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Multiplicar las voces de uno

La segunda noche del Festival de Monólogos y Unipersonales del NOA (8 al 11 de Julio de 2010), refrendó esta fórmula tan económica con el espectáculo “Casquitos en libertad” llevado a escena por la actriz y narradora Soledad Pérez Fernández y que es el resultado de una beca de perfeccionamiento en narración oral, otorgada por el Instituto Nacional del Teatro.


Festival de Monólogos

y Unipersonales del NOA

La actriz propuso trabajar en este aprendizaje con la directora tucumana Patricia García, quien acompañó lo más que pudo la selección de textos – dos cuentos imbricados con la biografía de la actriz y dos relatos de la escritora Leonor Rosas Villada que fueron los más ricos y potentes de la obra.

Las imágenes que generaron estas dos historias de Villada nos alejó de la vida de la narradora y permite otra mirada, un buen lugar para espiar a las dos hermanas que nunca viajaron en tren o para entender los vericuetos de la cultura andina, confrontarnos y reconocernos, algo que nunca deja de ser tan buen material para reencontrarnos con nuestra identidad original.

Lo que compromete a renovar el oído en este unipersonal son las ganas que pone la actriz de su parte para llegar al final. Se observa un interés en los detalles de la producción, en la tonalidad predominante tanto en vestuario como en los objetos escénicos que se eligieron para la puesta. Sin embargo es difícil no cansarse de ese tono declamatorio y artificial que ha producido la enseñanza de la lengua oral en la escuela de los años conductistas.

Esa prolijidad para articular y pronunciar todas las eses, para conjurar los rastros de lo andino y lo regional de la palabra dicha, rastros que justamente construyen el tema de los relatos. Esa lejanía que provoca tanta artificialidad implica que hay que hacer un esfuerzo para entrar en las historias.

El relato intrigante de dos hermanas impedidas de viajar en tren por el patriarca de la “familia bien” acertó en el oído del auditorio así como el relato policial de joven coya acusado de violencia en ocasión de un rito de su cultura.

Cristina Idiarte
Cristina Idiarte
Otro hallazgo de los responsables del unipersonal fue la dramaturgia sonora que acompañó la palabra de la narradora; diferentes sonidos y melodías funcionaron como andariveles del relato y lograron componer climas; provocar evocaciones e imágenes que aliviaron la escucha a los poquitos espectadores que asistimos.

En la sala de Mitre y O’ higgins- La ventolera– se vió “un trabajo en proceso”. Así fue definido por la actriz y directora Anahí Rodríguez de la ciudad de Tucumán. El espectáculo no repite la fórmula narradora. No hay relatos engarzados con algo. Hay interpretación de varios personajes de la reconocida historia de Lorca “Mariana Pineda” en una versión arreglada por la actriz que llamó “Marianita”

Efectivamente Anahí Rodríguez se halla trabajando en esta creación de aire ibérico, respetando la dramaturgia lorquiana y sus personajes con la intención de completar sus estudios de teatro en la UNT. Para ello hizo una selección de los textos más relevantes de la obra sobre la heroína Mariana Pineda y nos la fue interpretando con varios logros orgánicos pero haciendo agua también en varios de los personajes masculinos que incorporó a la versión.

La noche del domingo clausuró las actividades del Festival Regional de Monólogos y Unipersonales UNIVOX. Se presentó la obra “Memoria del agua” en el Salón Auditórium, última producción de la actriz Cristina Idiarte quien fue apoyada en esta iniciativa con los aportes del Fondo Nacional de las Artes.

Se trata de una búsqueda artística-antropológica en las frondosas sendas de la cultura andina; el motivo que genera las imágenes de la obra se arraiga en el conocido ritual de las momias del Llullaillaco- la historia de la Doncella y La Niña del Rayo como las jóvenes vírgenes ofrecidas por el pueblo inca a la montaña para renovar sus mandatos culturales con los dioses ancestrales.

El espectáculo se sostiene en una dramaturgia mínima, tierna y oportuna. La intención autoral nos sitúa en los momentos previos al rito de entrega, lleno de silencios ceremoniales que siembra inquietudes y enigmas respecto al antiguo sacrificio. Un hallazgo de la obra reside en la plasticidad de los intérpretes y en la sobriedad estética tanto del retablo como de la escenografía que éste genera.

Los muñecos- muy similares a los de Ana Alvarado, conocida titiritera y artista señera del grupo “El periférico de objetos”, creadora de múltiples éxitos para niños en el Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín de CABA- son de tamaño muy adecuado, el trabajo de diseño y plástico los torna muy tiernos y verosímiles. Tan delicadamente manipulados por Idiarte constituyen el primer acercamiento a los acontecimientos de la historia.

La manipulación se ensambla con un registro actoral que explota la maternidad, la simplicidad y la ternura; los episodios muy breves presentan personajes regionales, reconocibles que acercan poco a poco al espectador al momento, ya despojado de tensión, de la entrega a la montaña.

En la dramaturgia de la obra se presentan algunas incertidumbres respecto al lenguaje de calibre poético usado en la obra, a pesar de los numerosos silencios la palabra en play back ensucia algunos momentos y rompe climas potentes generados por la esmerada musicalización. Y en la pertinencia del episodio humorístico que por su duración y despliegue más desprolijo desvía la mirada hacia otro signos que luego no se recorren en la historia.

Desde Jujuy “Acero y cristal” (este trabajo ya fue reseñado por este medio) fue la obra encargada de clausurar el festival ya en medio del frío polar que terminó de ahuyentar el escaso público que disfrutó de los espectáculos.

Seguramente los organizadores, la prensa y los creadores podrán hacer sus lecturas y balances de las pérdidas y ganancias del evento, instrumentar nuevas y más potentes estrategias para llenar las salas.

Se trata de la primera experiencia en esta clase de convocatorias en la región noroeste y aunque aparentemente el género involucre menores costos de producción debe cumplir mayores requisitos y exigencias para tornarse atractivo y ser elegido entre múltiples ofertas culturales como las que propone Salta en esta temporada invernal.

La franja de público estuvo compuesta en casi todos los espectáculos por la gente cercana a la organización, los colegas de unipersonales y algún que otro público genuino. Los espectáculos recurrieron en su mayor parte al relato oral, historia autobiográfica y la temática femenina atravesó muchas de las producciones ofrecidas.

Univox proponía multiplicar las voces de uno- el artista o trovador que se hacía cargo del espectáculo; sin embargo no se pudo quebrar la realidad cada vez más dura que viene afectando al público del teatro independiente. Echarle la responsabilidad al frío, a la gestión, a la sobreoferta de espectáculos, a la debilidad estructural de las obras programadas, a la escasa novedad de estas, al desamparo oficial… ¿Quién tiene razón?

Por momentos el evento parecía agarrado de un hilo, pendiendo en la soledad de una sala chica llena de butacas vacías, una voz ahogada en un páramo de espectadores ausentes y borderauxs flacos. Una voz que por poquito se queda sin ecos. Ojalá la próxima edición tenga en cuenta estas arideces para fertilizar las experiencias con producciones convocantes que hagan sus búsquedas en tendencias que renueven el interés de los espectadores genuinos. La plataforma está plantada, habrá que ver si germina.

  • Patricia Monserrat Rodríguez

    Critica de teatro, escritora

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