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Juegos Florales ideas marchitas

Criticar a los Juegos Florales, concurso de poesía convocado por la Secretaría de Cultura de la Provincia, puede parecer a primera vista un despropósito. Sobre todo, cuando ya se conocen los ganadores que el miércoles 24 de noviembre recibirán con orgullo lógico sus premios en el auditorio Walter Adet de la Biblioteca Provincial.


Pero el resurgimiento abrupto de este concurso, es síntoma de prácticas culturales que responden a paradigmas conservadores y a la falta de un programa de desarrollo del arte y la cultura. Hablando en criollo, una actividad cultural que se lleva a los ponchazos, donde predomina un pensamiento acrítico, y pretende legitimarse rescatando el pasado, o simplemente retornar a las prácticas pueblerinas que tanta tranquilidad da a los espíritus tradicionalistas.

Pero esa Salta de antaño ya no existe, es una ficción que constantemente se construye desde el espacio oficial de dos modos: hacia fuera para vender al turista una imagen de costumbrismo, y hacia adentro para mantener los órdenes de casta preestablecidos, es decir, somos así porque siempre hemos sido así, ¿para qué cambiar…?

Paradigmas obsoletos

Los Juegos Florales aparecen en este panorama como un “ataque de nostalgia”, un capricho que no se justifica ni en la necesidad de los escritores de hoy, ni en el imperativo de un requerimiento literario. El carácter de su convocatoria encierra dos injusticias hacia los escritores salteños, por un lado limita la participación a un tema: “Canto a Septiembre en Salta, en el año del Bicentenario de la Patria”, requisito circunstancial que responde más a un concurso de promoción o responsabilidad social de una empresa o institución que al ámbito literario.

Juegos_Florales.jpgLa otra injusticia es que estos autores circunstanciales que participan en los Juegos Florales, reciban una remuneración que no recibe ninguno de los escritores ganadores de los premios de estímulo a la creación artística. No se critica aquí el hecho de que los ganadores de los Juegos Florales reciban tres mil pesos o una netbook; se critica que el principal premio literario de la provincia en los distintos géneros, no remunere a sus ganadores, quienes muchas veces son autores de reconocida trayectoria.

Es al menos un sinsentido, dar mayor jerarquía económica a un concurso como los Juegos Florales que fue una instancia previa a los premios de estímulos a la creación, convocatoria esta última que plantea la Provincia como su contribución más importante a la literatura local. Ahora, ¿en qué consiste esta contribución?

Contrariamente a lo que ocurre en los demás premios de estímulos, como el de pintura, fotografía, etc., es la única convocatoria que no prevé remuneración monetaria. El premio consiste en la publicación de la obra ganadora, sobre la cual el autor no percibe derechos ninguno. Los libros publicados por la Secretaría de Cultura carecen de distribución y los autores terminan almacenándolos en su casa, regalándolos a colegas o, los más ingenuos, conformándose con la distinción que le permitirá tal vez en su vejez ser merecedor del exiguo estipendio al mérito artístico, o lograr inaugurar en vida una biblioteca popular con su nombre. Si en fin, todo lo que se puede aspirar en esta Salta es a una promoción de egos.

Particularmente, la edición 2010 de los concursos literarios de la Secretaría, tuvo un hecho poco cuidadoso en la conformación del jurado. De ninguna manera objetamos la capacidad y calidad del jurado integrado por Eduardo Rosenzvaig, Alberto Tasso, Susana Aguiar, Elisa Moyano y Juan Ahuerma Salazar. Lo inadecuado del hecho, es que estos cinco escritores tuvieron que expedirse sobre todos los géneros convocados: cuento, poesía, novela y teatro. Otra vez primó en esta economía el carácter instrumentalista de la actual gestión: para qué gastar en jurados para cada género, si estos cinco pueden trabajar el doble. Resulta que la percepción que tiene una persona sobre distintos géneros no es la misma y que no todos los escritores o críticos están capacitados para juzgar algunos géneros.

El teatro es un ejemplo de esto, un arte con reglas y características muy específicas, no muy frecuentado por escritores y críticos literarios. Es por eso que la mayoría del jurado se declaró incompetente para juzgar la obra que finalmente ganó. El hecho no desmerece ni al jurado ni a la calidad de las obras ganadoras, pero sí limita la diversidad de criterio, y un aspecto no menos importante, la posibilidad de dar fuentes de trabajo a los escritores, ya que un jurado que debió estar integrado mínimamente por tres miembros por género, esto daría un número de 12 especialistas, se redujo a la cifra de cinco.

Una legislación necesaria

Todo esto justifica la crítica a los llamados Juegos Florales, no para promover su desaparición, sino para repensarlo como una instancia más como aporte a un circuito literario que es una deuda urgente para los escritores salteños. Pues, como pasa en todas las áreas artísticas, no existe una política de la literatura y el libro que contemple edición, distribución, promoción de la lectura y de los autores salteños. Salta no se ha podido recuperar del fracaso administrativo que significó la Comisión Bicameral Examinadora de Obras de Autores Salteños, desaparecida hace unos 15 años.

Actualmente, la Unión Salteña de Escritores (USDE), está llevando negociaciones con el secretario de Cultura, Mariano Ovejero, para crear un Fondo Editorial de Autores Salteños. Ovejero ha prometido incluir este proyecto en el pedido del presupuesto de 2011, un año de elecciones en el que podrían obtenerse varias prebendas, según crean los políticos lo que es conveniente para sus campañas.

La noticia igualmente es alentadora, pero está lejos de dar una solución propicia. Hace poco Edwin Harvey dictó un seminario en Salta, invitado por Cultura, sobre políticas públicas culturales; allí explicó los inconvenientes resultantes de depender de un monto dentro del presupuesto anual para sustentar proyectos a largos plazos, ya que los presupuestos son sensibles a eventuales crisis, a cambios en el Ejecutivo, etc. Mientras todo aquel proyecto cultural que es legislado incluyendo la asignación de recursos económicos, tiene posibilidades concretas de sostenerse más allá de las circunstancias políticas y de protagonistas individuales.

Salta es una de las pocas provincias del país que carece, no solo de una legislación sobre el libro, sino que no cuenta con legislación cultural; es así que toda la política cultural está expuesta a los criterios de los ministros y secretarios de turno, condenada a operaciones políticas personalistas, a expensas de lo que cada Ejecutivo entienda para qué sirve esa área.

Artistas funcionales

De algún modo los trabajadores de la cultura de todas las áreas se han acomodado a estas condiciones, otorgando un carácter natural al despotismo de los funcionarios, los favoritismos y las malas condiciones de contratación o pago de las actividades que se realizan en convenio con la Secretaría de Cultura. De este modo la ausencia de un programa cultural, la falta de legislaciones que respalden la labor de artistas y gestores, está sustentada por las prácticas pocas claras – de orden conceptual y ético- en las que también incurren los trabajadores de la cultura al igual que los funcionarios.

Para romper con esta retroalimentación entre goce de poder del funcionario y goce de ego de los artistas, es necesario un cambio de paradigma sobre los conceptos de arte y cultura en Salta. Todo lo que se haga dentro de las actuales condiciones que responden a mitos sociales legitimados desde una clase política y social históricamente hegemónica, está condenado al fracaso.

En el caso específico de la literatura, es necesario romper con ese mito sobre el escritor bohemio que regala su libro y que se conforma con una botella de vino salteño, que escribe por y para las musas y que no necesita dinero. El escritor come y caga como el general que hace su guerra y el político que construye poder. Pero hacer un libro no es ninguna de estas dos cosas y a la vez es esas cosas y todas las cosas.

Precisamente por representar un nuevo paradigma emergente dentro del mapa cultural salteño, dejo las últimas palabras en la voz del joven escritor Juan Manuel Díaz Pas, miembro de uno de los pocos movimientos vitales que tiene el arte Salteño: Ya Era. Un grupo que puede ser contradictorio, pero en él se está escribiendo lo más atendible de la poesía actual en Salta, con nombres como Alejandro Luna, Varas Mora, entre otros. Una poesía social «posutópica» que se emplaza en una urbanidad urgente, y enuncia desde ese espacio. En uno de sus correlatos críticos, polemizando con Alejandro Morandini, relata Pas:

“Eran tiempos de miseria material e intelectual en la casa donde vive la cultura, Caseros 460, por si no lo encuentran en el Google map. ¿De qué manera los poetas y funcionarios de la poesía, encantados en digitar el sistema de sucesión literaria, “objetivaban la realidad de su tierra”? Si leemos el poema 27 de Crack vemos que la voz generada desde ese lugar extraño a la percepción oficial impugna la validez del discurso hegemónico:

¿qué poesía ? que el choto me chupe la poesía

he leído y escrito palabras sin carne ni lengua

ahora ya fue o va a ser

y la poesía: antiguo espiral de muertos en la boca”

Nada más lejos del bucólico “Canto a Septiembre en Salta, en el año del Bicentenario de la Patria”. Pero sí cerca de esa otra patria que existe en Salta: la diversa y vital.

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