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Intensamente El Ojo

Hay una vieja y reiterada pregunta que se formula de este modo: qué se ve cuando se ve. El intento de contestarla es el trabajo de buena parte de la crítica del arte, y del propio arte; sobre todo a partir de cierto momento de la cultura, cuando quedó claro que la mirada tiene mucha incidencia en la consideración de qué es arte, y en consecuencia de qué no lo es.


La mirada integra de un modo fundamental esta complejidad; siempre ha sido así, pero hoy tenemos conciencia de que la armazón estética, filosófica y cultural se resentiría en su base si, de pronto, dejáramos de mirarla: de contar con ella, de usarla.

La mirada no es sólo testigo, no sólo registra el esfuerzo humano, sino que lo induce y lo crea: tiene el poder enorme de hacer el recorte, dotarlo de contenido e incluirlo en la gran correntada. Y si esto es así, lo es en grado sumo en algunos registros: por ejemplo, cuando el protagonista es la fotografía, porque entonces la mirada no es añadido sino elemento “sine qua non”: parte fundida en la trama.

Podría decirse que en este caso el ojo es más ojo que nunca: casi no es otra cosa, sólo que incide con sensibilidad y conocimiento: trabaja sobre lo que ya ha visto, tal vez sobre lo que ha visto muchas veces, pero lo hace como si sostuviera una mirada inédita y descubriera por primera vez lo que está incorporando para los demás.

Este libro de fotografías forma parte del trabajo complejo que es a la vez recorrido e intensidad. Su autor, Mariano Cornejo, ha resuelto mirar para saber qué ve, y estas fotografías son el logro de sus búsquedas.

Mariano_Cornejo-Fotos.jpgLo visto en este caso ha sido recorrido muchas veces por el artista, en largas cabalgatas por los cerros de Salta, y ha elegido registrarlo “como se oía en un principio el mundo”, según sus propias palabras en un relato de esos viajes por la cordillera. Querer ver el mundo como si fuera reciente, desprovisto de excesivos rastros y de abusos de civilización, es una vieja apetencia. Y la pregunta consecuente, puesto que estamos ante un libro que intenta un rescate, es qué idea lo preside. Una respuesta posible, al menos la mía, sería que este libro tiene y no tiene como referencia a Salta: no por ambigüedad, sino por deliberación.

El objeto perseguido es, sin dudas, Salta; pero es también algo previo, que colinda con lo natural: una idea directa, sin mucha intermediación de la cultura, y menos de la civilización, pero que tampoco se parapeta detrás de un adanismo ingenuo que, además, sería imposible. Quiere, en todo caso, la materia de la que está hecha la región, y en ese continente caben trozos, piedras, herramientas, ángulos, hondonadas, menciones a leyendas, huellas humanas, cosas ya olvidadas.

El trabajo de Cornejo, entonces, ha sido doble: armar una trama con mucho conocimiento, incluso una trama sofisticada, para en seguida prescindir, hasta donde sea posible, de ella. Se trata, en efecto, de Salta, de todo lo que él sabe de esta tierra por la que ha pasado mucho tiempo humano, y a la vez de un intento de despojarla de excesos identificatorios y, desde luego, del decorativismo al uso. Son expresiones de algo antiguo, casi secreto, pero que sigue dando vueltas por allí, conviviendo con lo reciente, con lo inevitablemente contemporáneo. Aquí no se encontrará la Salta turística, ni el “salteño escénico”, sino algo previo o, en todo caso, un punto de vista distinto, que no simpatiza con ese requerimiento de esta época.

Las cosas están ahí, ofrecidas al ojo, pero el problema son sus relaciones: de qué manera se vinculan por afinidad o discordia, en palabras presocráticas, y terminan configurando el mundo. El artista, el ojo del que ve, establece un nuevo contrato, y ese nuevo contrato es nada menos que el resultado del arte

  • Prólogo del libro “Salta por Mariano Cornejo”
    Por Santiago Sylvester,

    Escritor y poeta.

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