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El antihéroe hollywoodense

Cruzado.jpgDesde hace ya algún tiempo, las superproducciones históricas de Hollywood cada vez se hacen menos épicas y más políticas. «Cruzada» es, casi más, una parábola política sobre el mundo contemporáneo que un relato histórico. Lo que no deja de sorprender es que la nueva película de Ridley Scott represente una visión del mundo que bien podría calificarse de progresista, a contrapelo de sus ultimas producciones (las imperialistas, «Gladiador» y «La caída del halcón negro»). Con fuertes elementos de los relatos de iniciación, el guión de William Monahan describe el pasaje del protagonista, de hombre común a héroe de masas. Pero un héroe cuyo destino apunta a la derrota y deposición de las armas, exactamente todo lo contrario a lo que dicta el canon hollywoodense.


En la Francia del siglo XII, tras perder a su esposa e hijo, el herrero Balian recibe la visita del noble Godofredo de Ibelin, quien viene de Jerusalén, en su búsqueda. Balian tal vez sea su hijo natural y a quien el cruzado desea legar su apellido. En su derrotero, el herrero terminará liderando los ejércitos cristianos frente al asedio del sultán Saladino. _ Antes de ello, Balian se habrá convertido en protegido del rey de Jerusalén, además se alía con el noble Tiberias, gobernante de la ciudad, lo cual hace de él el enemigo declarado del caballero templario Reynald de Chatillon y del conspirador Guy de Lusignan, quien aspira a suceder al rey en el trono. Sibila, hermana del rey y esposa de Lusignan, se enamora y se convierte en amante de Balian.
Cruzado1.jpg_ De esa manera las cartas están echadas, para que esta suerte de culebrón político haga crecer sus intrigas, hasta que todo converja en la gran batalla, durante el sitio de la Ciudad Santa. Como corresponde a ambos géneros, «Cruzada» pone más el acento en las batallas dialécticas que en las de los ejércitos enfrentados. No faltan, obviamente, ni los combates cuerpo a cuerpo, ni las flechas incendiarias cayendo sobre Ciudad Santa, ni las torres de ataque sarracenas cayendo una tras otra, ni las masas de soldados convenientemente digitalizadas.

Pero nada de eso importa tanto como las referencias al mundo contemporáneo. Los señores de la guerra son aquí ultras, fanaticos religiosos que estan convencidos de que «matar a un infiel es ganar el camino al cielo». Saladino, líder de esos mismos «infieles» es un dirigente noble y justo. Profetizando tal vez el resultado de la reciente fumata blanca, se alude al Papa como aquel que guía a los caballeros Templarios al exterminio del Otro. Ni qué hablar de la línea de diálogo en la cual se enjuicia a esos fanáticos que quieren hacer pasar su voluntad como «expresión de la voluntad de Dios». No hay duda de que para poder hacer pasar esta serie de transposiciones, «Cruzada» necesita tomarse todas las licencias históricas posibles. Pero al fin y al cabo, ningún héroe de Hollywood es real. Y en tren de elegir la leyenda, siempre será preferible imprimir una que resulte inspiradora, antes que aquella que no haga más que reproducir la ideología dominante.

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