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Codigo Da Vinci: libro aceptable, filme denso

Finalmente tenía que ir a verlo, al menos eso me marcaban los indicadores de concurrencia, que ya han hecho de esta realización del director Ron Howard bien asociado con el autor del libro «El Código da Vinci», Dan Brown, que no lo debe haber dejado moverse en sentido alguno. Pero si, como era todo un éxito, un best-seller absoluto, que ya supera en varios millones de espectadores a otros filmes en pantalla y que por aparte ha vendido cuarenta millones de copias del libro, traducido a varios idiomas, hace del creador (bien condenado por Umberto Eco), casi un intocable y dueño de hacer lo suyo.


En Salta se proyecta ahora todo el día, más de una docena de veces, de la mañana a la noche y hasta en trasnoche, a razón de dos proyecciones por hora. Cuando fuímos, al mediodía, había treinta espectadores (y pensar que cuando fui a ver la película argentina «El Custodio», mejor, estaba sólo y se la levantó a los seis días).

Seguro que los que fueron a ver la película ni deben haber leído lo que otros críticos escribieron, generalmente en contra. Pero éso no es óbice, van igual, total, está de moda. O porque Jesús, desde el musical «Jesucristo Superstar», o el trágico «La pasión de Jesús» de Mel Gibson, es, de por si, un bestseller interminable.

CodigoDaVinci2.jpgEn la obra de Dan Brown suscita la teoría que según él, fue investigado como cierto, de que Jesús no era tal, sino un ser humano común y silvestre, que no tenía
nada de divino (y hasta juntado con una mujer, María Magdalena, después descalificada de la historia por el pueblo judío, que condenaba la prostitución como el peor de los pecados.

Y bueno, para escuchar tal aseveración hay que soportar hasta ahí, más de hora y media de un cine muy oscuro, complicado y a veces hasta absurdo, o francamente risible.

Por caso el demoníaco monje Silas, que se flagela como Dios lo trajo al mundo… y es un impiadoso asesino, mata como sea y donde sea, incluída a una pobre e infeliz monja, no sin persignarse varias veces antes de cometer alguna fechoría, oportunamente ordenada por el omnipotente «Opus Dei», organización religiosa fundamentalista católica, creación de Escriva de Balaguer, que de tan perversa y misteriosa (según este filme), capta más adeptos que enemigos. Y para muestra basta un botón: el también francés, Jean Reno, que hace del inspector Fache (¿será por «facho»?).

En cuanto a los protagonistas: el ahora mechudo Tom Hanks, actor generalmente de kilates, que hizo filmes memorables como «Forest Gump», «Filadelfia» o
«Náufrago»
, interpreta sin mucho entusiasmo un profesor decodificador que investiga la cuestión y llega a increíbles y retorcidas conclusiones. Muy sesudo se da cuenta que el cuerpo de un asesinado, al inicio, estaba en el piso de parquet del Louvre, por una foto borrosa.

La única figura femenina es la pálida cara de piedra Audrey Tautou, que hace princesa Sofía. Una actriz francesa que desafortunadamente muestra aquí tanta
expresividad como una cucaracha. Alguien le dice «ví como miras al profesor» (por Hanks), como si estuviera algo, apenas siquiera, entusiasmada. Mentira, ni lo mira y si lo hace es con total indiferencia. Un dato, apenas si sonríe cuatro o cinco veces en toda la película, por no más de tres segundos por vez. Y asi y todo le dicen; «¡Que linda sonrisa tienes!»… Perdón ¿cuál sonrisa?

El inglés Ian Mc Kellen, «el Maestro» salva las actuaciones hacia el final y le da algo de sentido y profesionalismo al relato, que los otros no aportan. Entiendo que ir a ver una película para que nos tiren una teoría algo traída de los cabellos, por escasos instantes, no sirve.

También que el cine, como arte, tiene distintos parámetros que los literarios, algo más sencillos y directos. Que leer, se puede releer un libro, o consultarlo diez o
cien veces, párrafo por párrafo, pero para ver algo una vez en cine, hay que entenderlo y bien, del principio al final, o reverlo y yo al menos, ni loco pago de nuevo para verla.

Para concluir que bueno, bien dicen que Dios perdona todo. Quizás hasta este plomísimo y largo filme de dos horas y media.

Nosotros no…

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