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De encantadores y encantos

Culminó el 2° Encuentro de Unipersonales UNIVOX Salta, organizado por el Instituto Nacional de Teatro local, que comenzó con toda la carne en el asador. Impagables fueron los espectáculos de Jorge Ricci “Un puñal en las carnes” y del tucumano Pablo Latapié “120 kilos de jazz”.


2° Univox: Dar visibilidad

a personas valiosas

El sábado 9 de julio lo rescatable de la programación fue la obra “Entretrenes” dirigido por Marité Pompei, destacada actriz y teatrista de la comunidad teatral catamarqueña. Por lo demás, absolutamente olvidables las obras de Carlos Delgado y su “Pequeña, cruel, bonita” y Viviana Perea con su propuesta “Julia” versión fastidiosamente interminable de “La Srta Julia” de August Strindberg.

120_Kilos_de_jazz.jpg Como siempre estos eventos regionales se fortalecen en la posibilidad de conocer el hacer de los demás teatristas, en la diversidad de poéticas que uno ve desplegarse en escena y en las temáticas que cada profesional asume poniendo su cuerpo. Demás está decir que en un espectáculo unipersonal todo se torna complejo ya que la soledad del escenario otorga un mínimo de tiempo para que el actor cautive al espectador, tiempo más breve que en otras teatralidades y mucho más exigente. Deben darse justezas milimétricas de dramaturgia, desempeño actoral, coherencia de dirección para lograr una poética, una obra que detenga al espectador en su butaca.

El contrato actor- público se vuelve frágil, delicadísimo. Y las técnicas para cautivar son igualmente importantes. Tanto Jorge Ricci– actor de oficio sólido- que se sostiene en la dramaturgia de otro genio como Mauricio Kartún para contar la derrisión de Monterito, como

Pablo Latapie
Pablo Latapie
Pablo Latapié que se ampara en una efectiva comedia de nuestro César Brie saben que el encanto de un unipersonal es delicado, tan endeble que requiere de un ejercicio consistente de la profesión y de un equipo más profesional por detrás. No es sólo narrar oralmente, decir, cambiar o no las voces y personajes, poner subrayados musicales efectistas. Es más denso y por ello mismo encantador. El espectador es víctima de un encanto. Sortilegio de fakir y coral.

Jorge Ricci sube algo frío a escena, sus primeros minutos son los de un hombre común. El morbo se habilita cuando sabemos el tamaño de su disparate: ha escapado con Sandrita-“¡17 añitos Sandrita!”- y desactivó treinta años de matrimonio, abandonó todo por ella, por él en realidad. Empleo jerárquico, empresa conservadora, amigos deleznables pero correctitos, mujer, hijo, status. Todo cae. El espectáculo muestra la aventura, el costo del affaire y con ello su desmoronamiento y la consecuente derrisión que se genera en el público.

Jorge Ricci, como los actores de oficio, toma el pulso del público en sala en esos minutos y los siguientes momentos son encantadores, magia de pura cepa. Todo en código humorístico y con punteos de tango (Pasional) y se va viendo como este pequeño burgués va y vuelve, con olor a versión machista de “Los puentes de Madison”.

Impagable el trabajo de Kartún con esta descarnada experiencia de un señor aparentemente atacado de “un viejazo”, en realidad ahogado, detenido del amor y vaciado de vida. Kartún disecciona esta experiencia y Ricci pone e cuerpo salvaje para reconstruir el fracaso de un hombre mediocre en tres partes: la partida a Mardel, el extásis y el retorno.

Por su lado Pablo Latapié– impresionante actor de factura tucumana al que ví en innumerables obras – halla su tempo y personaje justo en “120 kilos de jazz” del actor y director del Teatro de los Andes César Brie. Fue gracioso incluso el lugar que se eligió para la obra: en la puerta del INADI Salta el Gordo Méndez hace de sí mismo un espectáculo en el que caen estereotipos del boliviano, peruano, porteño, burgués, incluso la mujer.

Pero aquí la historia de Brie se nutre de las “impros” de Latapié. Sacado y por ratos desaforado, halla en el Gordo Méndez al hombre justo para divertirse y despilfarrar su oficio actoral. Hizo de cada evento del contexto un aporte para la obra. Y embelesó. Todos compraron al Gordo Méndez y comprendieron el tamaño de su amor por ella, pero más el amor por el sándwich del final.

Hace unos años ví este espectáculo en la ciudad de Jujuy, montado por el mismo Teatro de los Andes y debe decirse que hay un clima desaforado en la propuesta de Latapié- dirigido por Viviana Perea (Grupo Ross de la Sala Ross) que apaga de alguna manera la veta romántica que la versión original sostenía. Y que anoche también faltó la banda en vivo que acostumbra acompañar al actor en la sala tucumana donde sigue programado a pesar de haber estrenado en 2010.

  • Patricia Monserrat Rodríguez

    Crítica teatral

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