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Humor negro en clave cómica

La comedia “Maté un tipo” de Daniel Dalmaroni (La Plata, 1961) sube a escena durante viernes y sábados de febrero-marzo y abre la temporada de estrenos de los conocidos grupos de teatro independiente de la cartelera salteña 2011.

Teatro los fines de semana

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El grupo La DelegaciónTeatro- que desarrolla sus actividades en la Delegación Salta de la Asociación Argentina de Actores (AAA) de calle Rivadavia 937- eligió esta vez la comedia negra del distinguido dramaturgo platense para contar los fragmentos de furia, libertad y temor de un asesino serial.

Y aporta con esta puesta a la actividad escénica local instalando cierta continuidad de cartel en la salita “Elías Antar”. Entre las búsquedas del grupo liderado por el actor Raúl Chunco se renueva el contrato con la comedia, se destaca este interés del grupo por provocar la risa desde diferentes claves cómicas que van desde el grotesco, la parodia y ahora el humor negro. Han incursionado también en el drama pero siempre desde el realismo y con afán socio-crítico.

Una de las virtudes de La Delegación Teatro reside en montar obras de argumento accesible y con tintes populares, de segura resonancia en el público y sobre todo con textos eficaces. En este caso la comedia de Dalmaroni ha sido muy requerida en diversos escenarios desde su estreno en 2007. La dramaturgia de este autor se reconoció no sólo a nivel académico y editorial sino en la aceptación de sus historias por parte del consumidor de teatro. Allí el primer acierto de este espectáculo.

Como se repite en este grupo la escenografía es austera y eficaz como signo escénico; el reducido espacio de la sala permite cierta intimidad pero también limita la puesta y los desplazamientos que se presentan desde la dramaturgia. Este inconveniente se neutraliza gracias al oficio del director que diseña con luces algunas escenas importantes de la obra.

Un hallazgo afortunado que permite al espectador el disfrute de la obra se logra con la pareja de actores-Cristian Villareal (Ernesto) y Sonia Párraga (Marta) quienes no convencen durante los primeros quince minutos de pasada de texto pero luego van hallando un registro más adecuado al género. Pasada la escena del cajero automático se observa el compromiso corporal de Villareal atravesándolo.

Gran parte de las primeras escenas se pierden en una sola mueca prematura de Ernesto, más frecuente en el melodrama que natural de la comedia. La gracia del género se sostiene en que el personaje está sufriendo de verdad los ataques de furia que desencadenan las muertes aludidas del conflicto; por ello la escasa gestualidad debilita el inicio de la intriga. Pero se supera avanzando en las muertes hasta el remate final en que se introduce el personaje de Chunco-Frikman- provocando el interesante juego del teatro dentro del teatro.

Frikman propone hallar las claves de los episodios violentos de Ernesto a través de un ejercicio de psicodrama, a fin de develar las verdades vigiladas por la pareja protagonista. La inversión de los roles familiares potencia el desarrollo de la intriga, permite otro guiño del espectador hasta el final, en que la clave cómica avanza ya sobre los límites éticos y morales e instala el juego sucio de la historia. El golpe bajo que anula la simpatía construida con el “killer”local en el instante en que se apaga la luz.

Leyendo la obra un poco más fino emerge el estupor que muchas veces nos invade cuando vemos los datos de la actualidad nacional. Surge la inversión- el mundo dado vuelta, el caos en el que padres e hijos están al revés, las mujeres son hombres y viceversa (los vecinos amigos aludidos por Marta) y la degradación.

Estos signos son la parte seria de esta comedia oscura que una vez más toca el tema de las familias disfuncionales y del hombre alienado por las emociones violentas en una exageración desmadrada. Ni el psicoanálisis, ni los afectos ni los mandatos sociales sirven para nada con un sujeto fuera de cauce. ¡Otra que un día de furia! Esto es la naturalización de días de furia acumulados, la complicidad sin escrúpulos y el sacrificio de los inocentes. La comedia se ríe de lo degradado del hombre.

Chunco-Dalmaroni proponen este juego, cada uno desde su oficio y Villareal entrega lo suyo para la credibilidad del espectáculo.

Los fragmentos musicales elegidos para subrayar las escenas relevantes de la obra despistan al espectador de su clave cómica, descoloca al trabajo de la identidad más popular en que el grupo instala la puesta. Otro interrogante que me quedó es el personaje de Frikman que propone un Hitler ultrajado en un interesante intento que al inicio genera risa pero no aporta más.

“Maté a un tipo”(o una tipa) seguirá en escena durante este mes de carnavales, momento justo en que todo está permitido, el Rey Momo permite descalabros sin condena. La obra comienza pasaditas las 22 en Rivadavia 937 con entradas a $20.

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