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Lhez convirtió en éxito una opera

Una opera icónica con una producción digna, de pocos recursos pero con absoluto profesionalismo. Una vez más el Maestro Jorge Lhez probó que se puede hacer opera combinando cantantes de primerísima línea (Garay, Giordano, Vivas, Meyer) con estudiantes y amateurs. El grupo de gente que armó este proyecto que sonaba utópico fue excelente a luces vista. Unas palabras para el coro que respondió a todos los requerimientos con entrega absoluta.

Demostró que en Salta se puede hacer opera

“La Flauta Mágica” de Mozart. Orquesta y Coro Ucasal. Director: Jorge Lhez. Elenco de actores y cantantes: Tamino: Maico Hsiao: Pamina: Jaquelina Livieri; Papageno: Luciano Garay; Papagena: Cecilia Vicchi; Sarastro: Lucas Debevec-Meyer; Reina de la Noche: Natalia Vivas; Monostatos: Henrique Luperci; Orador: Alberto Jauregui Lorda; Tres Damas: Constanza Díaz Falú, Belén Díaz Falú, Laura Domínguez; Tres Genios: María Eugenia Uraga. Victoria Cataldi, Lucía Guanca, Noelia Gareca; Dos Sacerdotes: Ricardo Rodríguez y Sergio Wamba; Hombres en Armas: José Velardez y Sergio Wamba; Animales del bosque: Multiespacio Rearte de Silvana Rearte y Elias Guzmán. Sábado 25 de junio de 2011. Teatro Provincial de Salta. Lleno total.

Repasemos brevemente los aspectos de esta mágica opera. Obertura: sonó liviana y etérea, a modo de anticipo de lo que vendría luego. Aria Papageno: Luciano Garay es el prototipo de Papageno, con más de un centenar de actuaciones, el papel lo tiene tan incorporado que es parte se su piel, no necesita agregar mas nada, su voz es desenfadada, de corte popular, muy apropiada para el aire de lied de esta parte. Terzetto de las Hadas: la actuación de las hermanas Falú y Domínguez fue de menor a mayor mas contenidas en Jujuy pero muy sueltas en Salta y mucho más musicales. El Aria de Pamino sobre el retrato fue palpitante, de corte impetuoso, aunque en ciertos momentos la voz de Hsiao carece de suficiente volúmen y grosor timbrico.

Las dos apariciones de la Reina de la Noche fueron de lo mejor, patetismo en el inicio del Andante, bien regulada la excitación del Allegro. El último de los dieciocho versos del texto ocupa un minuto de música, que lo llenó Natalia Vivas con una carrera hacia la cima del Fa registro 5. La coloratura de sus agudos respondió en todo su esplendor, con pureza en los picados y presencia en el registro de paso.

El Monostatos de Henrique tuvo caricatura, logrando buen registro nasal para semejar la crueldad, también histriónica la escena entre este y Papageno, cuando se encuentran con todo estupor. Recordemos que este joven es estudiante de canto y demostró que tiene una promisoria carrera por delante.

Excelente la orquesta en los acordes stacattos para las amenzas del Sacerdote en la escena de Tamino y el narrador. La escena de Tamino con la flauta estuvo bien lograda con los animales que lo acompañan, mientras la flauta de Cecilia Ulloque es realmente mágica, impoluta, sin una sola imperfección a lo largo de toda la obra, ella es La Flauta.

El Aria de Pamino y Papageno tuvo gracia, poética sonora y compenetración, como sombras paralelas. La técnica cinematográfica de Mozart se aprecia en toda su dimensión en el dialogo entre la flauta de Garay arriba del escenario y la de la orquesta.

La Pamina de Giordano tuvo ternura y nostalgia, esta joven estudiante del Instituo del Colón tiene sencillamente una voz bella, pura, de gran sentimiento, mientras Papageno cambia su lado bufo y canta una melodía decidida. La aparición de Sarastro ordenando la purificación tiene un impresionante recitativo que Meyer resolvió junto con todas sus apariciones con suprema dignidad, sus bajos son apabullantes, broncíneos y de un timbre oscuro. Su papel fue simplemente impecable.

En el segundo acto tiene otra intervención en la marcha solemne, serena que habla del camino de la iniciación. Es una impresionante meditación, comentada por el coro, que tuvo una de sus mejores intervenciones, solemne en la pulsación ternaria y sotto voce. El coro parece envolver y apoyar al sacerdote con una luz oscura y majestuosa.

Nuevamente la Reina de la noche hace su aparición que deja ver como si fueran las facetas de un diamante sus fa sobreagudos, impecables como flechas dirigidos hacia la platea y sus saltos hacia abajo para demostrar rabia y delirio. El aria de Pamina imitó el latir de un corazón inquieto con sensación de desesperanza y queja, resuelta con profesionalidad por Giordano en donde la nota aguda estuvo en su correcto lugar.

El coral luterano que sigue fue noble y tallado a fuego en los acordes en la intervención de los dos hombres de armadura. El Pa Pa Pa de Garay y Mendez empieza con un balbuceo emocionado, luego se transforma en un dialogo y termina siendo un dúo perfecto, en donde cantan su felicidad en una serie de frases musicales que tuvo magníficos momentos chispeantes, culminando en un asombroso episodio que puede considerarse jazzistico con el «pa pa pa» a modo de fuegos de artificio declarando el triunfo del amor.

Para el final el coro celebra con un imponente andante que tiene reminiscencias en el Himno a la alegría de Beethoven la victoria del sol sobre las tinieblas y del amor sobre la ignorancia.

Los amantes de la lírica seguimos anhelando que se concrete por fin un abono de opera en Salta con este tipo de producciones de al menos tres títulos por temporada, igual que se hace con la Zarzuela, aunque en este caso los esfuerzos fueron a pulmón y sin apoyo oficial. Como afirmó Shiller: «La libertad solo reside en el reino de lo irreal y la belleza en el canto del poeta», nosotros agregamos que la opera nos permitió disfrutar de lo irreal durante casi tres horas, mientras se desplegó a modo de arco iris la belleza sublime de una música que suena como si hubiera sido escrita hoy, fresca, luminosa y con sabia sencillez.

  • Magister Pablo Alejandro Sulic

Ver más en: Impecable Flauta Mágica a sala llena

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