pueden conseguir un royalty más elevado. Este porcentaje, además, se calcula sobre un precio inferior al de venta en las tiendas.

El 4% del dinero del CD que se destina a los derechos de autor tampoco llega íntegro al bolsillo del compositor. La SGAE cobra de media un porcentaje del 15% del total recaudado en concepto de gestión. Además, la mayoría de las discográficas obligan a sus músicos a firmar con su empresa editora que se queda con la mitad -a veces más- de los derechos de autor. Algunas radiofórmulas utilizan el mismo método para cobrar a través de una editora musical por la promoción. Al final, el 4% se reduce a menos de la mitad. Con estos matices, el porcentaje real que reciben los músicos en España de cada disco vendido rara vez supera el 8%. El 7% restante hasta alcanzar el 15% se reparte entre discográficas, editoras y la SGAE.
Este informe no incluye estadísticas de discos vendidos en piratería, por los cuales el artista no percibe ganancia alguna.


¿Qué es lo más importante para ser un artista?

El carisma: 43,1% (30101 votos)
La voz: 28,8 % (20094 votos)
La interpretación: 15,1% (100554)
El despliegue escénico: 8,6% ( 6037)
El aspecto: 4,4% (3040)


Fuente: Portal oficial de OT, sobre un total de 69.826 votantes.

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