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Elegancia infinita y temperamento

No es habitual escuchar un orgánico de flauta, arpa y viola, pero tuvimos la oportunidad privilegiada de disfrutarlo los habitúes al Mozarteum del miércoles 29 de setiembre. Concierto del Trío Luminar en el salón del Hotel Provincial Plaza (Caseros 786) compuesto por las solistas argentinas Patricia Da Dalt en flauta, Lucrecia Jancsa en arpa y Marcela Magin en viola.


Cada melodía que sale de la flauta de Da Dalt, no es una música que quiera conquistar o violar nuestro intelecto como una horda de bárbaros, sino que seduce y posee con ternura. Es una fascinación que provoca en cada oyente la pureza de su melodía desnuda, el poder del sonido que despliega en todo su brillo, hechizados por su sinuosa y almibarada línea melódica. Lo anterior, sin dudas lo podemos aplicar a cada obra que abordó la destacada flautista.

Puntos de alto vuelo tuvieron la Sonata de Debussy. Es una inmensidad impresionista, una sucesión casi cinematográfica de diminutas piezas talladas que refulgen en el éter. Su música fue abordada en todo momento de manera enigmática y sugerente, con emotiva sobriedad francesa. El arpa teje sus destrezas con geometría casi arquitectónica en las manos de Lucrecia Jancsa, sin trucos o destrezas innecesarias fue una lección de ejecución.

Trio_Luminar_solo.jpgEn el impresionismo de Debussy, la métrica, la pausa justa, los silencios viven de la melodía y son el cuerpo de su música. Hubo en todo momento expresividad, fraseo, dinámica y articulación mesurada y precisa.

Tanto en los “Dos interludios” de Jacques Ibert como en la “Suite Popular Española” de Manuel Moreno Buendía hubo un esfuerzo intelectual por llegar con frescura y vida. Cada número fue un fragmento de danza de clara inspiración popular en el caso del polifacético español.

Se puede delinear el estilo de Jolivet en su capacidad de integración. Entre las técnicas originales que introdujo en su música están el empleo de acordes de apoyo y los modos parciales que empleó melódica y armónicamente, por ejemplo, en su Concierto para Violín, su arte retuvo en todo momento una preocupación por la naturaleza elemental y la expresión humana.

La sonoridad que el Trío brindó fue un sonido con un peculiarismo, a veces ligero, a veces dulce, con fraseos de llamativa elegancia que se transformaron en pura magia. Cada número rebosa fantasía, como si de una miniatura de filigrana se tratase, con una incisiva del arpa que nunca se transforma en mecanicismo rutinario. La obra tuvo elegancia infinita y temperamento. Una autentica revelación y un deleite para nuestro oídos, cansados de tanto ruido ordinario, un verdadero bálsamo sonoro.

  • Magister Pablo Alejandro Sulic

    Especial para Calchaquimix

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