spot_img

Algo huele a podrido…

La cultura salteña ha tenido últimamente los ribetes tragicómicos de los novelones de tv: abandonos, divorcios, odios, llantos, idas y venidas, todo en esa frágil caja de cristal en que se ha convertido Caseros 460. Los cambios, que deberían ser beneficiosos según la ley del equilibrio del universo, han dejado en este caso un tendal de muertos y moribundos en la escena cultural salteña.


Algo huele a podrido…

La gestión de Caro Figueroa pareció ser un soplo de aire nuevo en sus comienzos, con tanta participación ciudadana y apresurados festivales poéticos, pero a medida que transcurrieron los meses, las ansias de poder y acumulación de laureles y pesos de algunos funcionarios culturosos se superpusieron a los principios y a la esencia de esta institución por un lado y por otro lado, la campaña en contra y la guerra sin descanso que montaron los defensores de la gestión anterior, desde Pro Cultura, desde el mismo interior de la Secretaría y desde páginas web amarillistas. Todos estos ingredientes, sumados a políticas culturales poco atinadas terminaron por derrocar una gestión que sus buenas intenciones habrá tenido.

Algo huele a podrido….

El último cambio que se produjo en la Secretaría de Cultura no se puede comparar con nada…porque nada quedó. Entrar a esta caja vidriosa da cuenta del vacío que se produjo y de la inestabilidad institucional que quedó, que hay y que aparentemente habrá de quedar junto a las nuevas autoridades y los pocos empleados que resisten y no quieren abandonar este barco, pese a lo titánico de la situación cultural.

Mientras bombardeaban a Caro Figueroa por su falta de capacidad para ¿ser un funcionario corrupto? y por dejarse manipular ante la falta de escrúpulos y la soberbia de su directora de acción cultural, la ofensiva romerista se estaba preparando, moviendo sus piezas sigilosamente a sabiendas que varias cabezas iban a rodar y allí ellos, como siempre lo hicieron, volverían, como siempre volvieron y serían muchos, no sé si millones.

Así las cosas, digo la sacudida cultural, nos dejó sin un Coordinador de la Biblioteca que tenía una amplia visión social y humana para ejercer su cargo, el escritor Carlos Muller, muy querido por la mayoría de los empleados, pero combatido hasta la muerte por la ex directora de la Victorino de la Plaza, Adriana Champané.

Siguiendo con este rosario de infortunios, la primera acción cultural que tuvo el flamante Secretario de Cultura, señor Fernández Esteban, fue invitarse a sí mismo a presentar su libro de cuentos a la Feria Internacional del libro de Buenos Aires dejando una larga fila de escritores salteños con la boca abierta diciendo ¡¿ah?!.

Y como segundo acción cultural, asesorado por un vampiresco sub secretario, dejó sin efecto una resolución de la anterior gestión por la cual se homenajeaba a tres escritores salteños colocando sus nombres a salas de esa Secretaría. Nunca estará de más agregar que nuestro secretario de cultura actual no da audiencia a nadie. Vaya uno a saber porqué.

La desolación cultural tras la partida de Caro Figueroa trajo, volvió a traer, como la marea arrastra hacia la orilla los cadáveres de algún naufragio, personajes como María Eugenia Carante, criticada por toda la comunidad de la cultura salteña por su pésima edición del libro del poeta Walter Adet “Cuatro siglos de literatura salteña” y puso a la cabeza de la acción cultural a una empleada administrativa de la gestión romero para dirigir los destinos de los artistas salteños. (¿¿??)

Están volviendo, o definitivamente volvieron… La inauguración del Abril Cultural fue una prueba de ello, fue en otras palabras un acto de campaña con la presencia de Betinita 2009.

Todo cambia para que nada cambie. Porque a esto hay que aclararlo, no se trata de diferencias ideológicas cuando se va uno y viene otro, los funcionarios son solo eso: funcionales a un sistema, son los tornillos de un enorme engranaje político que se alimenta de poder y más poder.

Por eso la cultura, caballo de batalla de muchos del partido que sea, fue y sigue siendo manoseada, ultrajada hasta el hartazgo, aprovechada para acumular no solo el dinero público sino el prestigio nunca ganado por mérito propio, usada como puente para lograr los más oscuros deseos y borrar del mapa cultural salteño a los verdaderos beneficiarios de una gestión cultural: los creadores.

Llegado a este punto en que veo desde cierta distancia como se va hundiendo sin pena y sin gloria una entidad que debería ser la columna vertebral de una sociedad, es decir, la secretaría de cultura, venida a menos dentro de la familia gubernamental, como una parienta pobre que se convirtió en el último orejón del tarro, humillada, saqueada y malherida, me resta apuntar con un dedo invisible una vez más a los impunes de siempre: esos funcionarios de abdómenes prominentes que acumulan poder con sus traseros asentados sobre sus elegantes sillones. Esos que no hacen nada y dejan pasar los días mientras en la calle pasa, transcurre la vida y el arte.

Mientras los funcionarios consideren que la cultura es ahora nada más que un show turístico, vendible y negociable, más cercano a una Susana Jiménez que a un Cuchi Leguizamón, la cultura salteña deambulará por los márgenes, quizás como siempre lo hizo, entre los alcoholes de sus tradiciones y sus noches de bohemia, allí donde todavía se escuchan los acordes de las guitarras y resuenan los bombos y algún poeta se anima a recitar a Castilla.

Seguramente alguno andará diciendo, volverá a decir, como siempre lo he escuchado, que los creadores salteños son todos unos borrachos inservibles, impresentables, que cómo van a ir a la Feria del Libro, que cómo van a ocupar cargos…que cómo van a invertir dinero público en el folclore local…

Mientras, se siguen gastando 10 millones y monedas en una orquesta sinfónica y un ballet. Definitivamente, algo huele a podrido.

  • Victoria Inés Quintana

    Mail: viquiquin@hotmail.com

Artículos de la misma sección

últimos articulos

Los más populares

Publicidad

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img