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El piano y una filosofía de la ausencia

Cuchi-retrato1.jpgMientras el espejismo de la tarde salteña cae sobre la ciudad y amamantando una canción universal, el pianista de las rosas invoca sus musas a un nuevo memorial musical,
donde la poesía sera la única invitada, en la tarde incendiada. «Varias veces se nos perdía el vino. Algo raro: se perdía. Entonces nosotros salíamos a buscarlo por las noches». El «Cuchi» a pesar de venir de una familia patricia y descender de grandes figuras históricas, muy a pesar de su padre que le regalo una estadía en Paris, muy a pesar de la contra corriente, fue músico, murió pobre, recordado solo por un par de amigos y un viejo piano oxidado que no pudo hacer arreglar por falta de plata.


«Y yo no sé,

si es de paz, de amor o guerra,

solo sé

que el verso que me falta sabe que soy pobre

y que él,

es el único lugar que tengo para caerme muerto»


(Roberto Ovalle).

Cuchi-Piano.jpgGustavo «Cuchi» Leguizamón, desde su infancia ya asomaba el hombre que talento mediante, ingenio, y buen humor transformaría la música conocida, según contaba entre sus amigos cuando le hicieron un horóscopo enseguida empezó a corregirlo y agregarle un montón de cosas que se le iban ocurriendo: «Me da rabia que alguien mienta menos que yo, fue la respuesta a su autohoroscopo.

Ese era él, el de la respuesta rápida e ingeniosa, el de las grandes mentiras para ganar una discusión, el que le ponía melodía a una carcajada alborotando los pájaros de la plaza 9 de Julio, aquel que sabia todos los apodos para cada cara nueva. Llama la atención que solo tenga un disco grabado en la ciudad de Rosario, un disco donde su voz suena a letanía y ronca voz de primavera, aunque su repertorio tenga más de ochocientas obras, muchas demasiados conocidas otras casi inéditas.

«Me voy quedando ciego… Me voy quedando solo… A veces no sé quien soy…» pero sabia y las palabras se le amontonaban en la garganta como palomas encerradas en busca del cielo azul, ese cielo que un día le hizo decir en Bs. As.: «Es inútil, aquí falta el aire y encima viven tan apurados que ni siquiera tienen tiempo para mirar el cielo y gozar de las estrellas».

A pesar de venir de una familia patricia y descender de grandes figuras históricas, muy a pesar de su padre que le regalo una estadía en Paris, muy a pesar de la contra corriente, fue músico, murió pobre, recordado solo por un par de amigos y un viejo piano oxidado que no pudo hacer arreglar por falta de plata. Pero su sombra cubre hoy de manera arrogantemente perceptible al sin fin de músicos populares de Salta y el País, aunque no necesariamente sigan aquella filosofía que hablaba del profundo respeto que le tenia a la canción popular.

  • «La canción popular es síntesis de emoción y sabiduría, mensaje breve pero jamás de menor calidad ni trascendencia frente a las grandes obras»
  • «La música es una fuerza espiritual incontenible.»

Cuchi-e-hijos2.jpgQue dirían sus oídos hoy al escuchar al enjambre de músicos que llenan su discurso con el verso popular,
quizás seria la misma que le diste a aquellos salteños cuando te pidieron la armonía de un tema: Se la voy a armonizar pero también se la voy a revocar para que no desafinen más.

Recuerdo aquella historia que nunca olvido del pianista de las manos de seda, con uno de sus hijos caminaba por una calle Salteña y tuvieron que parar frente a procesión, atrás venían los músicos y estaba tocando un tema del Cuchi.

Papá, ese es tu tema, comento el niño.

No, mi hijo, ese tema no es mío. Cuando el pueblo toma tus canciones ya dejaron de pertenecerte
.

En una entrevista concedida en el año 1989 a Estela Vásquez, el Cuchi desgrana un discurso que de tan preciso para haberse dicho esta mañana:

«El opa sabe que hay que estar siempre serio, hablar poco. Ese es el secreto que le permitió a mucha gente llegar a gobernador sin que le conozcan el tono de voz.

El opa no hablaba nunca, y cómo iban a saber si era inteligente o no.

Eran vivísimos, y después tenían frases mesuradas, frases de ocasión.

Es un mamarracho, es un mamarracho. En vez de estar los opas fuera de la universidad, están adentro.

Si vos pones a leer a un opa es capaz de aprender algo, no podes negarle la posibilidad de que aprenda. Pero aquí son opas enojaos, están enojaos con la cultura, porque dicen que la cultural no los saluda ¿cómo los va a saludar si no los conoce?

Acá la gente, la única gente brillante de Salta, está al margen de la Universidad porque no la entienden. Uds. escuchan el movimiento poético que hay en Salta… Si vos hicieras que un Walter Adet diera una cátedra de literatura, los opas te dirían que no tiene título.

¡Qué haces con esos opas! Tenés un Jacobo Regen que es el Jacobo Rilke. «-No, ese es un aficionado al vino». Porque aquí es hermoso, porque soy anónimo. Salta es hermoso, no te pide credencial

Claro, porque no voy a ser anarco. Tengo que comprarme un pantalón y tengo que ir diez veces al sastre para que me quede bien y vos querés que me compre un traje para mi alma»
.

  • (Gustavo «Cuchi Leguizamón Por Estela Vásquez.
    Revista «Puerta Abierta» (de la Universidad Nacional de Salta) Diciembre de 1989)

Concierto de campanas

El músico genial, el músico irreverente, el músico unido a la naturaleza por esa extraña simbiosis de amar su tierra y su gente, salir y volver a entrar ella, aquel músico que solo recibió burlas cuando se dio su «Concierto de campanas» que inventó un «Concierto de locomotoras» cosa que lo divirtió mucho y su deseo de un Concierto de Pájaros», grabar todas las especies de pájaros del monte salteño y armar un concierto tan natural como su risa.

Hoy tampoco podrías hacerlo, ya le quedan pocos pájaros a Salta, demasiados pajarotes si, pero esos nunca te interesaron.

«¿Cómo podés matar de hambre a la gente y pensar que hay que pisar los cadáveres de los sumergidos para que la patria financiera no se despeine?».

Quizás sea esa la pregunta que haría al ver los desmontes, el hambre que aúlla en los valles, los cantores populares que viven y explotan a su gente, los jerarcas de Salta (creo que le sobran letras a esta palabra) que miran para otro lado cuando un pobre grita en la plaza, sera por eso que fue diputado provincial extrapartidario y en tiempos de Roberto Romero, asesor cultural de la provincia. Era la época de luchar contra la burocracia sorda que impedía importar pianos y protagonizar en la Legislatura debates memorables para combatir el descongelamiento cerebral.

Se fue el maestro de las palabras, el artesano que supo poner su oído a la naturaleza y extraer de ella la belleza sublime escondida entre sombras como un picaflor musical,
se fue aquel que amigo entrañable del vino tinto, compañero y testigo entrañable de las memorables confesiones que salían del alma de las musas que se cruzaban en el camino.

«Si el vino me ha dormido tantas veces, es justo que yo lo acune alguna vez». Habrá sido seguro alguno de aquellos amigos que le pego el grito en la oscura primavera
veni a tomarte un vino entre amigos, y fiel a sus amigos, fiel a su corazón decidió partir, tal vez por aquello de que Dios también necesita amigos:

«Pobrecito Tata Dios / siempre solito y ausente / se moriría de aburrido / si no fuera por la gente. / Pobrecito Tata Dios / administrando perjuicios / pobreza, muerte y olvido / la pucha con el oficio. / Pobrecito Tata Dios / ni siquiera cantar sabe / sin sentimiento ni sueño / no tiene Dios que lo ampare. / Pobrecito Tata Dios / cuándo aprenderá a ser gaucho / qué sabrá el pobre de amores / sin mujer y sin caballo. / Pobrecito Tata Dios / no le queda un solo amigo / siempre rodeado de adulones /
que van a chuparle el vino».

Ciudadano del mundo con preferencias intocables por su Salta natal, Don Gustavo «Cuchi» Leguizamón, descansa ahora al lado de quien fuera su inseparable compañero de madrugadas, aventuras e inolvidables coplas y copas,
Don Manuel «Barba» Castilla, así seguirán defendiendo causas perdidas como la de «Panza verde»‘ cacique asesinado cobardemente por los asesinos de turno y en cuyo homenaje escribieron para rescatarlo del olvido.

«Y aun que las cosas no hayan cambiado mucho en Salta, solo hay un poco más de hambre, de asesinos, de balas perdidas, de corruptos, de cantores enriquecidos con la sangre de aquel pueblo que tanto defendieron, también nos queda el grato recuerdo de tu paso por estas mansas tierras, tu filosofía de vida y de muerte, ya nunca más estaremos solos, amigo Cuchi, siempre habrá en el alma una melodía hablando de ti,»mientras mi risa cae al abismo».

Chacarera del expediente

«El pobre que nunca tiene ni un peso p’andar contento, no bien se halla una gallina que ya me lo meten preso.

El comisario ladino que oficia de diligente, lo hace confesar a palos, al preso y a sus parientes.

Y se pasan las semanas engordando el expediente, mientras el preso suspira por un doctor influyente.
La tía le vendió la cama, pa’ pagarle al abogado, si algún día sale libre tendrá que dormir parado.

El Juez a los cuatro meses, lo cita pa’ interrogarlo; como es pobre y tartamudo ninguno quiere escucharlo.

Y la prisión preventiva dictan al infortunado, que ya lleva un año preso, hasta de Dios olvidado.
Amalaya la justicia, vidita los abogados, cuando la ley nace sorda, no la compone ni el diablo.

Estas son cosas del pueblo, de los que no tienen nada, esos que se hallan millones, tienen la Casa Rosada».

Anécdotas inolvidables

  • Como el Cuchi sufría de estrabismo, cuenta Miguel Ángel Pérez que cuando el músico estaba de novio con Ema, se hizo operar en Buenos Aires. «Cuándo supimos que estaba mejorando, entre los amigos le hicimos un telegrama escueto que simplemente decía: ‘Cásate y verás…’.
  • En una de esas noches el Cuchi y Manuel J. Castilla, andaban por la localidad de Cachi, buscando, precisamente, un vino. Pero no había por ningún lado. En eso por una ventana, ven que una señora tenía apiladas un montón de botellas. La mujer se negaba. Entonces Castilla le espetó, haciéndose el enojado: «¿Pero usted sabe a quién le está negando el vino? A Gustavo Leguizamón, el más importante compositor del folklore argentino».

    La mujer, arrepentida, cedió. Y así se fueron de la casa, cada uno con una botella en brazos. «Era una imagen muy tierna -recordaba el Cuchi- porque estábamos acunando al vino. Justo a él, que tantas veces nos durmió». Al rato se sentaron en un umbral y compusieron el tema Canción de cuna para el vino.
  • Mientras recorría las calles de París silbando una zamba, vio a una joven muy bella acompañada de su madre y de un perro y al acercarse comprobó que hablaban español.

    Entonces el Cuchi las enfrentó y les dijo: «Les cambio el perro». Sorprendida, una de ellas le pregunta: «¿Por qué?» Y el Cuchi les respondió: «Por mí».
  • El Cuchi le confesaba al periodista Gregorio Caro Figueroa: «Hacer música no me alcanza para vivir pero me hace vivir. Mirá lo que son las cosas. Antes cuando era abogado vivía de la discordia y ahora de la alegría. A la vejez no me queda más que hacer música hasta que me toque pulsear con la nada. Le voy a ganar a la nada porque ella estará allí en lo suyo y yo estaré silbando alguna cosa».
  • Leopoldo «Teuco» Castilla: Todavía lo veo en mi infancia llegar en el «carnavalito», un auto que andaba de milagro, tanto que más parecía un auto de fe. Y bajar elegante y prognático, detonante y satírico. Y lo veo, desde hace mis cuarenta y siete años, acezar como un albatros sobre el piano, para que su tierra se oiga, porque es él quien le desentierra en música, todos sus invisibles. O sea que al Cuchi no le digo nada. Les cuento a ustedes que se han reunido en la calle Rioja a festejarlo que no es verdad que cumple años.
  • Ese hombre nace todos los días. Les refiero una vez que viajábamos con el poeta Angel Leiva, en un tren anochecido, a Praga. A las cinco de la mañana, por la ventanilla ví un cartel con un nombre: Bratislava. ‘Nos bajemos’, grité, ‘es el Bratislava de los cuentos’. Y aunque nos quedábamos a mitad de nuestro destino, descendimos en esa estación neblinosa. Comenzamos a caminar por una calle, mientras amanecía. De pronto, desde adentro de una casa, salió una música. Era una zamba del Cuchi. (…) Y todo esto para decirles que ese señor que ven ahí con barba cana y ojos meteóricos es, para el resto del mundo, un genio. Alguien que por rigor, entrega y riesgo, puso una carga de profundidad en su existencia y sabe vivir, como pocos, como un artista entero. Salteño, libre y dueño de su señorío. Como se debe ser. Mírenle la frente. Está llena de nuestros más entrañables universos. Mírenle el corazón. Gracias a él, cuando cantamos los Salteños, sentimos como sentimos. Y quien sabe cuantas generaciones seguiremos sintiendo así.
  • Gustavo El Cuchi Leguizamón leía al Che Guevara en el exclusivo Club 20 de Febrero de Salta en plena dictadura, y bastante después, opinó que a Menem «hay que tomárselo en broma».
  • También en plena dictadura en el Colegio Nacional decía:
    «Hay que rezarle al diablo si ya lo hemos hecho con Dios y todo sigue mal, y una ciudad tradicionalista y católica lo escuchaba.» «Este país se ha amariconado, y no se puede ser traidor con el sexo».
  • El duelo de coplas duró todo la noche y ambos terminaron perdiendo acaso por el embrujo del vino o por que la muchacha de 15 años sabia más coplas que nadie, dio pie para el nacimiento de la «La Pomeña».

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