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Diversidad sin hallazgos en dos obras

Esta son dos obras que me convocaron como espectadora. Se trata de un espectáculo “viejito” de café concert- “80. Rosas rococó”– que ha ido adaptándose a diferentes circunstancias en su recorrido temporal y espacial. Y un estreno en Salta que sacó de su letargo creativo a Jorge Renoldi, quien junto a la actriz neuquina Grisel Nicolau dieron pista al espectáculo “Perséfones del Sur” en el Teatro de la Fundación.


Ambos trabajos distan kilómetros de distancia escénica entre sí y eso es una muestra positiva más esta diversidad tan sana que se ha venido llevando a cabo en el teatro de Salta.

La rosa, sin Mirtha

El café concert se aleja de los tan habituales espectáculos musicales más que nada folclóricos que llenan las calles de la Salta nocturna. En un agradable lugarcito en Santiago del Estero y Sarmiento, donde las paradas de varios colectivos urbanos, las dos actrices del grupo Teatrico Suburbano- Cristina Idiarte y Gabriela Vásquez– fueron el blanco de varias miradas curiosas, sea en la calle, sea a través del vidrio que rodeaba al bar «Gieco» lleno hasta el tope de público treintañero.

Los años 80 fueron tematizados en los monólogos, en los diferentes personajes (Joan Collins, la Mujer Maravilla, He Man) y en la selección de la música. Desde el presente evocaron la superficialidad, la ridiculez y la oquedad que estos años representan en la lectura histórica y para algunos sujetos de su generación. Una galería de íconos ochentosos salen a la palestra a contar su pasado glorioso pero siempre desde el ahora en una especie de recorrida para el diván. Evocados desde la parodia y el humor más que de la nostalgia catártica, tan frecuente en estos “espectáculos tributo”.

Lo más atractivo se dio justamente en el perfil perfomático que fue adoptando el trabajo estrenado en 2006. Algunos minutos de vereda. Los momentos de morcilleo. Algún interlocutor ocasional que sin saberlo se convertía en material teatral de la improvisación. La interacción con el público.

La cabo Vilca se destacó por la solidez de su personaje que entrelaza dos estilos de energía actoral muy distantes y que permiten la tensión y distensión del espectador.

Toda la galería está enmarcada en la historia de dos amigas caza autógrafos que se llegan al bar en busca de Mirta Legrand, todavía de Tinayre. Ella, el ícono máximo de aquella época chic para las argentinas, el alter ego fulgurante de tantas señoras y toda la oquedad que ello representa no llegó nunca.

Habría que ver por qué no llega nunca (más allá de los diferentes cambios que la obra sufrió ya que el personaje Mirta Legrand sí integraba la presentación en los inicios de la producción). Si porque aquella época terminó o porque todavía se sigue en lo mismo y en el horizonte de deseo de muchas las rosas rococó siguen encandilando con sus brillos y engaños pop.

Códigos para pocos

jpg_Persefones2.jpgPara pensar también es el espectáculo de Jorge Renoldi y Grisel Nicolau reestrenado para Salta en el Teatro de la Fundación, ya que al igual que Miriam Díaz con “Voces blancas” la obra fue estrenada en Jujuy hace unos días atrás. Coincidencia.

El texto recorta la situación mítica de la diosa Démeter que busca interminablemente a su hija Perséfones raptada por Hades, y encerrada de sus afectos con propósitos siniestros. El robo priva a la madre de la alegría de su hija y justificaría la razón de la pena invernal en la tierra. La lectura que el grupo ha dado a este hecho les permite trasladar el tema del mito a los raptos de jóvenes para trabajar en la prostitución o trata de personas.

Historia abordada desde el lenguaje poético y construyendo imágenes plásticas que conjugan el tono lastimero, inocente o agresivo de los personajes con instantes sutiles de música, vestuario, elementos en el espacio y luz. Vemos una madre que busca con dolor lo perdido. Unas hijas. Vemos la pérdida y la maldad del que roba. Vemos la maldición con tanta verdad que sólo por ver y oír esa escena hay que pagar la entrada. Todo lo demás está impedido desde el lenguaje, desde el ritmo, desde la acción.

El espectáculo justamente por la elección del lenguaje poético deja fuera a gran parte del público; ya el mito es un código para pocos y tanta poesía sella la entrada al espectador crípticamente. Una vez más se adivina el sentido o los sentidos de la propuesta y ante esa incertidumbre el público opta por conmoverse con las imágenes que repite Renoldi en esta clase de propuestas.

jpg_Persefones1.jpgLa actriz se mueve en un metro cuadrado casi todo el tiempo, está detenida en su dolor pero es una búsqueda. La corona se hace hilo y como si fuera Ariadna encara la tarea épica. Vemos sombras de la idea, sombrías presencias que se debaten entre el encierro y la vida. Pero unos velos han impedido a los propios creadores decir. El público no puede reponer esa oscuridad en el planteo.

El trabajo de Grisel Nicolau está comprometido aunque ha desaprovechado la profesionalidad que le conocimos en su anterior obra- “La culeada”, el nombre que nadie quiere decir – para aportar sentidos al público.

Curiosamente en los dos espectáculos adoptan por título lo que no se ve en el escenario; Mirta Legrand que instaló sus rosas rococó, tan delicadas, tan souvenir más que testimonio de una época, flores tan de chiste, no aparece más que aludida en el café concert y en Perséfones del Sur, idénticamente. Aunque las otras ausencias son las que hacen que este espectáculo quede con destino incierto.

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