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La Faranda, lectura de un camino

El grupo de teatro independiente La Faranda presentó en Salta su último trabajo “Fedro y el dragón, tragedia medieval”. Recorrido teatral de un grupo salteño que acaba de recibir unos premios importantes y es único elenco invitado del NOA en la Fiesta Nacional en el Chaco a fin de este mes.


Este grupo está compuesto por la pareja de titiriteros Claudia Peña y Fernando Arancibia y llevan trabajando juntos desde 1998, fecha en que se separaron del grupo de actores denominado “El Pequeño Teatro”.

Sus primeros trabajos daban cuenta de la búsqueda de un estilo propio, trabajaron con textos “seguros” (siempre adaptaciones de clásicos o textos literarios ya consagrados para el ámbito escolar sobre todo) y un abordaje plástico más bien accesible y delicado. La actuación de aquellos trabajos manifestaba ya el interés del grupo por profesionalizarse, hablaban de un camino de aprendizaje y experimentación, de reconocimiento de los materiales y técnicas, el riesgo no se ponía en los textos sino más bien en el diseño de los muñecos y el dominio del código, la ambientación y el movimiento.

Poco a poco fueron incorporando matices o rasgos plásticos que delineaban una nueva forma de interpretar el texto, y se consolidaron en la creación virtuosa de los muñecos. En una entrevista de radio en la que yo intentaba clasificar sus títeres dentro de las categorías existentes Claudia atribuyó a sus criaturas el nombre de “títeres mecánicos”. Permiten mayor movimiento y detalles de éste; no son planos aunque evocan una dimensionalidad imperfecta, recortada y producen un distanciamiento claro pues develan la identidad artificial de los muñecos aunque siempre es posible hallar un elemento que los hace reconocibles y universales en el propio diseño del títere o del personaje.

Se diferencian claramente de los títeres planos, las marionetas, los de varilla y los tradicionales de guante. Y así quedaron en la clasificación, introdujeron esta nueva categoría titiriteril para su trabajo en Salta y luego se ocuparon en destacarse en eso aprovechando el grado de conocimientos adquiridos en los años invertidos en aprender y probar más la veta creativa del artesano Arancibia , la muy buena comunicación que surge de ambos creadores y las diferentes competencias teatrales ya consolidadas.

jpg_La_Faranda3.jpgLos títeres mecánicos aparecieron en pleno en la versión de Don Quijote, posteriormente fueron protagonistas en la obra “De Fierro” que sembró virtuosidades o hallazgos en la manipulación y en el efectismo que introducidos con mucha oportunidad logran para generar los climas necesarios para la obra. Siempre combinados y complementándose con títeres de varilla, planos, de guante.Los clásicos.

Cuando presentaron en la calle Balcarce su trabajo “El teatro más pequeño del mundo” con dos obras en el repertorio pensé que estos creadores habían logrado un tope magnífico. Una caja negra que no superaba el tamaño de una radio, auriculares individuales y el titiritero que frente a mi, para mi sola, iniciaba la función. Cualquier espectador ambicioso se siente único, voyeur apreciado y partícipe necesario en el delito teatral, que espía lo que pasa y ve al propio demiurgo “haciendo” el destino de sus criaturas. Una maravilla de artificio, pensé. Claro que el trabajo fue un fracaso económico y pocas veces y muy pocos privilegiados accedimos a aquel espectáculo.

Pero en junio de 2007 fui nuevamente a ver su última producción: “Fedro y el dragón”. Pensé: ¿qué más podrían hacer – a nivel técnico y dramaturgicamente- para superar lo ya visto? Para la función estreno estuvo prevista la interpretación de canciones por un coro de voces e instrumentos que me situaron inmediatamente en la medievalidad. Cabe decir que una función de estreno no es siempre memorable para el espectador competente y a veces la 1º función es una pesadilla para el grupo teatral. Abundan en ella las desprolijidades técnicas, los problemas con el texto, la falta de conocimiento del espacio y sus posibilidades y los desajustes actorales por generalizar de algún modo.

Al comenzar la función nos vamos enterando de la tierna historia de Fedro. La obra desarrolla una gesta épica en un ambiente que augura tragedia y una historia de amor. Un joven gallardo aspirante a caballero del rey. El muchacho tiene a su favor un abanico de valores importante, una princesa que al toque se enamora de él por todo lo que este sencillo escudero encarna y proyecta. Sus problemas pasan por el escaso aprecio que el caballero en jefe- Claudicante- le otorga a su tarea de aprendiz y por una dificultad de pronunciación que conduce a diálogos hilarantes que crean un humor delicado y sobre mueve al espectador tanto grande como al niño en principio a la extrañeza y al instante a la ternura. Fedro (o Pedro) lucha por los valores que constituyen su ideario y enfrenta al dragón. Pero sobre todo se enfrenta a sí mismo, a su manera idealizada de ver el mundo y a los otros, vence su incipiente naturaleza servil y se recrea en el coraje y en el amor. Se reinventa y se apropia de sus sueños. La justicia poética abre la obra y la cierra: el sombrero de la verdad ayuda a develar el destino de Fedro. Una historia acabada y apropiada para los chicos. Con problemas. Pero con más aciertos y una amplia gama de técnicas teatrales que logra atrapar a los chicos multimediáticos en un lenguaje más artesanal, milenario y concreto.

Los problemas de dramaturgia en este trabajo de La Faranda han sido más evidentes en las primeras funciones que en las actuales, lo que vuelve a dejar claro el compromiso con la continuidad y la persistencia de trabajo de los hacedores. Las dilaciones y confusiones se presentaron sobre todo en la caracterización de los personajes y más que nada en la extremada detallada contextualización del conflicto que lateralizan por momentos la historia principal. Quizás por tratarse de un trabajo para niños circula en el imaginario de los creadores que es necesario definir y remarcar la progresión de los hechos y los momentos del peligro. Sin embargo los niños pueden rellenar con más agilidad esos espacios vacíos que incluso pueden dejarse para el niño los reponga en el sentido sin conducirlos tan de cerca. Resulta destacado el trabajo que los creadores han hecho del manejo del suspenso y sobre todo del sostenimiento de este clima mostrando una parte (ojos, bocanada de fuego, garra) por el todo.

Los ojos del dragón que causa estragos en aldeas y amenaza al reino están todo el tiempo acechando y la escena final en la que el artificio mecánico estalla es de un verdadero impacto emocional para los niños y de maravilla para quienes descubrimos la técnica, la síntesis y la belleza mecánica del muñeco dragón. La oportunidad de su aparición, la fiereza con que atropella a Fedro y la carga de ruido y movimiento que se pone en juego esa escena deja a los niños azorados y felices ante el triunfo del David disfemico.

En las nuevas funciones, el ritmo ha sido puesto a punto y el tratamiento de la imagen se acerca mucho a la animación cinematográfica aunque se trata de teatro de sombras.

Quienes conocen diversos trabajos de La Faranda pueden ya reconocer aprendizajes incorporados en las obras y escenas que se repiten en ellas: la presentación de los personajes por ejemplo, o la mostración del romance entre los protagonistas, cierto tono declamatorio en algún momento del héroe o la delineación maniqueísta de los personajes, sobre todo cuando son trabajos para niños, una acertada ambientación musical y la combinación de diferentes técnicas de titiritero para la agilización del espectáculo.

Pero creo que la principal adhesión que capta el grupo- sobre todo en el público adulto- está en su fuerte compromiso artístico y social. Tanto en el tratamiento de la imagen, en la dramaturgia que se elige, en las diferentes perspectivas y propuestas los integrantes ponen el cuerpo a su ideario en cada función. Fierro, Fedro, Quijote, Frondoso no surgen porque sí. La elección se justifica en gran parte por un deseo e identificación del grupo con ideales y conductas en peligro de extinción. Y con un deseo de comunicación y de formación positiva– teatral, literaria pero más que nada humana.

El grupo es uno de los más representativos no ya de Salta sino del NOA, sus logros son reconocidos por el INT que le ha otorgado espacios cada vez más relevantes para mostrar sus trabajos ( han participado de los circuitos de festivales del INT en varias provincias y a fines de marzo están invitados al Chaco, especialmente para la Fiesta Nacional del Teatro), subsidia la actividad del grupo año a año, los espectáculos de La Faranda constituyen cada vez más una garantía de buen teatro independiente. Hace poco han sido reconocidos además con los premios ATINA, organización que se dedica a la promoción de buen teatro para jóvenes y niños.

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