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La cultura en el “posromerismo”

Que la Orquesta Sinfónica de Salta es un asunto de Estado, lo demuestra la reunión que mantuvo el gobernador Juan Manuel Urtubey con la cúpula del Ministerio de Turismo y Cultura, para pedir explicación del porqué la Sinfónica aún no cuenta con una programación 2010.


En realidad, la prioridad de la Sinfónica como asunto de Estado no es noticia, ya que forma parte de su génesis. El espíritu cortesano del romerismo necesitaba un hecho cultural visible y que diera abolengo a su gestión. Así surge la Orquesta, así surge el Ballet de la Provincia. No como una manifestación de fuerzas culturales emergentes, tampoco como un programa para el desarrollo de las bellas artes, pues como es evidente faltan unas cuantas. También faltan los espacios de formación, preocupación que vislumbra Urtubey al pedir un acercamiento de la Sinfónica a la Escuela de Música.

Si la Orquesta suena la cultura también

La primera pregunta que surge es por qué la Sinfónica sigue contando con la exclusividad de la preocupación del Estado, y no lo es, por ejemplo, la formación artística o el libro y la lectura. La respuesta tampoco es noticia, aunque no es tan simple y tajante. En primer plano aparece el ideario conservador que rige sobre el arte y la cultura en Salta: la cultura de los apellidos y los privilegios, el arte como ocio de una clase pudiente a través del cual expresa el orgullo y la tradición de su estirpe. O la reducción de la figura del artista a un divertido y pobre bohemio.

jpg_Sinfonica_de_Salta.jpgLuego, en el corte administrativo y en el gasto público, el dilema parece ser “dónde colocamos a Cultura”. Con Romero fue a parar al Ministerio de Educación. Al asumir Urtubey la liberó de los embates de un área que no podía ocuparse de los asuntos culturales, ya que apenas puede resolver sus propios problemas. Entonces pasó bajo la tutoría de la Secretaría General de Gobernación, una señal esperanzadora, el otro paso sería un Ministerio, pero el vaivén de la gestión de Turismo y la necesidad de no perder prestigio en un área que representa un símbolo de los logros romeristas, crearon al parecer la coyuntura para entender la Cultura como una oportunidad para subastar el paisaje salteño.

¿Cuál es el trasfondo entonces? La continuidad de una política de privilegio que se verifica en primera instancia de dos modos: a) una industria turística que responde a los intereses de los empresarios y poco tiene en cuenta las comunidades, el impacto ambiental y sociocultural; b) una política cultural para la vidriera, sin programa ni sistema, rodeada de un discurso bipolar, porque en la práctica sigue respondiendo a las clases salteñas históricamente hegemónicas, y, sobre todo, con el compromiso de cuidar la imagen del líder político.

Pero si este compromiso fuera encarado desde un programa democrático, formador y sustentable, la buena imagen del líder estaría reflejada en la calidad de sus instituciones culturales, en un clima cultural que se respiraría en Salta, en el desarrollo y la integración de las diversas manifestaciones culturales. Esto, desgraciadamente, no es precisamente lo que sucede.

En el Ministerio de Turismo y Cultura rige hoy un pensamiento de orden administrativo instrumental –para decirlo con términos de Adorno- que responde a un modelo dominante. Por eso la preocupación del Gobierno por los acontecimientos de la Orquesta Sinfónica, y también por los del Ballet. Es que ambas instituciones inclinan la endeble balanza presupuestaria de Cultura.

Discriminación presupuestaria

Si bien no tenemos noticias del presupuesto disponible para Cultura este año, en 2009 se habló de 22 millones. De esta cifra, unos diez millones estaban destinados a la Orquesta y el Ballet, otros diez millones para pagar salarios y solo dos millones para repartir entre las demás áreas y proyectos. Estos números dejan prácticamente fuera de toda discusión el presupuesto recomendado por la UNESCO para cultura, no menos del 1% del producto bruto. En ese caso se habría contado con 42 millones. Si bien suena a un sueño del primer mundo, la provincia de Catamarca, ahisito no más de Salta, ya lo logró. En 2009 Catamarca destinó a cultura 90 millones.

La última información sobre el presupuesto se registró en el 2006.
La última información sobre el presupuesto se registró en el 2006.

En las estadísticas presupuestarias del Sistema de Información Cultural de La Argentina (SInCA), Salta aparece entre las últimas provincias en la lista de inversión por habitante. La última información que aportó la Provincia fue en 2006, año en el que destinó un 0,42% del presupuesto a cultura y $6.42 por habitante. En ese periodo San Luis invirtió $80,97 y en 2007 alcanzaba $119,40 por habitantes. La tendencia en casi todas las provincias en los últimos años ha sido la de incrementar el presupuesto de cultura, sin embargo no ha sucedido esto en Salta. A mediados del año pasado la Secretaría de Cultura se quedó sin presupuesto y se frustró la gira provincial que había emprendido con éxito durante 2008.

Alternativas de financiación

En 2008 se intentó instalar el debate sobre la Ley de Mecenazgo que aprobó la legislatura porteña en 2006 y que facilita la participación del sector privado en el financiamiento de proyectos culturales. Uno de los impulsores de esta ley, Pablo Eugenio Batalla, fue invitado por la Secretaría de Cultura en 2008, donde ofreció una conferencia sobre el proceso de legislación de la ley, sus antecedentes y sus alcances. La vinculación entre Estado y sector privado sería una fuente estimable de financiación tanto para los artistas independientes como para los presupuestos que exigen la Orquesta y el Ballet. Pero no se habló más del tema.

El chisme como categoría pública

El salteño le hurta el cuerpo al debate o la discusión, todo proyecto tiene un lenguaje personalista, y la diferencia se iguala al insulto. El rumor y la intriga determinaron la salida de un director como Luis Gorelik, a quien se le adjudicaba la poca presencia en la ciudad y el gasto que esto significaba. Pero, paradójicamente, fue junto a Gorelik con quien la Orquesta Sinfónica alcanzó el mejor nivel musical de su historia y con quien grabó el primer CD para el sello Sony. Un director que ganó mientras dirigía la Sinfónica de Salta el premio Konex; pero, además, con una excelente capacidad de gestión a quien Salta le debe más de un convenio con instituciones nacionales de primera línea.

Sin restarle méritos al maestro Enrique Roel, resulta contraproducente que el Gobernador tenga que intervenir en la programación de la Orquesta cuando el veredicto del jurado del concurso argumentó al darle el primer lugar por encima de Gorelik: “Asimismo, su proyecto resulta apropiado para las necesidades del organismo en todos sus aspectos…”

En ese concierto bullanguero contra el ex director y la misma Orquesta, participaron funcionarios y ex funcionarios, y muchos de los medios de difusión salteños que relatan la cultura con el mismo morbo que un raid criminal. Es así como el rumor y la mediocridad ascienden a categoría pública y de Estado.

La pregunta del Gobernador

Muchachos, ¿qué pasa con la programación de la Orquesta?– pregunta Urtubey a sus ministros.

Urtubey con el Ministro de Turismo y Cultura
Urtubey con el Ministro de Turismo y Cultura
Pero la pregunta debió ser: qué pasa con la cultura. Lo cierto es que la Orquesta y el Ballet ya existen, ahora no solo hay que hacerse cargo, sino lograr que su influencia siga generando desarrollo artístico en la Provincia. El problema es lo que no existe, la primera preocupación del Gobernador y sus funcionarios no debiera ser el programa 2010 de la Orquesta. Pues lo que no hay es un programa de política cultural.

No se trata de restarle importancia a la Sinfónica, sino en todo caso de darle justa importancia. Las otras áreas de cultura merecen, al menos, una igualdad de presupuesto al que maneja el Instituto de Música y Danza. Y merecen, también, ser de la preocupación del Ejecutivo.

La preocupación del Gobernador también debería tomar otros aspectos esenciales, por ejemplo, ¿cuál es la apertura cultural que Salta necesita y que la contemporaneidad le exige? Es posible que después de diez años de romerismo, los cambios y esa apertura sean difíciles de coordinar. Pero es hora de pensar cuánto tiempo y bajo qué signos debe ocurrir esa transición en materia de política cultural.

Sin embargo, mientras perdure la visión del área cultural como un juego de marketing político, los problemas de Cultura tendrán una sola respuesta: una Salta dormida en el tiempo, atrapada en una era posromerista.

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