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Buenas nueces y poco ruido…

La obra teatral del grupo Espacio In-verso Los sueños muertos de Don Insula se estuvo presentando en la Sala Mecano de Casa de la Cultura, lugar que sin duda potencia positivamente la propuesta escénica de Idangel Betancourt, director del grupo y en este caso adaptador de la reconocida novela del mexicano Juan Rulfo, Pedro Páramo.

“Los sueños muertos de Don Ínsula”

Esta producción se integra a la oferta teatral de la mano de un grupo de actores nuevos y un director que hace su entrada en la realidad cultural de Salta. Y sin hacer mucho ruido en el ambiente vienen haciendo buenas nueces.

“ los muertos que flotan boca arriba son los muertos más antiguos, necesitan siglos para alcanzar ese estado de reposo”( en “El ojo de la ballena” de Jorge Renoldi, Secretaría de Cultura de Salta, Salta, 2002, pág 30).

Los sueños muertos de Don Insula reproduce el conflicto de Juan Preciado en Comala, pero se sitúa ahora en la inquietante tierra de Barlovento y la herencia buscada sigue siendo un blef y la promesa que moviliza al héroe lo lleva a un nuevo rumbo señalado por el agobio, el desamparo y la pesadumbre.

Con las marcas del discurso del realismo mágico que caracteriza a lo latinoamericano, y desde una poética coherente y sugestiva Idangel Betancourt conversa y conserva muchos de los sentidos del texto de Rulfo. En la versión teatral ha hecho un traslado más bien respetuoso de un lenguaje a otro.

Son varios los signos que la fábula pone a funcionar, la iluminación hace inestables y sorpresivos los ritmos del trabajo actoral privilegiando las imágenes que quedan ancladas en la memoria del espectador, la música y los ruidos remiten siempre a la tierra, al reclamo silencioso andino, puna que lleva al ensueño a los héroes perdidos de la noche global, las actuaciones sintonizan más con el absurdo y la farsa en una puesta que abre lecturas más que cerrarlas. El vestuario y los objetos anclan el trabajo en una estética no realista.

La historia que representan es mínima y poco a poco el clima de pesadumbre, de alucinación y la relación provocadora que se genera entre los personajes desplaza el interés de la intriga. Sólo queda un acontecimiento nimio que persiste en su insistencia: es necesario tocar la melodía en un instrumento imposible, extranjero, ajeno a los ecos del cerro, a los vientos latinoamericanos.

El clima de ensoñación se rompe a menudo con el personaje de Adarbala y Longina. En alguna parte de estas escenas femeninas evoco una etapa del director Jorge Renoldi en su puesta de Pájaros de papel, trabajo que también se relacionó con el realismo mágico, allá por el 2001.

En el trabajo de Betancourt la mujer encarna dos identidades: la vieja y la bella. Mientras que en Renoldi sólo la belleza y la ternura, también allí había una promesa pero surgida del amor y del temor. Ella quería ser enterrada y asegurar su reposo en la tierra final. En Barlovento no existe esa posibilidad: no hay descanso ni paz después de la muerte.

La Muerte lo domina todo e impide toda promesa, toda música, toda belleza. El clima es de negrura, convirtiéndose Barlovento en un Pueblo Negro (2000) más absurdo, más injusto, interminable. Un perpetuo rumbo imposible.

Ya no es posible esa tierra, ese sueño, esa vida. La oquedad se repite todo el tiempo y enclaustra la propia vida. Impide tocar la melodía, el ritmo de América Latina no se oye, ocupa la vida y la muerte de las gentes. Son sueños muertos, palabras y notas rotas, ruidos ajenos, esfuerzos acabados.

Una búsqueda escénica muy interesante la que propone Espacio In-Verso, grupo que se identifica con la literatura, la búsqueda e investigación a través de las posibilidades de la palabra y de la no palabra. Si bien no propone nada novedoso ni encriptado si se diferencia de las últimas propuestas teatrales de la ciudad. Seguramente por su reciente conformación sufren del mismo mal que la comunidad teatral local: los desajustes en el registro de actuación que deslucen el cuidadoso trabajo que si muestran los demás signos escénicos.

En las nuevas presentaciones será sin duda agradable participar de esta sugestiva experiencia que nos llega de un director insular, que además viene mostrándose inquieto en el quehacer teatral: Idangel Betancourt se ocupa de la logística de la Escuela de Espectadores, la Escuela de Críticos de Teatro que hace poco inició su actividad, ha ganado la beca de investigación de este año del INT proponiendo una indagación desde la antropología teatral y la realidad andina, coordina el Programa de extensión teatral de la empresa Pampa Energía, y da clases de escritura y teatro en diferentes instituciones culturales.

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