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“En Salta existe un teatro banal y hermético”

Teatro-Cura1.jpgEl director teatral porteño Mario Cura, trabaja en Salta inmerso en temáticas, aparentemente diferentes, pero que de alguna manera tienen un punto de contacto. Su obra “Tres Mañanas” poética, sensible y de emoción, estuvo en cartel cuatro meses con 18 funciones. El domingo 8 de mayo estrenó otra nueva obra suya “El cuarto del Recuerdo” un homenaje al Dr. Miguel Ragone y a los desaparecidos de Salta. El autor explicó a Salta Libre que la obra amalgama la visión política e ideológica con lo estético”. Subrayó que en Salta hay un teatro banal o circunscrito a determinados “ghettos”. Hay como una falsa polarización y algunos directores intentan legitimarse haciendo un teatro de vanguardia o hermético que expulsa a la gente del teatro. De los Premios Phersu, opinó: “Yo vi todas las obras nominadas. En vez de premios Phersu, debería llamarse premios “Farsa”. Lo único que hacen es ensalzar la mediocridad y sospecho que detrás de todo esto hay un gran mediocre…”.


El dramaturgo Mario Cura es autor y director teatral porteño. Desde el año pasado con la colaboración de la actriz y directora salteña Marisa Ruiz, transformaron la sede de los Talleres Municipales en un nuevo espacio teatral independiente, que llamó “Sala del Cerro”. Desde hace varios meses estuvo en cartel la obra “Tres mañanas” cumpliendo 18 representaciones, en la sala ubicada a la derecha del Monumento al General Güemes.

La satisfacción del director es haber recibido excelentes comentarios del público, gracias a las rondas de debates luego de cada representación, y sobretodo, de no haber tenido que levantar ninguna por falta de público.
Cura nació en Buenos Aires y es una de las figuras destacadas del teatro argentino. Actualmente vive en Salta dedicado al trabajo con sus alumnos, y dirigiendo sus obras hasta fines del 2005.
Teatro-Cura.jpg_ Su nuevo trabajo “El cuarto del recuerdo” cuenta con los auspicios de la Municipalidad, que lo declaró de Interés Municipal; el Concejo Deliberante y la Cámara de Diputados, que declararon a la obra de Interés Cultural. La puesta cuenta también con el apoyo y adhesión de la UNSa. Los protagonistas son Germán Tolaba y Marisa Ruiz como Miguel y María. Beba Aramayo y Fernanda Aparicio, la madre y la hija respectivamente. En la parte técnica están susana Núñez, Santiago González y Carlos Fernandez.

En una charla con Salta Libre Cura indicó que en Salta “coexisten ciertas temáticas en las obras teatrales como si tuvieran una preparación para cumplir con determinados objetivos. Hay una comedia más chabacana, más banal, un género masivo y comunicativo. Por otro lado, hay un teatro hermético de vanguardia como contraste. Las dos opciones son valederas, tienen que existir, y está bien que existan. Pero el teatro tiene también que rescatar un contenido”.

¿Cuál es tu estilo teatral?
– En mis obras yo hablo del amor y algunos me miran como preguntándome, ¿Cómo vos todavía crees en el amor? Como si fuera algo “kich”. Como si hablara de las utopías. Entonces yo me digo que hay algo de retroceso a nivel generacional. Parece que después de lo que pasó no se puede volver a creer en las utopías; en los sueños colectivos, en rescatar las cosas más esenciales de los hombres. Creo que el teatro salteño tiene volver a rescatar esas cosas; más allá de cómo lo cuentes. Hablar de los temas que trasciendan al ser humano, no esas cosas banales o circunscriptos a determinados “guettos”.
Yo creo que hay toda una época posmoderna. Si toda una generación peleó por grandes ideales, por un mundo más justo, se comprometió a los cambios sociales y políticos, y bueno, hubo un retroceso a nivel de las derrotas que hubo, en cuanto a los cambios que se propusieron en diversos niveles. Pero no quiere decir que tengamos que renunciar. Tal vez habría que repensar de que manera continuar, para ver qué errores pueden corregirse pero no sacar una visión del ser humano totalmente negra, todo satírico o todo parodia. Aquí parece que Tinelli y el teatro satírico se dan la mano, porque todo es parodia. Parodiamos el amor, parodiamos al que tiene ideales, parodiamos todo, todo sobre sexo. No puede girar solo en eso. Yo sería un “cromagnon” si dijera que estoy en contra de eso, pero de ahí hacer de eso una ideología o una temática en si misma, me parece que cierra y no abre”.
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¿Te parece que el teatro salteño está como muy cerrado?
– Digo que a veces se hace un teatro con cierta dosis de perversión o cosas morbosas. Puede parecer que lo digo desde un lugar moral y no es eso. Sin embargo creo que hay mucha gente que tiene al alma enferma y habla de técnicas de teatro como si hablara de técnicas de arreglar heladeras. Este tipo de obras echa a la gente del teatro y en los debates hay gente que me lo ha dicho. La gente se sintió agredida porque vio que las obras tienen algunas escenas gratuitas. Si bien nunca el teatro va a ser masivo, como la televisión, sí creo que puede tener una apertura mayor hacia temas que interesen mas al común de la gente.

¿Cuál puede ser el error?
– Creo que está mal planteado el rumbo que debe tener el teatro. En la revista Artenautas se hizo un buen planteamiento: ¿Existe una cultura popular contrapuesto con una cultura de vanguardia? Y yo pienso que no. Hay una falsa polarización que se justifica. Por un lado existe algo masivo, chabacano, pan y circo al estilo Sofovich o Tinelli y obras faranduleras. Por el otro, alguien que cree legitimarse haciendo un teatro de vanguardia hermético. No creo que tenga que existir esa polarización extrema. Muchas veces eso se hace desde las imposibilidades de hacer otras cosas, pero no como una elección genuina. En Buenos Aires muchos de los que hacen este tipo de obras, se la pasan rosqueando en los festivales, con la gente del poder vendiéndose como un teatro de vanguardia.
No son como los que están en un galpón con obras existencialistas, que hacen obras y las padecen. Acá en Salta esta gente que hace eso están prendida de las “tetas” del poder. Pasa como en Buenos Aires se quiere vender un teatro distinto, y en realidad, yo creo que muestra una esterilidad creativa que esconde ansias de poder disfrazado de un teatro culto”.

¿Cuál es tu idea de hacer teatro, que corriente te ubicarías?
– Yo no sé definirme en un lugar exacto. La franja que yo siento que transito es hacer un teatro poético y digamos que siempre escribo con cosas en la que estoy involucrado, no es que me alejo de lo que escribo, intento acercar al público un teatro de emoción, sensible, que de alguna manera pueda ser receptado, pero no en la emoción catártica y manipuladora. Cuando uno a veces dice teatro de emoción, parece que estuviera diciendo, es ese teatro de “golpes bajos” para que la gente se emocione. No. Hay quien hace un teatro realista y es muy bueno.

¿Cómo quienes, por ejemplo?
– Por ejemplo Tito Cosa o Carlos Gorostiza, que a veces son vilipendiados como diciendo que ahora vienen las nuevas tendencias y quiere barrer con todo. Tienen que existir las nuevas tendencias, no digo que no. Pero, también hay un tipo de teatro que no lo podemos barrer de golpe. Hay que rescatar siempre lo mejor. El que muestra alguna innovación no se lo propone, lo contrario sucede con aquel que quiere ser original a toda costa, solo para mostrarse distinto.
Esto en Buenos Aires ha pasado mucho. Hay toda una nueva generación de dramaturgos que quieren barrer con todo lo que pasó. Si bien yo no me considero inmerso en un teatro realista, lo respeto y rescato ese tipo de teatro. Por ejemplo yo fui a ver la obra “El enemigo del pueblo”, que trataba de la contaminación de un río en un pueblo, y mostraba las complejidades de un tipo que denuncia y al final se terminan quedando solo. Hablaba de verdades de realidades. A mí me conmueve más eso que estas nuevas tendencias que a veces la siento vacías de contenido. Pareciera que como que se subjetiviza tanto, no hay verdades, ni realidades.

¿El cuarto del recuerdo forma parte del teatro realista?
– Es un teatro realista con una vuelta de tuerca. Yo trabajo con la subjetividad. No hago una oposición entre esto y lo otro. Yo creo que hay cosas que se integran. Sería como decir ¿Tenés sexo o la amaste? No. El sexo y el amor se integran. El teatro realista en el sentido de emociones fuertes, de situaciones planteadas, pero también está la subjetividad, la poesía, lo estético, tomo un poco de cada lugar. En cambio si yo parto desde el dogma político, el dogma estético, entonces doy pie para que venga una nueva generación, destroce esto y se polaricen solamente en una subjetividad, en lo estético y en lo vacío de contenido. Entonces creo que estaría generando antipodas que serían reales, pero nos las dos nos desvían del camino. Una por quedarse estanco en un teatro que tiene que crecer, y otro por ser reactivo a eso, y no generar una opción verdadera. Yo creo que la vanguardia verdadera se va creando, integrando con algunas cosas y proponiendo otras, pero no matando a los padres.

¿Cómo es que encontraste ese camino o que te indujo a ver esta realidad?
– Un claro ejemplo fue Veronese, uno de los que está en las nuevas tendencias. Hace quince años atrás, cuando surgió la tendencia hacia un teatro hermético, tenía todo un discurso como que “ahora viene el nuevo teatro… con otro signo que no tiene nada que ver con el realismo. Un teatro que tiene que ver más con el simbolismo y eso…” Yo nunca me la creí. Sin embargo, el otro día lo vi en la televisión diciendo todo lo contrario dijo: “Me doy cuenta que hay que volver a la emoción…”
Ahhh… y entonces yo me pregunté ¿y a cuantos mataste en ese camino?. Acá todos parecen ir atrás de alguien. Y creo que debemos aprender a creer en lo que uno hace. Yo me opuse tenazmente a todo eso. Me catalogaron de “kich” y hoy vienen y me dicen todo lo contrario. Con ese discurso muchos hicieron su negocio, dieron cursos, ganaron plata, fueron a festivales. Ellos hicieron su negocio y después cambiaron de parecer. Yo lo traduzco así: “Ya nos quedamos sin mercando, esto ya se acabó, volvamos un poquito para atrás, replantemos…”
En el medio toda una generación se privó de formarse. Hay cosas son el ABC de la formación teatral, y desde ahí uno puede trabajar la emoción, etc. Así las nuevas generaciones tendrán una base y vos podés darle una vuelta de tuerca. No suprimiendo el trabajo emotivo sensorial. Siempre es mejor empezar de abajo.

¿Cuáles sería el autor que rescatarías o a quien considerás tu maestro?
– Yo rescato a Ricardo Monti que es mi maestro. El escribe un teatro poético, pero busca las situaciones profundas, si bien no adscribe al teatro de Gorostiza, ni al de Tito Cossa, le pone una vuelta de tuerca que tiene que ver con el teatro del alma. El está en la frontera entre el sueño y la realidad.
Muchas veces a mí me dijeron: “Tres mañanas” es un sueño. Y yo les digo no, no te instales tan cómodamente. A veces esa es zona inquietante, es una zona muy fina.

¿”El cuarto del recuerdo” es teatro realista?
– “El cuarto del recuerdo” yo lo veo así: Soy de la generación de los ’70, creo que el arte y la vida tienen que estar vinculado, que el arte puede proponer una cultura alternativa, la otra cara de lo que te muestra la cultura oficial, que a veces es tan funcional al poder. Es más, yo dejaría algo como una pregunta: ¿Toda esta onda posmodernista, no es funcional al capitalismo?.
Hay muchos que se meten en esos temas de tanta subjetividad e irrealidades y dejan que el poder siga avanzando. Esto no quiere decir que uno haga un arte de protesta, de denuncia, o un teatro testimonial. Yo me sentiría reducido artísticamente. Creo que el arte tiene que hilar con algo más profundo.

¿Desde que punto de vista está planteada la obra?
– En este caso, “El cuarto de los recuerdos”, amalgama una visión política e ideológica y mi visión estética. Yo creo que hacer una obra acá, en Salta, sobre los desaparecidos, a mí me provoca una conmoción, y sé también que algo provoca entre los salteños. Eso pasa cuando hablo con gente joven que no sabe que hubo desaparecidos en Salta. Vi a gente que se emocionó cuando le dije que hacemos un homenaje a Miguel Ragone. Yo la obra la trabajé como un viaje a la memoria desde el personaje de María, que en realidad, no vuelve al cuarto real donde tuvo su compañero desaparecido, sino que vuelve al cuarto de su memoria que ella recuerda cuando estuvo con él. Es un planteo estético, no es un planteo realista, sino que viene de una realidad a otra, con ciertas cosas intangibles, desde un lugar donde hay un alma dando vueltas. En ese contexto yo planteo un teatro de encuentros familiares. Lo sutil es el lugar donde todo transcurre. Creo que la gente tiene que ver la obra desde el lado del corazón.

¿Cuál es tu opinión de los premios Phersu?
– Yo vi todas las obras. De las tres que están nominadas como mejor espectáculo, tengo que decir que no lo puedo creer. Para mí, en vez de Premios Phersu, debería llamarse premios Farsa y lo digo más allá de que hayan nominado o no, a Tres Mañanas. Pienso que estos premios lo que hace es ensalzar la mediocridad. A la gente le dan premios y todos se ponen contentos. A cambio habría que promover a los que hacen un mejor teatro, sin embargo, lo que se hace es seguir fomentando mediocridad. Yo me pregunto, ¿no habrá un gran mediocre detrás de todo esto que quiera calmar las aguas y no deja que crezca un teatro sano?. Esa persona tiene nombre, yo no lo sé, pero lo sospecho. Seguro que tiene nombre.

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