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“La Fiaca” y su versión 2009

Parece que la primera obra teatral famosa que escribió Ricardo Talesnik, La fiaca (1967) todavía le seguirá trayendo alegrías al autor porteño, que se había iniciado unos años antes como guionista de Tv. Efectivamente, el grupo salteño La Delegación ha dado ya las primeras funciones de este trabajo con dirección del actor Raúl Chunco.


La obra se presenta los jueves y sábados a las 22 horas en una sala pequeñita que funciona en la sede provincial de la Asociación Argentina de Actores en calle Rivadavia 937 pudiéndose hacer reservas en el teléfono 4228911.

El realismo crítico que caracterizó al teatro nacional de los años ’60-‘80 fue una de las opciones estéticas que más perviven en el tiempo. Muchos hacedores a lo largo del país y mucho en el noa [[En nuestra provincia el grupo de la Peña Española ha sido uno de los más reconocidos en este oficio del realismo. José Antonio Lázzari ha participado activamente en la puesta de obras destacadas del repertorio del realismo crítico nacional, alcanzando muchas de ellas gran adhesión del público salteño. Lo mismo sucede con el grupo Espacio, de Rafael Monti en Salta. En Tucumán fue muy comentada el año pasado la obra Los lobos, del grupo Armando Discépolo Teatro Federal, el que también tiene tradición en esta clase de estética, así como la añeja Comedia Municipal de Tucumán, dirigida por Rolo Andrada. También en Jujuy los trabajos de los directores Oscar López Zenarruza y de Raúl Maidana, así como en Santiago del Estero los trabajos del reconocido grupo Hacha y Quebracho, de Raúl Dargoltz, siguen decidiendo por el realismo crítico para expresar su identidad teatral. Algunos ejemplos por hablar sólo de los que sucede entre el realismo y el noa argentino. Se me agolpan nombres a nivel país.]] eligen sus códigos y sobre todo sus temas, por el fuerte contenido social y político que estas piezas contienen y que disparan los sentidos de la obra con enérgicas marcas de enunciación de la ideología de los autores setentistas sobre todo. La fiaca no escapa a esa característica e increíblemente el texto se actualiza y puede ser resignificado a pesar de algunos anacronismos.

Esa ha sido una opción anhelada por Raúl Chunco, actor proveniente de esta línea de trabajo teatral y que ahora, en la doble función de actor y director de la obra de Talesnik, aporta gran parte del atractivo de esta puesta en escena. Un actor de los que en el ambiente se llaman “de oficio” al que además se le ven en el cuerpo las ganas que tenía de hacer este proyecto. Su entrada a la escena produce un antes y un después en el trabajo del grupo recientemente lanzado a la actividad con ese nombre.

Como director diseñó la propuesta en el código realista, adaptándose al espacio reducido de la pequeña sala que ahora se integra a la oferta de espacios de teatro independiente para espectáculos de pequeño formato. La salita dispone de unas cuarenta y pico de butacas apretadas, con muchos sueños contenidos en cada rincón del lugar y con imperiosa necesidad de apoyo del público para completar un equipamiento técnico que permita mayores posibilidades a la ilusión teatral. Más allá de eso, esta clase de espacios abundan en la región y en el país y hablan de las ganas, el ingenio y de la capacidad de resistir de la gente del teatro independiente.

La obra plantea la problemática de un empleado mediocre que decide, por fiaca, no asistir a la oficina de la multinacional Global Net y provoca con su conducta otras que constituyen la riqueza de la obra. El matrimonio se pone a prueba, los parentescos demuestran su condicionalidad, el poder económico despliega perversamente sus estrategias y sus representantes ejecutan la melodía del yugo. La amistad que se constituye como el único vínculo incorruptible termina mostrando también “la hilacha” e inundando la escena con el olor característico de la pérdida de los valores éticos.

La política hace su entrada de lleno en este trabajo y nos devuelve de una cachetada a la realidad tercermundista. No es posible la resistencia inactiva. La conducta de Néstor- Enrique Marini– queda como un capricho llevado supinamente ante las desbordantes astucias y trampas con las que el sistema doblega a los sujetos. El propio Néstor navega en un mar de incertidumbres hasta que él mismo causa su naufragio ante el inminente desembarco de la brigada de salvación periodística, que llenaría de sentido errado una conducta iniciada en el absurdo.

Como no asociar esta fábula a las múltiples conductas de nuestros últimos referentes políticos volátiles, que no dudan en irse detrás del acuerdo, polo, alianza, convenio, unión, lema (arreglo, bah!) que más les conviene dejando atrás los huracanes de ilusiones desatados en torno a ellos. El sándwich más amargo en la vida de Néstor y en la de tantos ciudadanos de las nuevas urnas. La fiaca derrama certera su cicuta a la clase dirigente y a los ciudadanos que como Néstor siguen pensando en el hambre de hoy y nada para mañana, quizás por la fiaca, ese sentimiento tan ítaloargentino que hemos sabido perpetuar.

Entre los actores del elenco puede disfrutarse de manera creciente el trabajo actoral de Enrique Marini, sobre todo en las escenas con Peralta- Raúl Chunco ya que entre ellos se establece una sintonía comunicativa acertada y dinámica. Correcta por momentos Nena Córdoba, en el protagónico femenino. Completan el trabajo Vicente Rocha en el rol de Jáuregui y en otro registro actoral, el grotesco, exaltada y sin matices, muy al borde de la maquieta, la actriz, dirigente local del teatro y titiritera Cristina Sánchez. Entre los muchos aciertos del espectáculo, debe descontarse el de la banda sonora musical que resulta en gran parte un comentario de las escenas y no aporta como signo a la totalidad, aunque cumple efectivamente en las escenas centrales entre Peralta y Néstor.

Sin duda, “La fiaca, última versión” [[Justamente en la Peña Española se vió en 1979 una versión de la aclamada “La fiaca” de Talesnik, protagonizada en aquella ocasión por Jorge Rodríguez, la “Negra”Lucrecia Ramos -impresionante recuerdo me queda de ella en ese trabajo-Roberto Lascano como Peralta, José Antonio Lázzari como Jáuregui y la actriz Percello como la madre. Esa puesta fue dirigida por Pelusa Ramos, ahora viviendo en Bs As pero siempre de visita por nuestra Salta.]] como se anuncia en los programas sabrá dignamente recoger a ese público ávido de ofertas interesantes, accesibles y que además aportan al espíritu más que una historia. Además de ser un sueño anhelado por el grupo La delegación la obra constituye un pasaporte al teatro de nuestros padres y un buen chapuzón en el discurso neoliberal que sigue presente en el pan nuestro de cada día.

Agradezco la valiosa información y la siempre agradable nostalgia y charla con José Antonio Lázzari, que me hizo recordar detalles del grupo Peña Española y de “La Fiaca” primera versión.

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