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“Gorrita” lo mejor entre ofertas sin identidad

La cartelera de espectáculos en vacaciones dedicada a “los locos bajitos” está desbordando de ofertas sin identidad. Los escasos productos que si develan cierta inteligencia en su génesis y construcción, cierta artesanía intelectual, están predicando en el desierto-salas casi vacías-, pero levantan su voz con la simpatía necesaria para abrir cabezas y entretener con sensatez.


La ciudad de Salta ofrece un gran porcentaje de productos digeridos, comenzando por el ogro verde y otros, menos visuales pero hiperactivantes, gags y peripecias masticadas por la tele y recicladas en las versiones oportunistas teatrales- musicales. Los cines están llenos de estos fast food a costos globales.

“Gorrita Roja”, lo mejor

La cartelera teatral “made in casa” presenta propuestas de muy buena factura- “Fedro y el dragón” y “Gorrita roja” son las propuestas razonables para pasar una tarde diferente en compañía de los chicos. Mientras “Fedro” y su fantástico dragón medieval (Ver: La Faranda, lectura de un camino) cuenta ya con un recorrido exitoso y ha cosechado buena fortuna en la platea de escolares, “Gorrita” es una obra que viene asomando la cabeza con dignidad en la pista de ofertas educativas y provoca una diversión singular a partir de una historia trillada.

“Gorrita roja” es un producto artesanal, original para esta plaza- téngase en cuenta que Salta no cuenta con el interés y el aparato creativo comunitario tan fuerte que hay en otras ciudades por el teatro popular, a menos que se trate de espectáculos de marca folclórica o de títeres clásicos. Inteligentemente construida por un grupo de docentes y actores locales con dirección de Diego López, la obra divierte, enseña y convoca el interés sobre el andamio de una historia que todos conocen.

El relato de la Caperucita roja es la trama de base maravillosa que genera esta oferta para chicos, pero incorpora condimentos localistas y una efectiva sazón de recursos del código infantil actual.

Una combinación de humor simple- gags y peripecias gastadas pero reinventados y colocados estratégicamente para no cansar-, melodías populares y localistas que perfilan la identidad a la obra, y la onda del teatro comunitario que aporta el tinte político. Todo hecho a mano y con aire vallisto.

La agudeza de la obra se instaura en el tema visitado: la corrupción. Esta problemática provoca algunos pliegues incómodos de comunicar eficazmente a la platea infantil y que se deben resolver con una buena dramaturgia. El grupo insignescotudos lo logra a partir de una creación colectiva- que han superado los problemas de falta de síntesis tan frecuentes en esta clase de prácticas de escritura- que sin grandes hallazgos en cuanto a ideas ha podido engarzarlas en una secuenciación sugerente y agradable.

La identidad folclórica está visible todo el tiempo, mucho del trabajo se sostiene por lo musical- la comparsa, la baguala y la coplita, la ronda, el rap, la zamba son los ritmos elegidos para la construcción de una dramaturgia paralela al texto. Los instrumentos musicales regionales también entran en esta coherencia, y se han convocado también los juglarescos más propios de la estética comunitaria popular.

Los signos corporales y gestuales se acoplan al código visual que desata la parodia; desde el vestuario colorido que de entrada sitúa al espectador en la tipología de personajes que desarrollarán otra historia de Caperucita. Se aprovechó asimismo la notable asintonía física de los actores para resignificar sentidos, mientras Caperucita- en la obra la actriz Luciana Rajal– se destaca por su inocencia civil y romántica, por su pequeñez; el Lobo de esta versión- el actor y docente Daniel Silvestri– constituye un hallazgo actoral.

No sólo por su aspecto goliatoso o srekiano sino por lo orgánico de su trabajo, ya que construye al pícaro argento, al político nefasto pero agradable, una especie de villano reciclable.

El coro de mujeres completa adecuadamente las necesidades colectivas de la historia. Pablo Dragone– por momentos antagonista, por momentos la voz del pueblo y hombre orquesta aporta su competencia clownesca y su ductilidad en el lenguaje del mimo.

La dirección del espectáculo eligió la sobriedad de recursos escénicos y deposita en los juglares-comediantes el peso del trabajo; se observa el compromiso no sólo en la investigación sino en la comunicación de los sentidos.

“Gorrita” pone en palabra las representaciones sociales de la sociedad salteña respecto de sus políticos y de sus personajes y mecanismos de funcionamiento, lo que hacen es desarticular con humor simple el aparato de la corrupción circulante.

Ruth Mehl habla en su libro-El teatro para niños y sus paradojas- sobre la complejidad de lenguajes que impone el teatro para niños a los hacedores, se refiere a la sutileza con la que los elementos dramáticos deben hallarse y combinarse para no bastardear el producto ni subestimar a los espectadores con facilismos alienantes, dinamismos engañosos y futilidades huecas de contenido pero vistosas.

Nora Lía Sormani– una verdadera autoridad en teoría del teatro para niños- diferencia entre el espectáculo infantil que sigue el modelo de “fiesta y participación” o el de “metáfora y expectación”. Podría decirse que “Gorrita” está a mitad de camino; genera la expectación sin terminar de edificar la metáfora. Se distancia del modelo sucedáneo de la televisión y de la fiestita animada.

Al respecto conviene destacar esta anécdota también del libro de Mehl:”en una de las primeras ediciones de la Feria del Libro se decidió ofrecer algunos espectáculos para niños y ella (la titiritera Mane Bernardo)fue convocada.

Durante una de las funciones,se presentó un ejecutivo de la comisión organizadora de la Feria. Mane cuenta que la sala, colmada, estaba en un silencio total. El buen señor se acercó y le susurró:¿Pero dónde está la participación? Y ella contestó: ¿quiere más participación que este silencio?”

En el caso de la creación de insignescotudos y a la manera de un gourmet, con algunos años encima, se presenta una nutritiva temática que viene acompañada de algunos picantitos y ternuras frescas que invitan a la expectación serena.

Los inconvenientes de la obra no impiden el disfrute del espectáculo, si se superan seguramente se potenciaría su aprovechamiento como producción independiente. Una mejor preparación vocal y coral del grupo de mujeres que genere un diseño sonoro y técnico más atractivo.

La versión del cuento maravilloso que hace López demanda a gritos la impresión de otro dinamismo en algunos momentos del desarrollo; da la impresión de inseguridad en las rutinas o de una lentitud que atenta contra el efecto educativo y de diversión que propone el elenco. Puede leerse que tenga que ver con la lentitud propia de la región o con el descubrimiento paulatino de la farsa civil, de todas maneras dilata el efecto de recepción e impide la reflexión activa de lo que se está viendo.

Esta pesadez ensucia sobre todo la escena en que se parodia la zamba (y con ella el melodrama como el género romanticón que construye los imaginarios femeninos masivos) ya que la falta de una pista sonora obliga a los actores a cantar y bailar mientras inhiben un momento delicioso para el pastiche. O retrasa la caída de la máscara en la escena del descubrimiento del corrupto, hablando ya técnicamente.

Finalmente, hay que destacar que la contradicción más gruesa de la obra está en su génesis: se trata de una obra popular, pensada para espacios públicos que desea crear conciencia política más que entretener y ¿que se presenta en sala convencional como cualquier otra diversión?

Por más que se usen los espacios de pasillo y antesala, falta la calle como el lugar político para provocar a los espectadores y detenerlos a pensar en cómo se hacen las trampas en esta ciudad. Una sala teatral (a la italiana encima) condiciona la mirada y aleja la problemática de las conciencias.

Respecto a público destinatario también vale lo que dice la estudiosa Nora Sormani (“Qué es el teatro para niños” en Revista el Apuntador, Córdoba,2006) : hay espectáculos para niños o “teatro infantil por apropiación”.

Tanto “Gorrita roja” como “Fedro y el dragón” son esa clase de espectáculos, los adultos y los niños se sienten tan a gusto que terminan apropiándose de ellos- o sea hallando en ellos claves de lectura y experiencias comunes en el discurso que presentan.Rodriguez_Monserrat_Patricia.jpg

Patricia Monserrat Rodríguez

Crítica teatral y escritora.

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