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Con sobriedad y esencia de las partituras

«Los Pinos de Roma» es una obra poco ejecutada, que adhiere a lo que llamamos música programática. Música que sugiere o subraya un título o un argumento que elige el autor. Aquí Respighi toma algunas sonoridades populares de la tradición folclórica popular.

  • Concierto de la Orquesta Sinfónica. Martes 30 de noviembre de 2010. Solistas: Inga Iordanishvili en violín y Saro Danielian en oboe. Primera parte: Los pinos de Roma de Respighi y Concierto en re menor para violín, oboe y orquesta de cuerdas de Bach. En la segunda parte, se ejecutará “El Mar” de Debussy.

Lo interesante es percibir como trabaja de manera magistral la paleta sonora de la orquesta con brillante fantasía. Tanto los músicos como el director respondieron con sobriedad, dando como resultado una versión honorable de la obra, con trabajos muy finos de las dos arpistas, de la percusión y de las maderas.

Inga Iordanishvilli y Saro Danielian
Inga Iordanishvilli y Saro Danielian
Teníamos luego mucha expectativa por escuchar a dos excelentes músicos de la Sinfónica, Inga y Saro. Solventes, comprometidos y musicales estuvieron en el bello Concierto para violín, oboe y orquesta del inmenso Bach. Inga es no solo una violinista de excelencia y una bella persona, sino que es una docente que se brinda por entero a sus numerosos alumnos tanto de Salta como de Jujuy, una artista incansable que entrega sus conocimientos sin retaceos y con absoluta abnegación.

El concierto tuvo como cualidades relevantes la total naturalidad y soltura que tuvieron los músicos en el escenario lo que sin dudas cautivó a la audiencia. Inga es poseedora de una técnica perfectamente relajada que funciona de una manera tan natural para ella como el respirar; su tono es cálido y puro con una gama de matices y colores que controla tanto con su arco como con su vibrato, mientras que Saro no le va en saga.

Y luego el bello Mar…

En la primera sección la orquesta tradujo muy bien la sensación ondulatoria que busca el compositor. El principal tema es declamado por la trompeta y el corno y el puntilloso acompañamiento orquestal semeja las ondas y la espuma a la salida del sol. Hacia el final el hermoso coral, que fue solemne y noble surgiendo gradualmente de las profundidades del sonido.

En «Juego de olas» se percibe el caprichoso juego del viento con las aguas. La música toma aquí una exquisita cualidad impresionista de lo vago, lo fantasmagórico, lo evanescente y fugitivo que fue entendido muy bien por la orquesta.

En «Dialogo entre el viento y el mar» hubo dramatismo, donde la música tomó formas de inmensidad. Tenemos que recordar que estamos en pleno impresionismo, aquí no hay una plena descripción del mar, es más un acercamiento a la divina energía marítima, al interjuego de las aguas.

Es una música ornamental, una aproximación semántica a la idea del mar, con una armonía que no es funcional, sin jerarquía entre acordes, una pintura al estilo de Turner, admirado por Debussy al que describió como «fino creador de misterio». Todo lo anterior sirva para aclarar que la orquesta supo capturar la esencia de la partitura, que no es fácil en modo alguno.

Como bis, pudimos escuchar una versión ligera, veloz pero desprolija rítmicamente de un número de las bellas Variaciones Enigma de Elgar: Nimrod.

  • Magister Pablo Alejandro Sulic

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