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El diálogo de los recursos

El grupo Espacio In-verso abre el festival de Teatro Breve con Los sueños muertos de don Ínsula, obra escrita y dirigida por Idangel Betancourt, el viernes 3 de agosto a las 21.30 horas en la Sala Mecano de la Casa de la Cultura, Caseros 460.

Los sueños muertos de don Ínsula

Como artista plástico, recomiendo a los espectadores prestar atención a los recursos actorales, escenográficos, maquillaje, vestuario y utiliería. Estos elementos en la disposición escénica forman parte del diálogo textual, hablan también por sí mismos a través de la composición de cada personaje junto con el estudio de sus movimientos, diseñados coreográficamente para los tramos temporales.

Don Ínsula desea, incluso pide, que toquen música, muestra su trompeta, para que soplen el instrumento. Los personajes no desean hacerlo, no saben ya tampoco ejecutarlo, uno de ellos le sopla el rostro a Don Ínsula en signo de burla.

Encarna así la figura del tirano, del dictador, del autoritario, en donde cohabitan dos paradigmas simultáneamente: el de un lugar en donde no hay libertad, todos juegan el papel de vigilancia y control del uno y del otro; en el cual se vislumbra y va apareciendo la libertad como horizonte.

En el lugar en donde Don Ínsula habita nadie puede irse, están atrapados, detenidos en el tiempo, allí la tiranía envejece pero no madura, es siempre mediodía, un país donde el sol del cenit atraviesa un paraguas que no posee tela impermeable, sólo su estructura metálica, fría, que puede abrirse o cerrarse, pero que no tiene propósito, porque cuando no hay libertad, no hay lluvia, no hay reverdecer.

También, la trompeta, obsoleta, emite sólo un obtuso sonido débil, los soldados se han marchado y las recias han cesado, ha quedado la costumbre represiva que está representada por la tradición, donde la mujer habla graciosamente con entonaciones de baguala un contenido terroso indicador de sitio inmóvil.

En un lugar donde nadie puede salir, viajar, la valija no puede contener nada, está sin fondo, sin paredes, sólo su estructura de madera alberga una trompeta que «flota», gravita en su interior, como símbolo del autoritarismo, militarismo, toque de Diana, que es lo que desea oír Don Ínsula.

También todas las valijas, baúles, le pertenecen, están representadas en la suya, su característica horadada, no pueden contener nada, tan sólo la trompeta, de modo tal que la figura del Tirano tampoco puede mudarse, marcharse. Su vestuario es un impermeable, su bigote, peinado y caracterización; aluden al icono autoritario.

Cuando se quita el impermeable, se ve en pijamas, está en un estadio de sueño, deseo insatisfecho, ámbito diacrónico temporal y atemporal, entre la realidad pasada y el querer su continuidad dentro de un paradigma distinto que el suyo.

En un momento viola la libertad, la mata con su acto de vejarla sin más. El Tirano corre en patines, es conducido por su otro yo que gesticula con sus fuertes brazos que ya no le pertenecen porque no se asienta en el piso con sus pies ni conduce con sus manos, se encuentra enajenado por su propia locura autoritaria.

El tiempo personificado está quieto y viejo, marca su cronicidad con un sonido constante durante gran parte de la obra, hace sentir su presencia, pero debajo del frac se encuentra su desnudez. Es un tiempo en estado latente que puede renacer en cualquier momento.

El abufonado lo toma, también el Tirano, abusan de él representado con movimientos coreográficos y pélvicos, donde el tiempo detenido a cada palabra de Don Ínsula, adopta una actitud de inhibición y sojuzgamiento. El Tirano quiere, insiste en escuchar su propia música, y que los demás la ejecuten para saciar su sed de Poder.

Pero el tiempo tiene su desnudez latente, la cual representa el tiempo desenvuelto, el inicio de la continuidad de la vida, el abandono de la vejez y el arribo a un nuevo tiempo que tiene urgencia de libertad.

El desenlace se abre y afina en conjunto a ese nuevo tiempo, se despoja del negro frac y el nuevo tiempo amanece rebelde, lleno de energía, su cronicidad es vida.

La mujer vuelve a las libres palabras, su bandera la envuelve en cintas de tela bicolor y se traslada por el espacio escénico junto con los demás.

El elenco: Noelia Gana como Longina y Adarbala; Víctor Pagano, como El Sepulturero; Ricardo González, como El mago; Idangel Betancourt, como Don Ínsula y el Visitante.

  • Horacio Pagés

    Artista plástico.

    Especial para Calchaquimix.

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