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El pasado resiste…

Tolar1.jpgLa preservación de las tradiciones como parte del pasado y de la memoria, es una lucha permanente y cada vez más difícil. En Tolar Grande el pasado resiste al olvido y se resiste en todos los sentidos. La distancia, la tierra del camino, el modernismo y el clima no muy benigno. La fortaleza de la gente que vive en el pueblo, la municipalidad, el cacique Miguel Angel Siares y de todos los que colaboran con la organización. El desafío es enorme, la perseverancia inclaudicable y la decisión firme es continuar año tras año, ya no sólo por mantener la tradición, sino por hacer crecer y difundir a todo el país, la Fiesta Nacional de la Pachamama en Salta.


Tolar2.jpgEl cacique Miguel Angel Siares, el gran motor de esta fiesta, trabaja alternativamente todo el año entre Tolar Grande, San Antonio de los Cobres y la ciudad de Salta para proyectar a todo el país una costumbre de sus antepasados, y lo hace con una dedicación ponderable. Desde la convocatoria a la prensa de todo el país, las invitaciones a las autoridades, los sponsors, pasando los preparativos de la ceremonia, los traslados, la estadía, la difusión. Nada se le escapa y se nota, claro, que lo hace con un entrañable amor a su «pacha»Tolar3.jpg

«Lo único que no está en mis manos es el clima, eso lo maneja diosito», se disculpa, por el estado severo del tiempo que nos tocó en suerte. Y curiosamente remarca este detalle porque el frio y el viento se ensañó con el día del cierre de la 10ª Edición de la fiesta de la Pachamama.

Contra viento y marea…

Tolar4.jpgEl organizador Siares, el intentente de Tolar Grande, Sergio Villanueva y el diputado Leopoldo Salta, se lamentaron todo el tiempo con todos los invitados que llegaron al pueblo, como si fueran culpables de que la ceremonia se haya realizado en medio de una temperatura de los 18 grados bajo cero y unas ráfagas de viento de más 120 Km/h.

Pero nada impidió que la ceremonia se realizara y autoridades, invitados y pobladores participaran de la tradicional ceremonia kolla que tuvo lugar en el crepúsculo de una sufrida jornada.

Tolar5.jpgLa ofrenda se realizó en lo alto de una de las montañas que rodea al pueblo, bajo los mástiles con las tres banderas (argentina, chilena y salteña) que no dejaron de flamear con furia por la fuerza del viento. Soportando la escasa visión, con el corazón abierto, a los sonidos de la tierra y de los rezos, la música y los cánticos, todos se concentraron en el ritual.Tolar4.jpg

Extrechamente abrazados alrededor del sagrado agujero en la tierra, la Pachamama recibió lo que le pertenecía, (coca, tabaco alcohol y comida), para devolver el póximo año a los pobladores la ansiada prosperidad, buenos pastos para sus animales y abundacia en las cosechas.

Con profunda espiritualidad, Los Huayras (Hijos del viento) un grupo de músicos que haciendo honor a su nombre, contra viento y marea, soplaron como nunca sus quenas, samponias y golpearon con fuerza sus tambores para alegrar el sufrido ritual.Tolar-Fortunato.jpg

Nada parecía calmar el enojo del viento, ni siquiera el sacrificio de la gente por el frio o del músico jujeño Fortunato Ramos que disfónico, tragando polvo y arenilla, tocó su erke y emocionó hasta las lágrimas a todos los festejantes, con sus sonidos que se desparramaron por toda la puna gracias al inclemente temporal de viento.

La noche no cedíó con el frio, todo lo contrario, pero las salamandras hacían más soportable la estadía en los cómodos albergues y en el salón municipal.

La fiesta final

La fiesta final estaba ya preparada por nuestros anfitriones. Las autoóctonas y ricas ofrendas de la pachamama, el vino y la música era el acto culminante del homenaje a los visitantes y la prensa.Tolar-intendente.jpg

Esa noche todo el pueblo y sus invitados acompañó hasta la madrugada la última cena y el festival de la despedida de la Fiesta Nacional de la Pachamama.

La mañana siguiente al 31 de agosto, el sol brillaba como si nada. Quien podía pensar que las últimas horas del día anterior, el día de la ofrenda, la Pachamama no solo había penetrado en nuestros corazónes, sino tambén se había colado hasta nuestros pulmones.

Pasando por Salar de Pocitos, a campo abierto, custudiado por las majestuosas cordilleras, está la localidad de Tolar Grande, a 360 Kms de la capital de Salta. Esta ubicada a 3, 500 m .sobre el nival del mar.

El poblado ubicado en el corazón de la puna salteña, al que solo se llega atravesando unos doscientos kilómetros de camino de tierra, cuenta con un paisaje increible, poderoso, una localidad que parece estar en medio de la nada, pero está en medio de todo.

Un mar de sal

En el trayecto se puede ver una escasa flora y fauna autóctonas propio de clima puneño y algunos guanacos y llamas salvajes. Es imposible no apreciar las cumbres nevadas de la cordillera y los rios congelados que bajan de las montañas. La gente saca inumerables fotos y muchos se tientan por caminar sobre la inmensa planicie blanca, todo un mar de sal de Tolar Grande.

Se observa poca vegetación, solo la necesaria para alimentación de los animales autóctonos. En verdad, es una tierra árida con la sequedad propia de la Puna pero con un paisaje exhuberante por su poderío montañoso.

Una caracteristica común que comentan todos los vistantes, es la sensación de uno parece estar en otro planeta. Se puede sentir la diferencia hasta en el aire que se respira.

El sólo viaje produce se una rara mezcla de diversas sensaciones como: vértigo, adrenalina y asombro. Al mismo tiempo uno no puede dejar de asombrarse por las imponentes cadenas montañosas.

Tal como lo hicieron en la cálida recepción, y también en la entrañable despedida, la gente, las autoridades y los organizadores dijeron: «El pueblo de Tolar Grande y su Pachamama, los espera todo el tiempo como siempre con los brazos abiertos». Seguro, así será.

  • Fotos gentileza www.123salta.com.ar

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