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Historia de una familia boliviana

El documental Return to Bolivia relata el viaje a su país de origen de una familia boliviana que vive en Argentina atendiendo una verdulería. Fue rodada con escasos recursos y un equipo de filmación mínimo y se estrenó esta semana en las salas argentinas.

Se estrenó el filme documental “Return to Bolivia”

El documental Return to Bolivia relata el viaje a su país de origen de una familia boliviana que vive en Argentina atendiendo una verdulería. Fue rodada con escasos recursos y un equipo de filmación mínimo y se estrenó esta semana en las salas argentinas.

La opera prima de Mariano Raffo que relata el viaje a su país de origen de una familia boliviana que vive en Argentina atendiendo una verdulería. Contada como una suerte de road movie de observación, la cámara sigue a una pareja de bolivianos (David y Janet) con sus tres hijos, que viajan hacia Villazón primero, para encontrarse con los familiares de Janet, y a un caserío en pleno altiplano, entre Oruro y La Paz donde se reúnen con los padres de David, que hasta entonces no conocen a sus nietos.

«Si bien la cámara siempre trata de ocultarse, ellos saben todo el tiempo cuándo está encendida, pero es como que la cámara pasa a ser un integrante más del grupo y del viaje», contó a Télam el realizador del filme sobre la manufactura del trabajo.

Rodada con escasos recursos y un equipo de filmación mínimo que incluyó a Raffo y la productora y sonidista del filme, Mariana Bools, que es la mujer del realizador, el tramo central de la película es el viaje que realiza la familia boliviana en enero de 2006 desde Buenos Aires hasta el caserío de Capunuta, cerca de La Paz.

La idea del proyecto, cuya idea, investigación y guión pertenece a la pareja Raffo-Bools, «siempre fue la de un tratamiento muy íntimo de la historia particular de esta familia, contada como desde adentro del núcleo familiar, que determinó también el modo de filmarla», contó el director.

Raffo dice que «no buscamos la entrevista a cámara sino que intentamos armar la historia desde la observación de esta familia», que Raffo y Bools conocieron porque atendían una verdulería cercana a la casa de ellos en el barrio de Floresta.

«De cualquier modo -asegura- por más que sea un documental y por más que uno registra la realidad intentando incidir lo mínimo posible, se trata de una historia construida y de una historia cinematográfica».

«En la mesa de montaje hay una manipulación inevitable que da como resultado una historia particular dentro de otras posibles y donde la película no aspira a ser «la realidad’ ni ’la realidad de los bolivianos en Argentina’ sino la historia de esta familia particular, que es migrante y que ocho años después de haber dejado Bolivia vuelve para reencontrarse con sus afectos», cuenta el director.

Ganadora del premio al Mejor Documental Extranjero del XI Festival Icaro de Guatemala y al Mejor Documental del Festival de Gualeguaychú, la cinta conmueve por la carga dramática que es capaz de construir en una historia donde unos padres que viven solos en un caserío del altiplano extrañan, vuelven a ver a sus hijos y conocen a sus nietos cuando ya creen que están cerca de la muerte.

«Los abuelos son personajes muy fuertes y son los transmisores de toda una cultura que, en una gran ciudad como Buenos Aires y lejos de su lugar de origen, los hijos de esta pareja están perdiendo», dijo Raffo. «Estos abuelos, por el contrario, mantienen sus rutinas, el lenguaje aymara, un determinado ritmo y cosmovisión y relatan a los niños una serie de historias y cuentos que hablan de su cultura», añadió el realizador.

Raffo aseguró que en un documental «uno está todo el tiempo a la expectativa de lo que puede suceder» y que más allá de lo que uno registra «la película se arma y adquiere su fisonomía en la mesa de montaje».

«Nosotros empezamos la película creyendo que íbamos a filmar otra cosa, no es que teníamos la idea de la película en la cabeza mientras la filmábamos sino que la película surgió después de reunir todo el material», relató.

Con una bellísima banda sonora de Zelmar Garín que combina lo propio del paisaje musical andino con una serie de intervenciones electrónicas que le aportan un cierto extrañamiento, el filme se puede ver desde el jueves en el ArteCinema de Constitución y en el Centro Cultural de la Cooperación, mientras que posteriormente se estrenará en Cinema Plaza Shopping Center de Liniers.

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