spot_img

Los libros de lectura

Qué importantes eran los libros de lectura en la escuela primaria. Todos nosotros recordamos con cariño los primeros libros que nos deslumbraron al mostrarnos un mundo fascinante: el mundo de la fábula, de la poesía, del cuento de la historia, de la fantasía.


jpg_Liliana_Bellone.jpgLos libros de lectura fueron luego combatidos con argumentos atendibles, pero como casi siempre ocurre con las posiciones hiper-pedagógicas y tecnocráticas que marchan en dirección a modas a menudo totalizadoras y dogmáticas, olvidaron reconocer las parcelas positivas del objeto libro de lectura y la práctica de la lectura, su eficacia en la formación de lectores ávidos, su incidencia en todos los aspectos: afectividad, inteligencia, comunicación, habilidades, destrezas, imaginación.

Para leer, no basta la buena dicción y la entonación, los docentes sabemos que son necesarios la predisposición, la intencionalidad, el interés, la buena posición corporal, de las manos y la mirada si se lee en voz alta, la competencia idiomática, y luego la comprensión y el enriquecimiento de vocabulario.

Estos fundamentos, actitudes y comportamientos parecen ser excesivamente tradicionales pero son los más eficaces y la experiencia ha demostrado que son insuperables (por los audiovisuales, por ejemplo) pues la letra escrita posee un valor simbólico incuestionable, distinto del valor efimero y omnipresente de la imagen, por ejemplo. Pero además los libros de lectura forman gusto y proveen información. Las élites del 80 que proyectaron un modelo de país y educación utilizaron el libro de lectura como vehículo de ideologización.

La Argentina ubérrima del centenario se formó en las lecturas de libros como“Vencerás”, tercer grado,1931, con textos como: “Buenos Aires se transforma”, “Prodigios de la aviación”, “Himno a los muertos por la patria”, “Las maravillas de la radiofonía”, ”Benefactores de la Humanidad”, o el más literario, “Unión” para segundo grado, 1933, con ejercicios de vocabulario y gramática y fragmentos poéticos de Rubén Darío, Gabriela Mistral, Rafael Obligado, “Almas en flor”, para quinto grado,1921, con textos argentinos y universales de alto valor literario: Herrera y Reissing, Belisario Roldán, Azorín, José Manuel Estrada, Juan Ruskin, Domingo F. Sarmiento, Olegario V. Andrade, Núñez de Arce, Manuel Gálvez y Amado Nervo y su gran moral,“Ilusión”para segundo grado, pleno de fábulas y canciones o, en la década del 50 “ ”Fuentes de vida” o ”Ruta gloriosa” para los grados superiores, o los más cercanos “Primeras luces” (mi primer libro de lectura, causante de estos fanatismos, creo) o “Pensamiento”para séptimo grado.

En Salta, y de acuerdo con una orientación más tradicional y católica, el H. C. de Educación de la Provincia aprobó el famoso libros lectura “Por los prados del alma”en1935, para los grados superiores, de la poetisa salteña Clara Saravia Linares de Arias.

Un rápido análisis permite establecer la ideología y orientación de estas lecturas, en general situadas dentro del marco progresista y de la generación del Centenario, culto a los valores patrios, loas al trabajo y a la inmigración y por cierto una configuración ideológica burguesa, la que no causó pocos males en la Argentina (arrogancia, ceguera, individualismo, etc.) pero que paradójicamente formó a líderes revolucionarios como Evita y el Che, a grandes escritores como Marechal y Cortázar (maestros normales nacionales), Sábato, Walsh, a hombres de ciencia y artistas. Desde La Quiaca a Tierra del Fuego, el Honorable Consejo Nacional de Educación había unificado las lecturas (lo que debía se revisado, sin duda, en pos de una mejor mirada regional y local) pero de todos modos lo nacional y universal estaba salvaguardado en los libros de lectura, puerta de entrada, como ya he dicho a la historia, al arte, a la fantasía y, a la crítica, esa actitud que el relativismo posmoderno regido por el mercado, detesta.

El desmembramiento y fragmentación de la educación contribuyó a anular la unidad de lecturas y contenidos y peor aun, al volver los contenidos más ligeros, con el pretexto de lo científico y tecnológico, la educación fue puesta al servicio del mercado y se olvidó de la historia y la literatura, de la filosofía, del urbanismo y …también de la ciencia y el estudio de la lengua (qué lejos aquellos programas de los colegios nacionales donde se enseñaba latín, qué lejos las clases de castellano diseñadas por Pedro Henríquez Ureña y Amado Alonso). Es muy cierto que la instrucción argentina durante gran parte del siglo XX privilegiaba lo europeo sobre lo latinoamericano y regional, creando un espíritu quebrado y no pocas veces cholulo y extranjerizante, pero no debe perderse de vista lo universal.

Se recomienda partir de lo conocido a lo ignoto cuando se enseña, sin embargo en el caso de los niños mayores y púberes, es casi un imperativo partir al revés, desde lo exótico y remoto a lo cercano. ¡Qué mejor que zambullir a nuestros jóvenes en la lectura sobre lejanos países, secretos tramas, ciencia-ficción, aventuras? ¿Acaso nosotros no nos deleitamos con la fantasía de Verne, Salgari, Stevenson, Poe, Wilde? ¿No hemos advertido el asombro de los niños ante la poesía y lo maravilloso, o de los adolescentes ante las intrincadas tramas policiales y fantásticas de Borges?

Apelemos a los caminos de la fantasía y reconstruyamos en gusto por la lectura a través de ese humilde pero mágico instrumento de enseñanza: el libro de lectura en las escuelas.

  • Liliana Bellone

    Escritora salteña
  • Especial para Calchaquimix

    Artículo publicado también en el Pregón de Jujuy

    Domingo 2 de agosto, en la Página Literaria.

Artículos de la misma sección

últimos articulos

Los más populares

Publicidad

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img