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Espléndida y escasa…

Un magnífico concierto y espléndido marco tuvo la noche del jueves 20 el concierto de la Orquesta Sinfónica de Salta que terminó su presentación ovacionada. Según los números de taquilla, concurrieron cerca de mil personas, en el segundo compromiso del ciclo inaugural de la temporada 2008, en el Teatro Provincial de Salta, esta vez bajo la dirección del maestro titular Luis Gorelik y la presentación de la mezzosoprano Vera Cirkovic.


Magnífica presentación de la Orquesta Sinfónica

El programa abarcó la Obertura de la ópera «La Flauta Mágica», de Wolfgang Amadeo Mozart, «Folk Songs» de Luciano Berio y en la segunda parte «Cuadros de una exposición» de Modesto Mussorgsky y M. Ravel. Esta presentación forma parte del Ciclo Inaugural Temporada 2008.

Apenas 35 años tenía el genial compositor austriaco Mozart cuando se extingue su existencia en Viena (1756 – 1791). Pierde así el mundo a uno de sus más exquisitos y prolíficos creadores de todos los tiempos. Por suerte se había iniciado temprano y desde su infancia componía fenomenalmente. Dice Alec Robertson en su Historia General de la Música (tomo III) que «la fuente de su inspiración no era tanto la humanidad, como el individuo en sí. Eso ayuda a explicar un poco por qué es más importante como compositor de óperas que como sinfonista».

En la primera interpretación, por esta Obertura de la ópera «La Flauta Mágica», compuesta el último año de su vida, luce la melodía con las trompas, los contrapuntos en las cuerdas que había aprendido del boloñés, el Padre Martini. Una magnífica interpretación, bella y muy equilibrada.

Luego siguieron los «Folk Songs», obra del casi ignoto italiano Luciano Berio, que componía en la línea del dodecafonista György Ligeti («Atmósferas», de 1961) Una pieza extraña, con limitado encanto, el último lied se destaca en un panorama algo agotador, por el vibrato de la mezzosoprano yugoslava Vera Cirkovic, de acertada actuación. Una obra de este calibre sólo puede aceptarse como curiosidad…

jpg_Sinfonica1.jpgSeguramente fue en la segunda parte, con Cuadros de una exposición de Modesto Mussorgsky, compositor ruso del grupo de los cinco (donde hay que incluir al genial Tchaicovsky), la que más impactó. La adaptación que Ravel hizo de esta obra, originalmente pianística, es también fenomenal. Seguramente lo más conocida de Mussorgski es su Noche en el Monte Calvo. Se sabe que fracasó componiendo óperas, que no le son aceptadas por el exigente público ruso, por lo que termina sumergiéndose en el alcohol, que limita su existencia a los 42 años (Nacido en 1839, fallece en 1881).

Más allá de un inicio algo estruendoso de la orquesta en la primera de las diez partes: Gnomos, todas las otras, con bellísimas melodías y una perfecta interpretación (creemos) del oboe de Carlos Emilio Lépez Alonso y de la trompeta pristina de Rubén Luis Albano, más una afiatada interpretación de todo el conjunto, tiene sus méritos. No importa que a uno de los timbales se le cayó el palillo justo en un momento de silencio.

Fue intensamente aplaudida por el público, que casi llenaba la sala. Esta última obra en general, interpretada en forma brillante, memorable, como no veíamos en mucho tiempo. De ahí nuestro manifiesto.

Lo que no motiva que el director Luis Gorelik y la orquesta aplaudida a rabiar, pese a completar tres salidas a saludar (corresponden cuatro para repetir), no se dignara a hacer un bis, ni por broma. Mala costumbre que mantiene… Así, pese a lo excepcional, queda escaso. Lástima…

Aparte: Ni Mozart, ni Beethoven, ni Haydn, ni Chopin deberían faltar jamás en las programaciones de n. orquesta. Constituyen ellos los pilares de la música clásica, por lo mismo, no pueden estar ausentes. Pese a que ya hace ocho años que existe la orquesta, siempre es bueno volver a lo notable y único.

  • Eduardo Guillermo «Willy» Wilde, periodista de Artes y Espectáculos.

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