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«No etiquetar, escuchar todo»

Su pagina dice “Marcelo Arce, apreciación musical”. Este 2010 cumple 35 años de carrera como divulgador. Se aterra siempre que alguien dice que la clásica música: “Es música para viejos”. En este reportaje realizado por Pablo Sulic, columnista de Calchaquimix, en una visita a Salta como es obvio, no habla de otra cosa que no sea «la música».

“A los que no sabemos nada de música”

Marcelo Arte nos da aquí una pequeña muestra de por qué se ha convertido en uno de los grandes animadores culturales que recorre el país con su profundo espíritu divulgador. Convertido en un maestro de música, un ser totalmente didáctico; dedicó gran parte de su vida a orientar a quienes aman u odian tal o cual música. “No etiquetar. Escuchar todo” es su premisa. Esta nota está dedicada también “a los que no sabemos nada de música”.

¿Qué hace cuando no hace nada?

-Nada, no se puede hacer nada. Si por nada creo entender no hacer lo que hago más habitualmente… No digo nada original si contesto que “tengo poquísimo tiempo para otra cosa” ¿verdad? Pues lo debo repetir y en efecto es verdad. En los instantes de “nada”, camino, leo, y principalmente, escucho radio, ¡aunque también la radio forma parte de mi actividad desde 1979!; es una magia inevitable; pura endorfina sana y liberadora.

Marcelo Arce
Marcelo Arce
Escuchando radio aprendo y al mismo tiempo colijo cuánto se ha degradado, reconociendo fácilmente cuánto pululan por cualquier rincón de la noble Argentina, los que “hacen realmente aire” y “los que ocupan el aire”. Ya no pido que sean personas cultivadas para enfrentar el micrófono; siquiera informadas. Mínimamente informadas. En una reciente entrevista, hace pocos días (y algo similar sucedió en 2007 ante un importante director de famoso canal de aire, espetándome “¿Así que la traen a la Cayas?”), en una provincia del Norte, la conductora (copiando la frase del asesor de prensa local) afirmó feliz “¿Cómo será su espectáculo De Cayas a Sinatra?”. Era esperable que la emisora nunca hubiese cargado un tema por María Callas; pero ¿cómo salía yo de esa pregunta al aire sin ofenderla? “Bien, seguramente María Callas estaría feliz de haber logrado su objetivo de popularizar la lírica, aún cuando tropicalicemos su apellido; no se hubiese enojado, como nunca lo hizo cuando toda Francia empezó a llamarla La Calás…”.

No debo generalizar, pero algunos habitantes del mundo de los medios no se preocupan ni informan; sin embargo, en seguida exigen que nosotros lo estemos; que sepamos y en idioma original el título del hit, vida y letargo de las superestrellas de plástico que ellos han elevado a genios sin dar nunca las pruebas que tal título exige, vbg. Britney Spears o Los Fabulosos Cadillacs. Caso contrario, pecamos de falta de ilustración. Y estamos fuera del universo. No me preocupa por nosotros, sino por los jóvenes que los emulan: la voz del medio es la verdad revelada.

Volviendo… en realidad escucho radio evitando que sean las pocas que transmiten música clásica. No quiero contribuir con una oreja más al concepto que supieron forjar en los jóvenes, cuando me aterran diciendo “es música para viejos”. Esos medios obligan a redoblar esfuerzos. Les contesto ¿Qué opinarás cuando tus nietos digan que los temas de Madonna o Charly García (lamento mencionarlos y darles espacio) por el paso del tiempo, son música para viejos? No te preocupes, porque como es antimúsica, nadie la tendrá registrada. En cambio, Mozart o Liszt o Shostakovich o Ginastera seguirán haciendo grandes olas».

Necesito el opuesto para equilibrar. Noticias, algo de pop (quizá The Battle of Evermore de Led Zeppelin con mandolinas). Y como siempre, el refugio en el jazz: en los viajes, en los tiempos libres, después de una función. Por eso admiro el reproductor de mp3 que permite llevar una amplia discoteca, del jazz al tango, del clásico al rock.

Cuando apareció el Ipod quedé subyugado; concretaba una experiencia que aprendí a aplicar durante muchos años para salir de la realidad, ir por la vida como encapsulada: pensaba en una música que deseaba, y allí estaba, sonando en la cabeza, como tal sucede hoy escuchando el Ipod. No recuerdo otra actividad durante no hacer nada.

¿Qué compositor le apasiona y cual detesta?

-Don Beetho, si lamentablemente debo contestar la pregunta así formulada, por “un compositor”. ¿Detestar?. Cuesta mucho más. Desagradar, tal vez Stockhausen.

¿Qué obra llevaría a una isla desierta?

-Aunque el singular nunca se da, la Primera Sinfonía “Titán” de Mahler. Pero la llevaría sólo si se trata de una isla no latinoamericana, con cabaña confortablemente equipada, mi esposa, delicada bodega, equipo valvular de audio…

-¿Cuál es el menú ideal para enamorarse

-¿Menú se refiere a comida o a música? Gastronómicamente: entrada de brie con chutney de tomates verdes, plato centolla a la naranja y endibias como plato, postre parfait de chocolate amargo y esencia de limón, todo bien regado con frío prosecco italiano (¡no el dálmata, que es dulce!). Musicalmente: acompañar con Nightingale de y por Oscar Peterson Trío.

Para llorar

-Gastronómicamente: un asado con la pésima carne que la falta de política agropecuaria nos ha legado.
Musicalmente: escuchar nuestro bello Himno Nacional por cualquiera de las bandas y/o coros en las Fechas Patrias, especialmente cuando lo transmiten en cadena oficial. ¿Nunca aprenderán? ¿No encuentran el diapasón para afinar? ¿No encuentan a cualquiera de nuestros excelentes arregladores?

Para reir

-Gastronómicamente: cualquier menú de locales de comida rápida que dominan el orbe; son de circo malo; riendo, se pasa el hambre y se evita indigestión e intoxicación. Aunque después sienta pena e impotencia por aquellos clientes que creen que están comiendo.

-Musicalmente: el Sexteto de las Gallinas para voces solas que Rossini compuso sobre su propia obertura de la modélica ópera bufa El barbero de Sevilla, sin olvidar que la obertura en realidad no es de tal obra, sino de su Isabel reina de Inglaterra, ópera seria que había fracasado el año anterior, 1815; literalmente, sacó las páginas de la obertura de Isabel y las entregó como apertura de Barbero.

Para mirar una puesta de sol

-Gastronómicamente: canapés de ciervo patagónico y malbec-malbec. Musicalmente: la Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis para cuarteto de cuerdas y orquesta de cuerdas de Ralph Vaughan Williams.

-¿Por qué gusta tanto de lo que hace? ¿Como llega al público?

-Confiando en su afirmación “que gusta”, supongo que es causa de su segunda afirmación, por “llegar al público”. Cuando termino una función, agradezco a organizadores, técnicos, teatro, pero grito mi premisa, sincera: lo único importante es el público, el “altar”.

Un solo mensaje con crítica, me pesa más toneladas que ese reconocimiento general. Que tributo, que nunca terminaré de agradecer. Y no quiero pecar de falsa modestia (y menos del peor pecado, que tanto estamos sufriendo: el de la soberbia). El público me enseña. Él nunca necesitó explicación de lo que hago. Lo recibe, lo procesa, lo estimula o lo rechaza.

Trato que juntos reconozcamos algunos códigos de las obras; sus historias; instrumentos, anecdotario; principalmente qué describen… siempre basado en documentos, información (si no, sería un prolífico novelista). Para “apreciarte mejor” diría el lobo. Me recrimino terriblemente, tras una función, cuando reveo lo que dije y si alguna frase surgió –de buena fe, ¡lo juro!- con aire “catedrático” o “escolástico”. No quiero que sea clase o didáctica o conferencia. Debe ser lo más cercano a un espectáculo. Que los conceptos lleguen naturalmente. No tomo en vano mi lema: “están destinadas a los que no sabemos música”.

Intento moverme en el mismo plano del público. Por eso, nunca escucho la obra antes de la función. Obviamente, hay un plan troncal. Pero necesito que surja allí. Descubrir y sorprenderme con ellos. Me asegura espontaneidad y no caer en la rutina (esto impide que un espectáculo que tal vez ofrezco cien veces, como Las 4 Estaciones, nunca me canse; siempre sea diferente). En ocasiones advierto que estoy emocionado al extremo o riendo; y en otras, me doy cuenta –y se los digo- que yo estoy exaltado y el público no. Les confieso “Uds. son más maduros que yo; yo ya estaría saltando en la butaca o aplaudiendo fortísimo”.

Note qué interesante: En estas funciones nunca tosen; esos mismos espectadores toserán en un concierto; esperan ávidos el intervalo entre movimiento y movimiento o el final de la obra. Es una señal motivante; sienten que estamos compartiendo naturalmente, sin poses, sin tensión.

Lo demás de mi actividad es placer ¿No es una bendición que debe agradecerse cada día, trabajar de aquello que nos agrada? Sumando, resulta pasión. Sin pasión no se puede hacer nada. Seguramente, Ud. mismo la experimenta, tal como surge de su labor.

¿Tiene algún antecedente familiar para este tipo de actividad musical?

-No y menos específicamente en ¿divulgación musical? Incluso, ya cuando transcurrieron varios años de estar activo en esto, me enteré que Mamá fue pianista, alumna de Williams, excelente profesora. Hoy tenemos excelentes intercambios sobre su pasión que es Bach (para mí, San Bach).

¿Qué le dice a alguien que ama el cuarteto y odia la música clásica?

-Que siga amando el cuarteto. (¡Qué triste! que usen tan caro término a la más clásica de las formaciones de cámara: dos violines, viola y violonchelo). Prefiero llamarlo “cuartetera”.

Si ama la música cuartetera, ¿Por qué privarlo de la tendencia de su sensibilidad?. Con esa tendencia, la música clásica no lo necesita.

Si odia la música clásica es porque ya la escuchó para experimentar ese sentimiento. Debe seguir a su amor. De todos modos, la puerta está abierta. Hoy más que nunca, con las infinitas posibilidades que nos brinda la tecnología, al alcance de todos. Ya no pueden esgrimir la excusa de elitista (sólo lo fue para los snobs del elitismo). ¿Debo dar un consejo para no traicionar el espíritu divulgador? Mozart lo puede rescatar, si es que alguien quiere.

El irrecuperable es aquel que vive inmerso en (hasta me repugna nombrarlo) la cumbia villera y sus deleznables derivados. Obvio, no me dirijo al género musical folclórico autóctono de la costa caribeña colombiana y sus variantes panameños, aquella del sincretismo de los aborígenes y negros y hasta europeos del delta del río Magdalena. Esta veta etnomusicológica nunca pasó por la mente de los que practican la terrible cumbia villera y menos por la enorme estrategia comercial, publicitaria y de medios masivos que la movilizan. Y a propósito de movilizar: parece que los que nunca se movilizarán son los fiscales para poner en justicia la apología del delito que hacen los textos de la cumbia villera.

Tampoco comprendo por qué dilapido su valioso tiempo en esta respuesta, si las mencionadas no son música, desde cualquier ángulo que define a la música.

Retornando a su pregunta: orientar a quienes aman u odian tal música. No. Por eso hace más de dos décadas, insistimos tanto en la “clásica música”: es amplia, abierta a todo lo realmente artístico (es decir, que tiene forma y contenido) cualquiera sea el tipo de música: rock, clásica, folclor, tango, jazz, pop, etc. Esa apertura convoca, reúne a los que aportan su sensibilidad.

¿Cómo elige su repertorio, que parámetros sigue?

-En aquellos casos de ciclos –es decir, una programación anual de un espectáculo por mes, como en el Teatro Avenida o Bariloche o Santa Fe o Paraná…- voy trazando un escalonamiento, procurando abarcar todos las formas (concierto, sinfonía, ópera, ballet, sonata, misa, etc.) y todos los géneros (sinfónico, cámara, instrumental), combinándolos.

Cuando se trata de una sola función, depende. Hay temas de “ingreso” a esa comunidad para después avanzar en otro escalón. Aquí destaco mi espectáculo “Las 4 Estaciones: Vivaldi + Jazz + Piazzolla + Los Beatles + Queen”, que me permite un abanico muy amplio. Y caminos insospechados. Hace muy poco, en Santiago del Estero, derivé en la chacarera y su conexión a una danza renacentista italiana. ¡Ah, éste fue un ejemplo de mi aventurada improvisación! A punto de salir al aeroparque, mientras mi esposa me apuraba, busqué los temas y los armé en el escenario.

El criterio es centrar en obras maestras y difundir las piezas que aplico de manera “accidental”, aunque no hay tal accidente. Así, anunciado “La Quinta Sinfonía de Beethoven”, aparecen paralelos con momentos de la Quinta de Shostakovich y de la Sinfonía O King! de Luciano Berio. Si hubiese anunciado Shostakovich y Berio, la mitad de la sala no estaría.

O bien, el aviso dirá Rapsodia Bohemia: Liszt, Queen y El Moldava. Los jóvenes vienen por Queen y el genial Mercury. Terminan ovacionando también la Rapsodia de Liszt y el emocionante poema sinfónico El Moldava de Smetana. Al mismo tiempo, los que se acercaron por Liszt y Smetana, los “más adultos” (¡y yo!) quedan fascinados por “una romántica y virtuosa” Balada para piano.

Pregunto y conmovidos los “adultos” responden enfáticamente: “Es Liszt… Es Chopin…”. No chicos –contesto-, es Freddie Mercury”. Además, descubren las bondades estéticas de esa música que rechazaban… melenas, vestuario estrafalario. Tantos clásicos visten de frac y suenan vacíos. No etiquetar. Escuchar todo. Recordar también la música antigua, allí por el Renacimiento y la maravillosa música del pasado siglo XX. El consejo, si se me permite, es Non temere!.

¿Dónde consigue el material que presenta o ciertas curiosidades o grabaciones raras?

-“Deberéis guardar el secreto” dice el Maese y lo adapto en mi métier. Desde la legalidad, siempre, obsesivamente, empleo soportes originales. Veo las calles de todo el país, con inescrupulosos ambulantes vendedores e inescrupulosos compradores. Remito la denuncia a la cámara especializada. Me consta la intensa actividad que ésta despliega. Pero son como sombría Ave Fénix en versión depredadora.

En tanto, sugiero una rareza que se consigue: una obra de Leopold Godowsky, los 48 Estudios para piano sobre los Estudios de Chopin.

-¿Alguna anécdota divertida de sus presentaciones?

-¡Hay muchas! A ver… una en el Auditorio de Belgrano, colmado. Termino un tema; y se adelanta hacia el escenario un señor con voz fuerte y altiva: “Señor, me voy a retirar”. “Bueno”, dije. “Porque yo ya lo sé todo”. “¡Ah, como la enciclopedia!”. Sube, cuadra talones cual oficial a lo Bismark, me entrega una tarjeta que debajo del nombre reza: “Músico total”.

Otra. Fue en el querido Centro Argentino de Ingenieros, donde estuve quince años. Salón de actos, entrada libre y pleno. Daba la Sinfonía N° 6 “Patética”, de Tchaikovsky, una obra que me da vuelta, me supera, que acelera palpitaciones. Termino exhausto, bañado no sé si en transpiración o lágrimas, la gente desbordada de emoción. El testamento, la confesión del compositor que se suicidará días después, con ese final que se extingue en la nada. En medio del trance y silencio general, una señora viene por el pasillo del centro e inocente, pregunta: “Entonces, ¿esta no es la conferencia sobre alcantarillado?” Balbuceo que no. “Pero igual me gustó, eh”. Después supe que me había perdido tal conferencia sobre alcantarillado que se daba a la misma hora en el tercer piso.

¿Ejecuta algún instrumento musical?

En efecto, en sentido textual, ejecuto el piano. Pese a eso, largo tiempo dicté interpretativa analítica del piano, siempre dirigida a profesionales y estudiantes avanzados. En algunas ocasiones lo hice como seminario de una o dos jornadas. Añoro volver a hacerlo.

¿Que impresión se lleva de Salta?

-Mejor… anhelo saber qué impresión se guarda de mí la linda Salta. Ella me ha conferido el honor de recibirme, de concederme su tiempo. Ya eso es invaluable. El público es tan sensible como exigente. Cultivado ante la profusa actividad musical, gracias especialmente a la señera labor del Mozarteum Argentino, cuyas damas y caballeros se brindan con profesionalismo, fineza. Saben contener desde lo práctico y, fundamental, desde lo humano. La recorrida casi arqueológica con la que me acompañaron por la Ciudad, las historias y enseñanzas. ¡Bárbaro!.

Es la segunda oportunidad que Salta me regala. Creía que en esta visita mi expectativa iba a ser más moderada. Por suerte, me equivoqué (pero acerté en la elección de un exquisito vino salteño en perfecta armonía con un quesillo). Estaba muy ansioso por volver. Y ahora, de nuevo lo estoy.

Cantante preferido

-María Callas
.
El lugar de la tierra más musical.

-Viena.

La mejor orquesta

-Filarmónica de Berlín.

El mejor director

-Herbert von Karajan.

Que compositor quisiera conocer personalmente.

-Igor Stravinsky.

-Un disco

-The Beatles by Boréades.

Qué proyectos tiene en mente

-Ampliar mi espacio de apreciación musical en la web.

-Piensa publicar algún libro o disco con sus experiencias.

-Ambos están en vías…

  • Magister Pablo Sulic

    Crítico de música

    Especial para Calchaquimix

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