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Evolución en las artes plásticas salteñas

El paisaje a través del tiempo, muestra que el Museo Provincial de Bellas Artes, La Florida 20, tiene a disposición del público hasta el 11 de mayo, es una selección de obras en las cuales artistas, que residieron o residen en Salta, trabajaron sobre la imagen del paisaje, desde mediados del siglo XIX hasta la fecha.


Los técnicos del equipo de la Institución, profesoras María Ester Zapiola, Julia Morales y Diana Neiburg, estudiaron los fondos del museo para seleccionar las obras. El recorrido propuesto –uno de los abordajes posibles– se construye a partir de las obras que integran la colección del museo, salvo dos excepciones, una de las cuales es el óleo de Arístene Papi.

El periodo de un siglo y medio que abarca las obras nos permite observar cómo la pintura paisajística, a partir de un lenguaje academicista romántico en las obras de Penuti y Papi inicia un proceso hacia la abstracción en las décadas de los 40 y 50, con las obras de García Bes, José Casto, Raúl Brie, Preti, Neyman, Barraza, Francisco Ruiz; y la no figuración desde la década de los 80 con Vidal Lozano; tendencia continuada por Pucci, Pagés y Giménez, entre otros, hasta el presente, con planos texturados que varían según los autores.

Este sumario permite visualizar cómo en Salta, desde mediados del siglo XX hasta el presente, las tendencias hacia la abstracción planimétrica, la síntesis de forma y color y los espacios bidimensionales y los planos texturados tienen fuerte presencia.

Este conjunto de obras, junto al conocimiento de los intereses de los pintores, también nos permiten observar cómo la búsqueda de la luz de la región, la luz del norte, es una constante en los artistas desde la década de los 50 hasta hoy. Basta observar los paisajes de luz reflectante de Mariano Coll, José Casto, Julio Coll; las luces y sombras fuertemente expresivas en Scotti, Usandivaras y María Martorell.

La atmósfera luminosa amalgama las formas en el paisaje urbano de Jorge Hugo Román; la luz se torna calma, emergiendo sin tiempo en las parcelas cultivadas de Luis Preti (imagen arriba), y metafísica en la obra de Osvaldo Juane. La luz es plena en las obras de Alina Neyman y Miro Barraza, y plena con alguna atmósfera de grises en los paisajes lineales de Maehashi.

jpg_chuchuyfanny.jpgEn Vidal Lozano la atmósfera del atardecer envuelve y torna confusos los bordes de los muros, luz-oscuridad que se vuelve mágica en la luna roja del Nocturno de Francisco Ruiz y en la luna plateada de Horacio Pagés; luz que es vibración en los cielos y antigales de Roberto Giménez y en las montañas de Fanny Chuchuy.

El desarrollo de todos los elementos señalados (planimetría, síntesis, luz, texturas) hace a la identidad. Identidad que en Latinoamérica se construyó fusionando los modos de ver propios con los aportes de lenguajes contemporáneos resignificados. El pionero de la afirmación en Salta de la identidad americana en clave contemporánea es García Bes, cuya obra está representada en la muestra con el tapiz de imagen mítica y actual Pachamama, flanqueada como en los óleos barrocos andinos mestizos, por el Sol y la Luna que simbolizan, entre otros, la luz del día y la oscuridad de la noche.

Esta muestra también permite leer cómo la producción artística se desarrolla en Salta a partir de la institucionalización del arte entre las décadas de los 40 y los 50, con la creación de este museo, el del Cabildo, la Casa de la Cultura y la Escuela de Bellas Artes.

Lic. Silvia Sáez, Directora del Museo Provincial de Bellas Artes

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