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Aplausos de pie y risas inoportunas

Pasaron los seis días del Festival Teatral del Bicentenario “Late Alto Salta 2010”. Pasaron por los teatros llenos de público salteño, compañías y espectáculos elegidos, según criterios especializados, por la diversidad de propuestas.

Lecturas y resonancias

Se pudo ver en la programación que recorrió Salta la necesidad de formar y mostrar al público las diferentes tendencias escénicas y apoyar en un acto político el trabajo del teatro nacional independiente.

Esos fueron los carriles por donde circularon las políticas culturales teatrales de este circuito del bicentenario. ¡Ojalá no haya que esperar otros doscientos años para ver la recurrencia de esta clase de ideas! (este enunciado también es un anhelo de los protagonistas del mundo teatral; de hecho formó parte de un gag del espectáculo cordobés “Juan Romeo y Julieta María”)

Modernosa teatralidad

Entre la programación internacional a la ciudad llegaron espectáculos que se sostienen en las técnicas circenses, en el manejo corporal, teatro de títeres de novedosa manipulación o bien fuertemente arraigados en la teatralidad más modernosa.

Un verdadero showman fue la propuesta de Anthony Vennise (“El conserje”) en el sentido de la multiplicidad de competencias artísticas que domina, con las cuales causó el deleite tanto en el código del clown como en el de teatro de imagen. Este espectáculo dio apertura al festival Late alto en Salta y marcó el tope para las demás producciones.

La misma calidad en cuanto al profesionalismo pero más tendencia circense fue lo de Bélgica con “Doble tour”, en este caso una simbiótica pareja de artistas que se plantaron en el escenario para desplegar un abanico de destrezas técnicas que se alimentaban de teatralidad y construían un espectáculo plástico de imágenes exquisitas.

Venezuela ofreció un espectáculo del mítico “Rajatabla”, casi una pieza de museo con estética del realismo reflexivo de los años en que el teatro era la conciencia social del pueblo. Vertiente que hoy casi está agotada en su discurso y muy pocos realizadores persisten en estas búsquedas.

Respuesta homogénea

En Salta pudimos ver la obra “Trastos viejos” allí reconocimos los mismos males que taladran agudamente los cimientos de nuestro pueblo: la ignorancia, el abandono, la violencia, los efectos de la drogadicción y todo el catálogo de quejas y lamentos propios de la voz vencida.

Lo que fue un pequeño timo fue lo de Hungría y sus títeres minúsculos; carentes de una dramaturgia que sirva de red textual a los delicados y virtuosos títeres articulados el espectáculo se diluye a los pocos minutos del primer encantamiento.

Pendidos del hilo del artificio tamaño pigmeo y una banda sonora que apuntaló bastante la delicadeza y lo clásico pero sin resignificarlo. Curiosa fue también la respuesta homogénea del público quienes como creyentes sedientos de la santa hostia extendían la mano acezando para que el titiritero impedido del habla castellana asentara en las palmas la diminuta ballerina y distraer así unos minutos más de espectáculo.

Esta perfomance de la conducta del público me resultó interesante porque activó otra teatralidad en la platea también se produjo otro episodio similar en el cierre del espectáculo.

Y por la distancia enorme que hallé entre esta producción y otras nacionales también de pequeña factura, como la del titiritero mendocino Patalarrastra, el propio Guaira Castilla y la obra- maravilla de La Faranda “El teatro más pequeño del mundo”.

Humor inteligente, gracia espontánea

La programación nacional salvaguarda con más coherencia y esfuerzo nuestra identidad. Maestros inimitables, catedráticos de la risa, son los cordobeses para el humor inteligente y la gracia espontánea. Nadie como ellos han podido mutar caras agrias en sonrisas de ensueño y sonoras, estrepitosas carcajadas. Tanto el espectáculo de Cirulaxia contraataca, “Desastres” como el de Oyarzún-Piñeiro con “Juan Romeo y Julieta María” han demostrado tanto compromiso profesional como una capacidad increíble para divertirse en el escenario y con la platea.

De colección fueron las reacciones del público, un ensamble de carcajadas y sinfonía de luces picarescas en los ojos de los espectadores. Ambas compañías provocaron al público, le dijeron unas cuantas verdades y sobre todo lo divirtieron con propuestas creativas, con códigos conocidos pero recreados como el clown y el títere de guante.

Dramaturgias de creación y de conocedores del oficio y sobre todo de las necesidades del público y de las responsabilidades del artista en relación a su quehacer y su proyección. De hecho nos han entretenido con historias gastadas como la tradicional caperucita o la trillada historia de amor, pero matizadas, atravesadas, por innumerables momentos de doble sentido y juegos de improvisación que apelaron a la complicidad argenta.

“Lote 77” y “Tercer cuerpo” de CABA acercaron al público al drama bien hecho. Ambos trabajos con estéticas disímiles y con códigos de las nuevas tendencias. Ambos con directores muy jóvenes y con singular éxito en la gran urbe. Este medio ya dedicó espacio a la producción de Marcelo Mininno por ello las palabras acentuarán el carácter kafkiano de la obra de Tolcachir.

Ambiente irrespirable, humor de paradoja y contaminado de lo siniestro; seres degradándose ante nuestra mirada en un ambiente por momentos hiperrealista y por suerte en otros marcando la distanciación.

Entre Kafka, Sartre y Tolcachir pasa algo. “Tercer cuerpo” se enmarca en el piso olvidado de un edificio en el que funcionan varias oficinas. Seres olvidados son los que lo habitan, y olvidables sus historias si el dedo de un director molesto no insistiera en desenmascarar y provocar la corrosión de estos seres mediocres.

La obra de Tolcachir pasó, a juzgar por la devolución del público, como una comedia cuando en escena se destapaban pozos negros y miserias que estereotipan al ser argentino. En “Tercer cuerpo” no hay salvación posible, todo está herrumbrado.

La organización

Salas llenas es el resultado de buena difusión e instalación del evento a un costo ($2) más que accesible. Entre otras cosas positivas de “Late alto Salta 2010” fue la calidad técnica lograda en la mayoría de los espectáculos y la funcionalidad de los espacios elegidos para la puesta de las obras.

Da que pensar la conducta del público, más bien de los hacedores del teatro local quienes coparon butacas y boleterías ocluyendo más de una vez las inquietudes del público genuino. Desesperados por el mejor lugar y haciendo uso de unas estrategias innobles hacia el espectador común convocado quizás por la curiosidad cultural.

Conductas que van en contra de sí mismos y del crecimiento de la actividad que se desarrolla en todo el año. Seis días dieron la pauta de su voracidad y del desconocimiento de ciertas pautas sociales que en otros lares serían reprochables.¡Cosas de la identidad!

Al menos este festival fue convocante para todos y provocó la gestión de las instituciones culturales: si hubieron desacuerdos y descuidos pasaron bastante desapercibidos para el espectador de “motus propio”. El ciudadano pudo ver salas cuidadas, personal competente y ambientes agradables.

La desprolijidad se produjo en la venta de entradas ya que en muchos casos se abrió la venta en horarios no avisados y notable fue la falta de criterio en la elección de salas. Fue el caso del espectáculo húngaro que requería un ámbito íntimo, que permitiera un cercanía no sólo por lo visual de la obra sino para apreciar la manipulación y poner en valor lo que se veía más allá del poder magnético de la pantalla que se dispuso para amplificar la imagen.

Esta idea entra en franca contradicción con la idea de poner la obra “Carnes Tolendas” en la Sala Mecano. La convocatoria agotó las cincuenta butacas disponibles en veinte minutos de venta. A la tarde se dispone el cambio a la sala Juan Carlos Dávalos, que afortunadamente corrigió el primer traspié, desatando otro: el público no se enteró de la novedad y generó el apurón en varios espectadores y el vacío de filas completas para una obra que tranquilamente se adapta a las grandes salas.

La improvisación se le atribuyó a “problemas técnicos” y cambios de última hora. De todas maneras terminó con un plus de beneficio ya que dos tercios de sala pudieron disfrutar del biodrama de la cordobesa Camila Sosa Villada, quien dirigida por María Palacios dejó su testimonio escénico con una frescura artística elogiable y gran competencia en el dominio de las claves lorquianas. Aprovechó para dar cuenta de su vida de travesti y cacheteó un poco al público con su simpatía de doble filo.

Hacia la formación de espectadores

La última reflexión me lleva a las palabras de Josette Feral, quien en la Ñ de ayer dice que “los espectadores son la medida del espectáculo” y también dice al toque “Pero los espectadores también tienen que formarse”. Esto último se evidenció sobremanera en la recepción de las obras: mientras algunas de ellas apelaron a la clave cómica de manera directa otros provocaban la risa por lo esperpéntico de la situación.

La incondicionalidad de la platea fue posible más allá de la calidad de las obras, sobraron aplausos de pie, sobraron risas inoportunas y faltó el “feedback” eficaz. Será importante redoblar las apuestas en la escuela de espectadores y en la producción profesional local ya que generará diversas nuevas exigencias.

  • Patricia Monserrat Rodríguez

    Escritora y critica teatral

    Especial para Calchalquimix

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