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El festejo del Grupo Espejo

El fin de semana estuvieron presentándose espectáculos en Salta de dos grupos locales, tres de Córdoba, uno de Jujuy y uno de Buenos Aires para acompañar con su trabajo al Grupo salteño de Teatro Espejo, que cumple este año veinte años de labor artística. “20 años no es nada” se llamó el suceso teatral.


Encuentro “20 años no es nada”

jpg_Rodriguez_Monserrat_Patricia.jpgEl festejo de los teatristas locales se desarrolló desde el miércoles hasta el sábado, unos minutos antes del inicio de la jornada electoral.

Se programaron nueve obras de dos sedes- Salta y Campo Quijano- y el evento fue prácticamente una gestión de los integrantes del grupo ya que no recibieron apoyo de las instituciones culturales de la provincia, ni del INT que calificó como no subsidiable el evento, a pesar de la trayectoria de sus integrantes, de la relevancia de algunos de los trabajos del grupo y de los años de trabajo en grupo. A pesar de esa soledad, el encuentro se llevó a cabo de manera autogestionada y convocó una moderada cantidad de público que se retiró conforme de las diferentes funciones programadas.

Entre ellas, he participado de las presentaciones del grupo jujeño El Peregrino- “Soy Antígona” y “No bailamos tango”- “Trotamundos” (Córdoba), “Pasión y Muerte del Gauchito Gil” (Bs.As)

La función de “Soy Antígona” se destacó en la programación por el sólido compromiso político que establece la versión de Fernando Balderacchi con el texto de Sófocles y sobre todo con el discurso histórico actual latinoamericano y argentino. La actriz Patricia Lubel dio muestras una vez más de su versatilidad y oficio actoral para encarnar a Ismene, Antígona, Creonte, Tiresias, un narrador, entre los personajes más definidos en la puesta.

Se trató de una propuesta densa y emotiva, con potentes elementos simbólicos, que crea climas viscosos alrededor del conflicto que afecta a Antígona respecto del decreto inhumano que impide el entierro y la memoria de su amado hermano Polinices. El texto paradigmático de la tradición griega carambolea el dilema familiar implicando en el juego a los derechos humanos y las problemáticas que la intolerancia y el olvido acarrean al hombre.

La puesta de Balderacchi se planta en esa frontera de tensión, para hablar de nuestra historia nacional. Entre las escenas imposible no evocar la parodia, sostenida en lo actoral, que establece Creonte con la alocución del Gral Galtieri o los diferentes generales de la dictadura. La puesta tiene momentos de calibre dramático que sitúan la lectura en lo socio-político, esto se remarca sobre todo en las imágenes que cierran la puesta y que enfatizan en el carácter inhumano en que los seres humanos hemos caído desde el inicio del siglo veinte. Un desfile “in crescendo” de guerras, líderes de los conflictos armados modernos, crímenes que afectaron la humanidad, autoridades intransigentes y líderes militantes de la paz en pugna desigual y desiguales dolores. Una apelación a la memoria, al cambio pacífico y al compromiso ético con el otro.

“Pasión y Muerte del Gauchito Gil” de Teatro Poquelin se trata más que nada del relato de la vida, de los momentos que desencadenaron una muerte injusta por lo traicionera y la devoción del pueblo litoraleño por el Gauchito Gil.

También con un soporte multimedia, esta vez sólo útil a los efectos escenográficos, con un repetido recurso escénico- los trapos rojos que innumerables veces aparecían en escena para ser entregados como ofrenda en el improvisado altar de la fábula- y un actor maduro que logró encontrar los momentos de respiración y tensión del relato para encarnar al paisano devoto de la tierra colorada. La riqueza de la obra descansa en los vericuetos de la dramaturgia del reconocido Héctor Rodríguez Brussa.

El intertexto del relato lo acerca y hermana a las numerosas creencias de nuestra tierra respecto de estos personajes ensantificados que circulan en la tradición popular. Los santos de la periferia religiosa oficial.

“Trotamundos” del grupo homónimo presentó también relato escénico en una estructura de seis cuadros (El cazador y la presa; El genio de la botella; El vendedor de estampitas; Lecciones de armonía o El enojado; Las caras y señales y la despedida)

El trovador y actor cordobés sostuvo su trabajo con elementos lúdicos, el canto y recursos simples como el trabajo corporal, escenografía e iluminación austeras. La delicada composición de la banda sonora de la propuesta potenció acertadamente la perfomance actoral que tuvo sus altibajos.

El actor cordobés estableció lecturas con textos de León Gieco, Amélie y la música medieval que dominó los cuadros de expresión corporal. El espectáculo mostró una dramaturgia dispersa pero se despega de lo ilustrativo en el tercer cuadro- El vendedor de estampitas, protagonizado por las ilusiones de un chico “diferente” en el que el actor cede la palabra a la canción de la película “Alas” de León Gieco. Y desde allí logra un clima que se sostiene para los enunciados finales del creador, el humor del trabajo resulta operativo y medido con el efecto final que se crea en la platea.

Se trató de un espectáculo unipersonal de perfil claramente popular, con climas emotivos y acercamientos en lo discursivo a la filosofía en la preocupación por lo humano, el hombre en sus conductas contradictorias, frente a momentos críticos como la posibilidad de la muerte, el otro diferente, las pérdidas y los sueños.

“No bailamos tango” propuso una comedia emparentada con el sainete y el grotesco, protagonizada por mujeres. La perspectiva de género permite la lectura más rica para hallar los sentidos del trabajo, justificado sobre todo en el conflicto relacional de Marga (Patricia Lubel, nuevamente sólida en el registro actoral) y Agustina (Cristina del Valle Tula, que ha podido captar la esencia del personaje y comunicarlo en escena). Y en la escena de cierre de la obra que rompe con la clave cómica y grotesca de todo el trabajo para introducir a modo confesional la palabra femenina. Mónica Salerno, dramaturga y guionista porteña da cuenta con el texto del final que los sesgos de la identidad femenina son insondables para la sensibilidad promedio masculina y son laberintos conocidos por las mujeres que se inventan nuevas vidas para poder vivir la de cada día.

La producción de El Peregrino Teatro sobrellevó problemas técnicos y de recursos que no impidieron un tránsito profesional del elenco; el hecho de incorporar morcilleos o reciclar aspectos extra del encuentro afectó el ritmo de la obra aunque logró el humor de una parte mínima de la platea que se sintió cómplice. La dramaturgia creció en virtud de las buenas actuaciones del elenco, un trabajo de iluminación que marcó los climas y la cordura interpretativa de F. Balderacchi que en vez de cerrar la fábula con el melodrama, la detiene en seco para darles la palabra a las inescrutables habitantes del universo femenino. Y ahí se apaga toda luz.

Lectura de un camino II: Grupo de Teatro Espejo

El grupo de Teatro Espejo debe su nombre a uno de sus primeros trabajos “Las astillas de mi espejo”, ópera prima de Fabiana Ibarra. Los integrantes del grupo Tulio Ibarra, Gustavo Delgado, Palillo Ramos y Cristian Villareal estuvieron todos presentes, trabajando por el encuentro y hermanados en la nostalgia de los tiempos fundacionales y en las urgencias actuales. Gustavo Delgado cuenta de los tiempos en los que se volcaron al trabajo con escolares para adquirir los rudimentos del oficio. Espejo se ha caracterizado por la coherencia de sus trabajos, siempre perfilados hacia las problemáticas sociales, una elección política bastante visible y legible en sus propuestas escénicas, y la estética del teatro popular.

Comenzaron sus actividades en 1989 y alcanzaron un logro provincial en 2003 cuando su obra “El amateur” de Mauricio Dayub fue seleccionada para participar por Salta en la Fiesta Regional del Teatro, que ese año se llevó a cabo en Catamarca. No llegaron a la instancia nacional en esa ocasión pero lograron una función llena de momentos emotivos y que apelaban a resistir en el país quebrado institucionalmente.

Posteriormente presentaron “Los sueños de Clemencia” del dramaturgo santiagueño Raúl Dargoltz otorgando visibilidad con la puesta a las voces de los marginales y denunciando desde su discurso político las numerosas crisis que afectaban al país. Por esta época comenzaron una sólida relación con teatristas cordobeses de Río Ceballos que sostienen actualmente.

“La mosca blanca” de Rovner fue uno de sus trabajos más efímeros dado que no hicieron muchas presentaciones en la ciudad. El texto vuelve a confirmar la necesidad del grupo de hablar sobre la realidad que agobia al ciudadano argentino.

En 2006, Espejo puso en escena “Como si fuera esta noche” de Gracia Morales, con dirección de Cristian Villareal, obra en la que se aborda la problemática de la mujer víctima de la violencia y de las conductas machistas y sus efectos en las familias marginadas.

El año pasado Espejo se volcó a la comedia y produjo la obra “El pañuelo” de creación libre. En ella Tulio Ibarra y Palillo Ramos se divertían mientras escenificaban “un acto” de la tradición escolar, una escena paradigmática del corpus romántico shakesperiana y agregaban un toque del folclore local en clave cómica y paródica.

Más allá de los resultados y flaquezas del trabajo, era evidente la búsqueda de los integrantes del grupo y la organicidad actoral con la que impregnaron todos los momentos de la obra. Ello fue reconocido por el Jurado Noa del INT que los distinguió como los actores cómicos de la competencia provincial.

Para la temporada 2009, Espejo tiene planeado además de su festejo, la producción de su celebrado “El amateur” con el mismo elenco de la versión anterior, y el clásico éxito de Tito Cossa “Yepeto”, con actuaciones de Tulio Ibarra y Palillo Ramos, ambas dirigidas por Gustavo Delgado.

Al grupo puede endilgársele seguramente carencias en lo profesional, pero es imposible no reconocer su trabajo popular y comunitario, el interés por el discurso de los marginales, la enunciación de denuncia que han elegido para sus obras, la coherencia ideológica en la elección de sus puestas y su trabajo artístico y social, la permanencia de veinte años juntos y la buena relación que surge de esas experiencias.

Gustavo Delgado, en la charla que cedió para Calchaquimix Cultura, enfatizaba en el carácter periférico que ha elegido el grupo para su circulación cultural, despegado de las instituciones oficiales si ello afecta sus creaciones. La realización del Encuentro “20 años no es nada” a pesar de los costos que involucraba, es una evidencia de ese pensamiento. Sus trabajos en comunidades desprotegidas reconfirman la tesis del grupo. Y hay que ver que en esta época sembrada de individualismos y frivolidades intelectualoides la idea del grupo de teatro independiente no tiene la misma adhesión que en los años setenta-ochenta cuando eso era una bandera de resistencia y de cambio.

Espejo lleva veinte años en búsqueda de su lenguaje propio, de su identidad artística y en ese recorrido tan difícil “veinte años no son nada” ya que el interés común parece seguir causando sed en sus integrantes. Otros grupos más instalados, de mayor prestigio y trabajo profesional ya han caído por diferentes circunstancias, que no nombraremos ahora. Por esa lucha y esa coherencia: “Felices veinte años Espejo”

Finalmente agradecer al Grupo Espejo y al Salón Auditórium las gentilezas hacia el medio Calchaquimix, Artes y Espectáculos.

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