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Fiesta donde sólo faltó el choripán

Pese a la lluvia amenazante la “Fiesta del Año” de la madrugada del 1 de enero de 2010 en Gimnasia y Tiro reunió la cantidad de alrededor de 6 mil personas. Calchaquimix estuvo ahí para describir ésta primera experiencia música pop con estética electrónica.

Baile en GyT con estética electrónica

En principio había gente muy chic, con ropa de marca, tacos de punta hundidos en el barro del césped de un estadio. Fue un baile con música comercial “fashión” promocionado como electrónico, con peinados festivos, sensuales prendas femeninas, en un estadio donde a la salida sólo faltó el “choripán”.

No fue una fiesta popular por cierto, aunque terminó como una bailanta. El costo de 50 pesos anticipadas y 70 pesos en la puerta que incluía consumición de un vino espumante y dos latas de bebida energizante, marcó la diferencia en el tipo de público asistente.

Como toda primera experiencia hubo una evidente desorganización para corregir. Pero que todo terminó sin incidentes. No fue más que una excéntrica fiesta de fin de año, con mezcla de músicas de las diferentes carpas y el sonido estridente de un escenario a cielo abierto para el campo de juego, que se sumaba al bullicio general de gente divirtiéndose, tomando y bailando cualquier cosa que ponían los disc-jockeys.

Mi bebida, por favor..!

En particular hubo desórdenes en el canje de entrega de los tragos prometidos con la entrada. Además de la falta de seguridad privada y policial, cuando todos los sectores de bebidas de las diferentes carpas, colapsaron por la demanda y las barras estuvieron a punto de venirse abajo por los empujones y el amontonamiento.

Estuvo claro que la cantidad de gente fue algo inesperada por los seis propietarios de boliches que se unieron para improvisar, más que organizar, lo que fue la primera experiencia de celebración multitudinaria de un fin de año bailable en la capital Salta.

Lo que se promocionó con toda la estética de una fiesta electrónica no lo fue. Muchos aficionados se encontraron con sectores donde se mezcló todo tipo de música, pop, cuarteto, comercial, dance y con un sólo sector dedicado a la electrónica, donde tocaba el DJ Federico Noris.

¿Jugosas ganancias?

En medio del campo de juego a cielo abierto, en una madrugada sin lluvia, con el ingreso masivo de la gente, alrededor de las 3.30 de la madrugada comenzó la parte central con fuegos artificiales pagados por la Municipalidad de Salta. A esa hora ya había unas seis mil personas amontonadas pujando por obtener sus bebidas en las barras de las carpas.

Los salteños no tienen por costumbre de celebrar en maza el último día del año, pero era el final de año, el final de una década y comienzo de otra. Para ello, los organizadores contaron el apoyo del Club, la Municipalidad y el Gobierno de Salta.

Por la cancha y el campo de juego de G y T se habría pagado unos 5 mil pesos que no alcanzaría a cubrir el costo de reparación del campo de césped que quedó destruido. Un medio digital deportivo aseguró que el piso se podría recuperar en 10 días para el partido amistoso ante Juventud. Asimismo arriesgó que los organizadores con la venta de entradas (unas 5 mil oficiales) más las bebidas consumidas, se alzaron con una cifra cercana al medio millón de pesos.

“Glamour” en la madrugada

La moda, la belleza y la excentricidad y elegancia de la concurrencia fue de las primeras horas de la Fiesta del año en el estadio de Gimnasia y Tiro. El “glamour” como un moderno cuento de la Cenicienta, se terminó a las 6.30 horas, un horario de excepción que se habría autorizado quizás por ser fin de año.

jpg_Fiesta_del_ano_2.jpgA esa hora con luz de día, la elegancia de la fiesta terminó en una moda de bailanta, por la humedad, el barro, el baile y el abundante vodka barato consumido en las carpas (no había Smirnoff, ni Eristoff). Aunque este trago salía a 18 pesos y una cerveza Salta en lata pequeña de 330 cm costaba 15 pesos. Como siempre, agua no había, ni en los baños.

La fiesta del año en el mundo femenino, pretexto ideal para una estética sofisticada y moderna, tuvo que lidiar con tacos de punta hundidos en el blando piso de césped del campo de juego. Lo que en principio fue “chic” terminó descalzas, con el “par de Luis XV” en las manos o bolsos. La luz del día las descubría despeinadas, desalineadas, pies uñas a la francesa desdibujadas por el marrón del barro.

Cementerio de botellas y latas

El contraste, del colorido comienzo fue con el personal contratado, mozos y seguridad, proseguir su trabajo. No les quedaba sino el arduo fin de fiesta de desarmar las carpas, levantar el cementerio de botellas de supuesto champaña y miles de latas de cerveza Salta y bebida energizante.

Como a la salida de cada partido, no había “choripanes”, sino un mar de jóvenes desandando la calle Vicente López y Virrey Toledo, a las 7 a.m. en una atmósfera festiva, la juventud pérdida por el alcohol y el estridente ruido. La celebración puede haber resultado divertida para todos los hombres, pero a la vista, no muy apropiado para las más delicadas damas.

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