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El texto y quien es el autor…

“Pavlov, 2 segundos antes del crimen” fue estrenada el 18 de abril de 1991 por el Teatro Juvenil de Venezuela. Fue llevada también a festivales internacionales en Mónaco, Dinamarca, Hungría (premio a la mejor obra), Rumania, Suiza, España, EEUU (Festival Hispano de Miami), República Checa y Canadá (premio a la mejor obra).

“Pavlov, dos segundos antes del crimen”

El viernes 18 de junio a horas 21.30 en la cálida sala del Teatro de la Fundación se estrenará la obra “Pavlov, dos segundos antes del crimen” del dramaturgo venezolano Gustavo Ott (1963) con dirección de Luis Caram, actor de oficio formado y fogueado en varias tierras (Argentina, EEUU, India).

“Pavlov…” es un policial negro que narra el asesinato de Amanda, controversial conductora de un popular programa de radio al estilo confesional nocturno. Mauricio, principal sospechoso, es interrogado por Paco, el policía que investiga el caso. Pero a lo largo de la obra surgen otras figuras con posibles móviles para este crimen.

Dice el propio Ott que esta obra fue escrita en Londres y formó parte de su capital dramatúrgico a su regreso a Venezuela: “esos fueron los años que pasé viviendo en Londres. Al regresar, terminé la carrera de Comunicación, bastante rápidamente. Regresé con madurez e ideas claras. Londres fue decisivo para mí. Leí en inglés lo que había que leer –especialmente Mamet- y sin Londres no habría tenido la influencia correcta para mis piezas.

En esos cinco años escribí casi 10 piezas, entre ellas ”El siglo de las luces”, “Los peces””Pavlov..”Passport”. Cuando llegué a Venezuela tenía una visión muy clara del teatro y en mi maleta llevaba los bocetos casi terminados de “Divorciadas…” “Quiéreme mucho” y otras.”

La obra de Ott no es del todo desconocida para el público salteño; en 2003 una de sus obras fue montada por el Teatrico Suburbano- hablo de “Divorciadas, evangélicas y vegetarianas”– y el espectáculo promovió la producción de la temática de género en la comunidad teatral salteña. En el campo nacional no resultó una obra significativa, ni provocó mayores comentarios.

Santiago Bermúdez en el prólogo a la edición de una de las obras premiadas de Gustavo Ott en España opina que “Ott ha podido plantear su propio compromiso, el de un teatro que puede ser comercial y digno al mismo tiempo. Que puede experimentar y atraer público”. Entre las múltiples distinciones que ha obtenido el autor se destaca el premio Tirso de Molina, aunque la lista de premios de este dramaturgo resulta verdaderamente impresionante por la relevancia y continuidad de su escritura.

El propio autor, refiriéndose al “gancho”con el que sus obras han generado éxito en los diferentes países y escenarios en los que se ha presentado destaca: “escribo lo íntimo perverso desde una situación cotidiana, con textos bastante comunes y corrientes, encerrados en una poesía de la situación. Hay mucho humor, un humor explosivo, utilizado precisamente como detonador de esa bomba. A veces, el mismo humor que utilizamos para desentendernos de los demonios que poseemos y que nos da terror reconocer”.

Otra marca que caracteriza a este autor es la de su generación, la propuesta de una micropoética cuyos sentidos están enmarcados y arraigados en su propia producción y en relación con sus experiencias y consumos.

Vemos así un G. Ott que se apropia del lenguaje cinematográfico, de la velocidad del video clip y del zapping, de la estructura fractal o circular visibles en varias de sus obras:”Tenemos más bien micro poéticas, micro reglas, pequeñísimos planos circunscritos a cada momento y cada pieza. Cada obra impone su mundo, sus condiciones, su técnica y su escena, nada puede ser etiquetado ni enseñado ya. Y esta revolución a la hora de contar historias viene del cine y de lo preparado que está el espectador de hoy para entender lo más sublime con menos técnica.”

Por otra parte delinea sus personajes como si escribiera en zoom y en travelling, acercándose y rodeando los diferentes perfiles de sus personajes, permitiendo al espectador la construcción de la mirada crítica. Entre sus influencias Ott destaca su afición por el cine de Tarantino, Larsen; su apasionamiento por Pink Floyd y Led Zeppelín, alguna vez quiso ser Borges y cree que el béisbol contiene en sí mismo una clave sobre la vida.

Reconoce un pasado pandillero en España, una muerte traumática que lo llevó a las tierras galesas donde se nutrió del teatro serio y también de las vanguardias. Su poética se fue construyendo en función tener un público que consuma su gusto por el humor negro y lo macabro latinoamericano: “El público ya no es catalogable, como tampoco lo son las relaciones sociales, ni las naciones, ni siquiera los imperios. EL público va al teatro que le gusta y a veces se acerca a un teatro al que le gustaría que le guste.

El espectador de hoy solicita de nosotros, con todo respeto, que nos bajemos de la nube en que nos encanta estar y nos interesemos en ellos más que en nosotros mismos. Que nos atrevamos a proponerles formas complejas y temas más trascendentales de manera más coherente, lógicas y muy especialmente, con mayores concesiones.

En el teatro de nuestro idioma le tenemos terror a las concesiones porque consideramos que significa alguna forma de compra venta. Pero el cine nos ha enseñado que se puede hacer un gran arte, contar maravillosas y novedosas historias y hasta hacer el mejor de los experimentos, utilizando al mismo tiempo formas populares, concesiones de alto nivel, herramientas capaces de llegarle a toda la gente, es decir, explotando lo más elevado del entretenimiento. El cine español lo aprendió y muestra hoy una salud y un público, tanto interno como internacional, del que carece la escena española”.

  • Patricia Monserrat Rodríguez

    Escritora de teatro

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